lunes, 28 de abril de 2014

TAXI. Parte II (Dando vueltas y más vueltas)


DANDO VUELTAS Y MAS VUELTAS

-"¿Al infierno...?". Marcos estaba francamente sorprendido.

-"Sí. Ya lo escuchó usted, joven; al infierno" recalcó el hombrecillo del sombrero.

-"Mire, no sé como se va al infierno ¿Qué es eso? ¿Un puticlub?".

-"No tengo ni idea. Me han citado allí a las once en punto. Dentro de una hora. Su carro de usted ¿no disfruta de GPS, mi hijito? Pues... vaya... y conecte el GPS. Tampoco creo que sea tan dificultoso ¿No, mi hijito?".

Marcos introdujo las letras de infierno -sucesivamente, la "i", la "n", la "f", otra vez la "i"...- en la memoria del buscador. Apareció, en el mapa de la pantalla, la orden de continuar recto, toda La Castellana adelante, en dirección a Atocha.

Salieron del centro de la ciudad, por la carretera de Andalucía, y continuaron así, dando vueltas y más vueltas, camino de el infierno, entre los arrabales y los suburbios de la parte sur de Madrid. En cierto momento, Marcos, se hartó. El puto GPS había vuelto a conducirlos a la zona de Delicias, despues de haberlos obligado a recorrer media M-40, y su pasajero no quiso dejar de advertirle:

-"No me resulta lógico que estemos dando vueltas y más vueltas a lo loco. Tampoco me parecería caballeroso por su parte para con este, su hermano, que ello pudiera deberse a la aviesa intención, por su parte, de procurarse un sobrecoste en su tarifa". 

Molesto con el comentario, Marcos le sugirió al extraño personaje, según pasaban junto a una boca de metro, que podía bajarse del vehículo si así lo deseaba.

Con ese acento extraño, propio de algún país sudamericano, que le confería a su voz una melosidad no demasiado acorde con su aspecto, el hombre le solicitó esta vez:

-"No hace ninguna falta que dé más vueltas. Va terminar mareándome. Pero por favor, se lo ruego, lléveme al infierno, rapidito, me juego mucho en el envite. Tenga, tome...".

El tipo procedió a abrir el maletín y extrajo del mismo tres flamantes billetes de cien euros, completamente nuevos, de los que le hizo a Marcos inmediata entrega.

-"Y ahora, dese prisa. Está a punto de cumplirse la hora de la cita y no sé lo que me va a poder suceder si no llego a tiempo. También, algo raro, podría incluso que le pasase a usted. Sí, sí... a usted mismo".

4 comentarios:

  1. Me vas a terminar odiando y no quiero. "le hizo a Marcos inmediata entrega".. Ese es el problema, Julián, cuando uno tiene un idioma como lengua materna escribe con 'clichés', frases hechas y demás a poco que se descuide y sin darse cuenta. por eso son tan maravillosos no los escritores experimentales o los 'musicales' cómo tú dices, sino la gente que escribe exprimiendo conscientemente el idioma, como tantos narradores que, por ejemplo, no tenían el inglés como idioma natal, Conrad, Nabokov...etc., y andaban con pies de plomo (¡vaya, ya he puesto un cliché!).

    No olvides que te quiero

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    1. Y sé que me lo dices en serio. Uno sólo machaca a los que ama... ¡sniff!! ;-)

      Decía Borges o decía Bioy o decían los dos, que jamás se deben dejar de utilizar frases hechas cuando se escribe con intenciones lúdicas. Las frases hechas que, a priori... podrían parecer una gilipollez, si se eligen bien y son oportunas (ea ¡marchando una de redundancia...!) son las que le confieren (¡toma confierencia!) el punch a la narrativa de género novelesco. Lo mismo, justo, opino yo también, pero como se que les vas a hace más caso a Borges o a Bioy que a mí ¿se lo merecen? ¿de verdad se lo merecen? pues voy y los cito en apoyo de tremenda evidencia. ¡Un abrazo (de boludo a boludo)!

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    2. El problema es que Borges y Bioy (¡esa maravillosa Invención de Morel!) no las utilizaban prácticamente nunca y si lo hacían era con intención irónica, paródicamente, como el propio comentario de uno u otro de ellos que citas. el problema es cuando los clichés que te menciono se te cuelan sin notarlos, solapadamente. Como esos guiris que empiezan a hablar muy bien el castellano y por ello llenan de inapropiados tacos malsonantes sus parlamentos.

      De boludo a boludo, un abrazo, chicarrón.

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