martes, 1 de abril de 2014

COGITUS INTERRUPTUS. Parte II. De los idilios infructuosos.


Post de largo recorrido en cuyo transcurso ha comenzado por tratarse de ciertos blogs literarios beligerantes frente a la narcolepsia de la mediocridad; y en el que en este turno se van exhibir, como objetos de exposición, los sensatos motivos por los que el abandono consciente de las lecturas perniciosas, superflúas y ridículas por parte de quienes han dado en padecerlas, convendrá ser tenido en cuenta por las víctimas, a poco diligentes que sean, como una jubilosa fiesta de la voluntad. 

2ª Parte. El olor de aliento a cebolla desbarata los idilios (o de la provechosa profilaxis de dejar por la mitad los libros que no nos gustan).

Justo por ese mismo aggiornamento valientemente puesto en solfa, aparecen de vez en cuando por la pareja de blogs de los que les hablaba ayer, algunos comentaristas -hombres y mujeres de buena fe, indudablemente- que les afean su conducta a los arcángeles tutelares de los respectivos chiringuitos. Primero, por no terminarse de leer un libro que se habían empezado a leer. Y, segundo, por atreverse a llevar a cabo una crítica sobre la valía del libro, y el genio de su autor, en esas ¿pírricas? circunstancias.

Voy a intentar desde mi modestísimo prisma de genial erudito... ejeeem... hacerles ver a todas estas personas, que yerran. ¡Qué digo "que yerran", no solo eso sino que además podrían asemejarse a unas hipocritonas de mucho cuidado!. Veamos ...

Usted señorita, usted caballero, tiene esta tarde/noche (como mola lo de tarde/noche ¡que parisien suena!) una cita galante con una persona de cuyos atractivos ha oido cantar absolutas maravillas, de la que todos comentan ser un ser genial, capaz de dejar impreso en tu corazón un recuerdo inolvidable. Pero luego quedas con ella en la terraza del Zurich, o en Cánovas o en la Plaza de Santa Ana, acudís juntos a cenar a un restaurant y resulta que esa persona ¡a priori tan subyugante! a ti te resulta aburrídisima, o desconsiderada, o te parece que carece del menor sentido del humor, o que tiene el sex appeal de una trucha o, incluso, que sus axilas aparentan estar aleccionadas para que la empredan -allegro ma non tropo- con "el día feliz y etéreo", de La Traviata, a mitad de la noche... ¿Vas tener que terminar encamándote, con él o con ella, sólo porque los dos hayáis compartido un plato de niguiris de anguila y por ahí se comente, por muy molones que sean los que lo comenten, que es un tío o una tía megaguay? ¡Y un güevo!. En casos como este... ¡hasta de la fase intermedia, la de "las copas", mucho menos comprometida, vas intentar librarte la mayoría de las veces, no vaya a ser los gin tonics hagan valer su magia, y acabes por hacer justo lo que no quieres hacer!.
 


¿Me he expresado bien? Más o menos ¿no? Pues con los libros sucede exactamente lo mismo.

12 comentarios:

  1. Dejar un libro sin acabar porque te harta, porque es malo objetivamente, porque tú no estás preparado para leerlo o porque no estás de humor no tiene nada de malo, esas son las típicas prevenciones de letraheridos adolescentes. Pero si decides dejarlo y poner por escrito por qué lo haces asumiendo un papel de crítico, debes -por honestidad intelectual- dar tus razones para el abandono. Y eso precisamente diferencia el gusto, más o menos personal y sujeto a todos los avatares e incidencia anteriores, del criterio

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    1. Cuanto más criterio uno ha llegado a adquirir, más legitimado se encuentra -a mi juicio- para permitirle a su conducta dejarse llevar por las apetencias del gusto.

      No es lo mismo que seas tú el que lea "Rompetechos" a que lo haga mi sobrino Luisito. Incluso para el propio "Rompetechos", va ser diferente.

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    2. ¡Quién te ha contado lo que estoy leyendo, cabronazo!

      Ambas cosas (gusto y criterio) no sólo no se excluyen sino que se retroalimentan y se refuerzan, pero si funcionas sólo a base de 'tu' gusto y sobre todo tu disgusto...sin más hostias, pues vale, pero no lo llames crítica (Belén, Belén) que no vieneeee!

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    3. El problema, como bien indica Lansky, es ese "no estar preparado" y además saberlo y combatir esa frustración mediante lugares comunes al estilo de: el Ulises es un coñazo, Tarkovski es un coñazo, lo de Pollock o Rothko lo hace mi sobrino de tres años y demás gilipolleces de gente frustrada que no tiene suficientes cojones para permanecer, simplemente, en silencio y disfrutar de lo que le gusta. Denota un complejo de inferioridad enorme por mucho que el brabucón de turno nos venga con sus verdades de barquero. ¿A caso alguien puede llegar a pensar en serio que sirve de algo el que un pobre blogero diga que Proust es malo? En eso Tongoy es más listo, y lee escritores que no conoce ni dios y de trecera regional, a modo de sparrings, para lucirse cebándose en la crítica.

      R. L.

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    4. Mira "R.L" entre una avalancha de tipos que proclaman que Rothko es maravilloso, tampoco está tan mal que aparezca alguien que diga que es una mierda. Los primeros, reman a favor de corriente y siempre que te va a caber la sospecha de que la suya sea una opinión interesada (ya sabes "el que se mueve no sale en la foto") aunque, únicamente, sea por exhibir su pertenencia a "la crema de la intelectualidad", como decía el chotis. Por contra, los segundos, como no tienen nada... pero absolutamente nada... que ganar, poniendo en entredicho los dogams del establishment, se me antojan unos tipos (y perdón por la cursilada, esta, de "antojan") bastante más creíbles.

      En cuanto a si sirve para algo que un bloguero ponga en tela de juicio los valores incontestables de la intelligentzia, te comento: si a quien cuestiona, esa persona, a Rothko, sirve para que yo me divierta. Si a quien cuestiona es a Proust (si bien, tengo que confesártelo, estos dos cuestionamientos me parecen difícilmente compatibles) sirve para que yo me cabreé. En ambos casos: sí. Sí sirve para algo. Un revulsivo.

      Un abrazo! ;-)

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    5. Si no te conociera (relativamente, Julián, como se conoce a la gente en este mundo virtual), diría que eres un frivolón y que sólo valoras el golpe de efecto, ir en contra de los establecido per se. Todo requiere matices, El Greco cuyo centenario se celebra ahora y para cuya magna exposición tengo ya entradas con premeditación y alevosía, fue durante dos siglos tras su muerte prácticamente olvidado, cuando no salía algún crítico diciendo que sufría astigmatismo y por eso pintaba los mendas alargados hasta que fue recuperado por el Romanticismo tardío; pero sin embargo, tal 'recuperación' no es ta novedosa si sabemos que fue el pintor más cotizado –es decir, más valorado- de su época, hasta el punto de que Felipe II lo consideraba excesivamente caro. Y se podrían multiplicar los ejemplos. Si alguien me dice que Rothko es una mierda (o que es un pintor espléndido, para el caso me da igual) espero que me lo argumente, si me lo suelta sin más, pues lo respeto, a él y sus gustos, claro, no a sus opiniones (como las tuyas sobre la fotografía como no-arte, remember?). A ver si porque me gustan las tías guapas como a todos los varones heterosexuales en el fondo lo que hago es subirme al carro de las opiniones de la borreguil corriente mayoritaria. Eso no es elitismo, sino esnobismo: o sea, una forma de bobería. Tus revulsivos, esos sí que están sobrevalorados.

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  2. Yo intenté cuatro veces leer “El invierno en Lisboa”, y nada: me pareció pretencioso, previsible, engolado, falso, aburrido, se le veía la intención al autor en cada línea, la ambición de ser un Graham Greene a la española se venía abajo desde el primer capítulo, y además los personajes principales tenían los nombres más ridículos aparecidos nunca en novela alguna (Santiago Biralbo, el uno, Floro Bloom, el otro; éste supongo que por influencia de Joyce, y tal). Es decir, a Muñoz Molina le olía el aliento a ajo.

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    1. Buena crítica, Antonio. Y ahora añado: Muñoz Molina ha mejorado bastante, supongo que su 'criterio' como crítico/lector también lo habrá hecho parejamente por lo que sospecho que, si pudiera, retiraría del mercado esa previsiblemente pretenciosilla primera novela.

      En relación a lo que dice Anónimo R.L., sobre lo de buscarse sparrings de tercera para lucirse, y en sentido justamente opuesto, existe la anécdota, no sé si apócrifa, de aquel ilustre 'académico' italiano que en su lecho de muerte por fin bramó: "¡Detesto al (sic) Dante!"

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    2. Antonio,

      No he leído nada del Muñoz Molina escritor. Empecé a leer Plenilunio y tuve que dejarlo. Una catarata de tópicos. Pero el Muñoz Molina, personaje público, el ciudadano Muñoz Molina, me resulta una persona valiosa. Me iría perfectamente de cañas on Muñoz Molina. Incluso... siendo yo el que paga.

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  3. Julián, muchas gracias por tener tanta estima a mi blog. Y gracias por el post anterior. Por cierto... a ver qué pasa con el pdf que te pasé por email... no confías en mí :)

    Ya que estamos entro al trapo ¿no? Venga, que el sol está en Aries... En una frase lo resumo: un blog de un chaval que lee lo que le sale de los cojones, deja el libro que le sale de los cojones y dice lo que le sale de los cojones, equiparando a Proust con el mendigo que duerme en el cajero, sin buscar ningún tipo de reconocimiento, ni actuar con unas pretensiones de profesionalidad o academicismo. Si no te gusta no entres, es fácil.

    Ah... un saludo para los hombros de Lansky que deben estar desgastados de tanto sufrir el roce de sus miradas.

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    1. condon, nen...

      Después del Ulises (el de Joyce) el libro tuyo es el más difícil que me he puesto a leer en mi vida. Digamos... que necesito asimilar el texto. Pienso, dado el tipo de obra con la que has querido (o podido) estrenarte, denodadamente ambiciosa, que podría merecer la pena que me lo terminase.

      Un abrazo. Y na, que a mí tu blos sí que me gusta mucho ¡cuñaaaao!.

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    2. Guarda la formas chaval (al condón me refiero)

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