martes, 4 de marzo de 2014

MENTIRAS DE BARATILLO (una explicación a un experimento)


Lo primero de todo, pedir perdón y dar las gracias, sucesiva y acumulativamente, a Giogio Saviane, por haber recurrido a hacer uso de uno de sus textos -en concreto de los primeros párrafos con los que se inicia su novela “El Paso Largo”- sin haberle pedido previamente permiso. En efecto, para escribir, ayer, el breve post titulado “Un Experimento” me apoderé -intelectualmente hablando... quiero decir- del comienzo de dicho relato, al que, luego de retocarlo como me pareció más conveniente (y, en este aspecto, sí que la solicitud de perdón que demando de don Giorgio se me antoja estrictamente obligada), le añadí unas últimas líneas, de mi propia cosecha, en las que se aludía a la verificación de un experimento por un chaval de doce primaveras. Este... precisamente... es el experimento. Y lo vengo a llevar a cabo una montonada de años más tarde, y ante todos ustedes, mis estimados lectores.

(el texto de Saviane)
"Hacía quince años que no veía Follonica; en otro tiempo veníamos al mar aquí, desde el Véneto. El Mistral rompía a lo lejos las mismas olas minúsculas, pero Carola ya no podía asomar improvisamente del agua: contaban las cosas cambiadas, el rascacielos en construcción que se levantaba donde antes había una explanada que continuaba la arena. Mirar el mar era un poco tenerla allí, pero yo la quería en persona, su voz. Entonces no sabíamos que vivíamos, creíamos que empezábamos a vivir, esperábamos vivir según las sanas enseñanzas familiares. Mi madre, enferma de ternura, no tenía autoridad sobre mí; a los otros los veo con rostros indifrentes mirarme sin comprometerse. Y sin embargo, han sido ellos quienes determinaron mi alejamiento de Carola".

(mi texto)
"Hacía quince años que no aparecía por Peñíscola. En aquel tiempo acudíamos al mar aquí, procedentes de una pequeña ciudad de Castilla. Un viento del sur continuaba rompiendo, a lo lejos, las mismas olas minúsculas, pero esta vez Cristina no podía hacer asomar ya, inesperadamente, su cabeza fuera del agua. 

Se imponían ahora, en mi mente, todas las cosas que habían cambiado desde entonces, cuanto más grande el cambio, más fuerte el impacto, y así acaparaba en este tiempo mi atención un bloque de pisos, en obras, que se alzaba hacia lo alto enmedio de una explanada en la que antes había tan solo un estacionamiento con el suelo compuesto de arena y guijarros. Mirar el mar era un poco como volver a tenerla a ella allí. Pero a mí me apetecía disfrutarla en persona, oír de nuevo su voz. Entonces no nos dábamos cuenta de que vivíamos, creíamos tan solo que empezábamos a vivir y que la vida, la que iba a venir a continuación, consintiría tan solo en un guión milimétricamente ajustado a las enseñanazas que, año tras año, nos habían ido proporcionando los adultos. Eramos así de ilusos.


Mi madre, jubilosamente vencida por la ternura, apenas tenía autoridad alguna sobre mí, de los otros... recuerdo, más o menos, unos rostros indiferentes que me observaban sin llegar a comprometerse. Y no, no era un chico difícil, en serio, aunque mi fama, entre los demás veraneantes del camping, no fuese precisamente irreprochable.


Una tarde cualquiera, andaría yo por los doce años, me propuse hacer un experimento...".

¿Por qué lo he hecho justo ahora?

Si las razones se buscan a conciencia, no faltan jamás. En este caso, son múltiples y variopintas. Y todas tienen ¡cómo no! a la vanidad como eje. Una vanidad terrible. Una vanidad de artista. Encima... ¡amateur!. Es broma. ¿Es broma?.

La primera de todas, la de disponer de pistas fiables para saber si escribo mucho peor o peor, o más o menos igual, que Saviane, y quien dice Saviane dice cualquier escritor reputado de mi gusto, o si, más verazmente, no se va a notar apenas una descompensación de calidad entre mis propios textos, los del diletante, y los redactados por un reconocido profesional de las letras. Ilustrándome, a tal efecto, el juicio de los lectores caso de que estos se hubiesen decidido a comentar con un entusiasmo mayor al habitual, en el blog, para dejar constancia de que "Un Experimento" atesoraba una calidad superior a la del resto de las entradas precedentes.

La segunda razón estriba en poder disponer de una coartada no demasido mezquina que me permitiese corregir y manipular un texto que ha sido objeto de publicación por una prestigiosa casa editorial. Lo que supone tanto como decirme a mi mismo, y de esa forma conseguir alentarme un poquete, que sí, que si... me pongo a ello... soy capaz de alterar sin empeorarlo en demasía -elegí el original de Saviane porque me gustaba mucho- un texto ya, de por sí, bastante bueno. Propósito, este, al que imagino ser el menos obviable de cara a la obtención de mi perdón. Como ustedes pueden suponerse también Saviane habrá de disponer de un ego bastante consistente. No es para menos, dado que su obra se halla publicada ¡hasta en el extranjero!.

El tercer motivo para el fraude... que pasé a considerar ya mientras redactaba el artículo... deriva de que gracias a esta cuestionable estratagema me iba a poder nutrir, cuando la inspiración flaquease, de abundantes argumentos para mi obra. Al punto de hallarme, en estos momentos, tentado de continuar, a través de un nuevo post, la historia del chaval del camping -al que Saviane no cita en ningún caso- que parece hallarse a punto de liarla parda por culpa de determinado invento que ha ideado. Figúrense con las de miles y miles de novelas que hay escritas, y cientos y cientos de las que me gustan, el filón que sus historias extractadas, y convenientemente manipuladas, podrían llegar a suponer para mi filibusterismo.

Y la última razón, y la más evidente de todas, la de denunciar el tema... ahora tan en voga... del plagio literario, de un plagio sobre el que, gracias a internet, uno cuenta con todas las probabilidades de poder incurrir con la impunidad más completa. Con la progresión imparable de la red, y la que constituye su sistemática, todas las literaturas posibles ¡hasta las de los blogs! pueden terminar siendo nuestras. Así es, hoy en día cualquier mindundi tiene al alcance de la mano, familiarizarse con la obra de... no sé... una guatemalteca, un salvadoreño, una mejicana, que debe haber como tropecientas mil, o un argentino, que... aunque hay menos... casi todos escriben, y, a poco que su ética flaquee un poco, modificarla con unos adjetivos acá, añadirle un par de adverbios... allá, variar los nombres de sus protagonistas, y firmarla, al cabo, como propia. ¡A ver quien resulta ser el listo, salvo que el libro llegué a tener la fama... y la difusión... de "El Código Da Vinci" o "Los Pilares de la Tierra", capaz de descubrir el fraude!.

Por cierto... que, a lo mejor, es esto lo que van buscando nuestros jóvenes talentos: la exclusividad más absoluta, conseguir eliminar cualquier atisbo de sospecha sobre los orígenes de su inspiración, abstraerse de emplear cualquier influencia que pudiere implicar sumisión a un imaginario ajeno... Y, ante tanta ambición, tanto lío, les sale, lo que les sale, a las criaturas. Para que te des cuenta.


7 comentarios:

  1. Obviamente, y para mí lo más relevante, es un plagio. Un plagio mejora o empeora pero plagia (obviedad)... aunque...

    visto y confesado se convierte en homenaje

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    1. Coño, menos mal que, al final, lo arreglas.

      Por supuesto que es un homenaje. Claro que es un homenaje. Y un acicate para que mi amigo, Lansky, se ponga a tratar de buscar como un loco "Pasos Largos".

      Eemmm... por cierto... ¿no te has parado a pensar que a lo mejor, esta novela, es también una mera invención mía? ;-)

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  2. Me parece un experimento interesante que, como dice Lansky, en el fondo tiene mucho de homenaje y a mí me ha descubierto a un autor que desconocía. De hecho, llegué a preguntarme si Saviane era real, y al comprobar que sí lo era (y que no es el que aparece en la foto) me pregunté también si realmente había escrito la novela que has plagiado/homenajeado. También se puede hablar de buenas influencias: en el texto de Saviane hay un soplo de sensualidad y de melancolía presente también en muchas cosas que has escrito tú, aunque en realidad quizá no provenga directamente de la lectura de Saviane sino de influencias variadas, o sea algo exclusivamente tuyo.
    (En cuanto al plagio, al verdadero plagio, considero que es el único delito que, una vez probado –lo que no es tan difícil– se debería castigar con la muerte; y no pienso en mariconadas como la guillotina o el paredón, sino en clásicos en desuso como la hoguera, el buey mugiente o aquella entrañable tradición inglesa llamada “hanged, drawn and quartered”. En la Edad Media se hacían cosas así por mucho menos, y no pasaba nada.)

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    1. Pero cuidado, Antonio que "todo lo que no es tradición es plagio" (y viceversa)

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  3. Antonio,

    La sensualidad de mi obra -pienso- es enteramente masculina, lo cual visto que a los tíos lo que de verdad nos "pone" es una "polno" -mejor amateur, of course...- no deja de tener su mérito.

    Lansky,

    En tu caso intentas conjugar la originalidad (vease "Periquitos Muertos") con lo ya transitado. O, por lo menos, intentar no dar nunca demasiado el cante. Y se agradece.

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  4. Es un buen expermiento, dan ganas de hacer lo mismo con la Metamorfosis, aunque creo que ya se ha hecho...

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    1. Mira, haces eso, lo haces de coña, de manera que no se note, que no se cosque ni dios, ni Francesc Miralles, y no te publican la novela ni del güevo. Dedicate mejor, chico, a escribir "Lo mejor que le puede pasar a una ensaimada".

      Venga... que esto empieza a ser atorrrrante ;-)

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