sábado, 1 de marzo de 2014

LA CHICA DE AYER


Esta vez iba a ser justo al revés. Donde hace una semana llevaba puestos unos vaqueros, llevaría puestos ahora unos pantalones de pana; donde llevaba puesta una camisa de pana, vestiría esta vez una de tela vaquera y... todo así. El pelo que lucí entonces, con flequillo, lo llevaba ahora peinado para atrás y mojado con agua. Iría esta vez con gafas porque el otro día no las llevaba puestas. Así todo, ya digo. Cambiar, sin por ello, dejar de ser el mismo.

Lo cierto, es que la otra noche todo, todo, todo, me salió del revés. La chica que me gustaba no me hizo ni caso, discutí con mis mejores amigos, y regresé a casa solo, pateando latas vacías por las calles, con muy mal cuerpo. No me esperaba nadie en casa ¡ay, ay, ay...! pero me daba mal rollo poner la radio a esas horas, porque probablemente saldría alguien hablando del tiempo o del estado de la nieve y las carreteras... o, incluso, de caza y pesca... y nada de eso es lo suficientemente bueno para poder librarte de las amenazas de una devastadora resaca de cerveza y ron blanco. Me tire a la cama a medio vestir y me quedé profundamente dormido por espacio de casi doce horas.

Había transcurrido una semana. Nada de alcohol esta vez. Nada de bromas absurdas y chistes sucios. Se lo había advertido a los otros: "no quiero pasarme dos días enteros hecho polvo como la semana pasada. En serio. Tomamos una caña, damos una vuelta y vemos lo que se cuece. Controlando todo el tiempo, sin pasarnos...".

Ella estaba sentada en el fondo del bar, con sus amigas, como la semana pasada cuando me agarré la cogorza. No sé si me vio. Le daba la espalda pero sabía, era consciente, que ella estaba allí. Necesitaba imperiosamente tomarme un whisky. Instintivamente, pasé la palma de mi mano por el cabello y noté como el peinado empezaba a desmoronarse. Me puse a hablar con los otros: de fútbol, de la música que estaba sonando, no sé... de cualquier cosa. Me parecía que hablaban muy alto. También la música me pareció que sonaba muy alta. El humo espesaba el aire, flotando en suspenso, antes de caer y derramarse por los suelos. Cuando ellos iban ya por la segunda ronda le pedí al camarero mi primera cerveza de la noche. Me la bebí casi de un trago y dudé: no sabía si dirigirme hacia donde estaba Lorena o pedir enseguida otra botella de cinco estrellas con la que continuar poniéndome a tono.

Observé mi rostro... de perfil, en el espejo de detrás de la barra y apenas fui capaz de reconocerme. Las gafas me daban un notorio aire de gilipollas. Pedí al final, la cerveza, y, también esta otra, me la bebí casi de un trago.

-"Gracias por no haberme dicho nada de las gafas. La verdad, con ellas puestas parezco medio tontaina" les agradecí a mis amigos.

-"¡Joder, después del rollo que nos has soltado, cualquiera se atreve a comentártelo; lo mismo nos arruinas la noche..." se justificó Carlos.

-"Les he advertido a estos: de momento, vamos a seguirle la corriente a Manolín, que hoy ha aparecido en plan poeta. Para eso están los amigos, Manuel, para comerse los marrones" continuó Paco "el lija" con las matizaciones, como si en lugar de ser un perfecto botarate, fuese un concienzudo lector de manuales de autoayuda.

Me vienen a la memoria, luego, unas chicas maquilladas y vestidas de negro a las que les pregunté donde llevaban metidos los murciélagos disecados. A continuación, recuerdo estar de palique en un bar cercano a Santa Ana con un borracho cincuentón, de corbata con pasador y chaqueta de punto, al que la piel de los dedos le había terminado formando callo a base de tantos y tantos cigarrillos como se le habían consumido, entre las falanges, sin que a él le diera tiempo a darse cuenta. Al paisano le faltaban, además, casi todos los dientes. También creo recordar haber entrado en un patio oscuro, lleno de rockers, donde no había apenas mujeres; y haber estado vacilando a voces con los del camión de la basura al lado de un montón de cubos vacíos. Un puro despropósito, todo".

De repente, se cuela en mi cabeza, la voz de un tipo diciendo que este año, en Castilla, no va a haber apenas conejos porque la mixomatosis ha sacudido muy fuerte. Me doy la vuelta, le pego un trago a la botella de agua que he dejado colocada en el suelo... junto a la mesilla de noche, y apago la radio. Asimilo que... donde escasea, al agua se la llame oro líquido. Me desperezo, bostezando aparatosamente, y me incorporo poco a poco del lecho.

Ahora mismo, tengo el asa de la nevera en la mano. Siento salir el frío. Procuro desentenderme de mis pensamientos. Desisto. No puedo seguir ignorándolo ya más. Mientras extraigo una rebanada del paquete de pan de molde, asumo sin ambages: "he vuelto a pifiarla otra vez". Y mi cerebro se inunda con la cara de estupor de Lorena, cuando, superando la timidez y conmovido por la emoción y la cerveza, le dije, embarullándome al hablar con las palabras, que me sentía incapaz de poder vivir sin ella a mi lado.


6 comentarios:

  1. La foto...(ese arte que tú no valoras): esa mampara de ducha debería ser unos centímetros más baja...

    A Lorena la asustaste (es asombroso cómo sí se puede vivir sin ella, o, lo que es peor: ella sín tí)

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  2. Lorena es la de la foto. Y... yo, ese ser igualmente desnudo, esencialmente intelectual, carente de todo artificio, que se recrea mirándola. ¡Ja, ja...!

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  3. Buenísimo, y aunque la geografía y las vivencias no sean exactamente las mismas, inevitablemente cercano.
    Curiosamente, en mi pueblo de Galicia hay tantas Lorenas como Marions en París.
    Y me gusta el título, claro: soy de los que creen en Antonio Vega.

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  4. Antonio,

    Hablando de Antonio Vega, de música ¿te ha picado la curiosidad de oir la canción que he puesto, la de Miss Cafeina? ¿no? Pues cojonuda. Hoy en día, en el terreno de la música pop, en España se siguen haciendo cosas buenísimas ¡Ya quisieran nuestros jóvenes literatos escribir cosas así de buenas! No les llegan ni a los talones a los músicos ¡Un abrazo!.

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  5. Los músicos siempre son mejores que los literatos, y que los pintores y otros plásticos, los más generosos, los más libertarios, los menos envidiosos entre los artistas, y los que practican el arte más misterioso e inasible. También son los que se mueren más jóvenes. los castigan los dioses.

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    1. ¡GRAN OVACION!

      A mí, de los pintores, me gusta mucho que se hagan los catetos -y lo suelen hacer muy bien, de manera humilde y espontánea- en relación con otras disciplinas artísticas. El nuestro, es mucho más un país de pintores que un país de literatos, de ideólogos. Nos jode en el alma pensar, a los españoles.

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