miércoles, 12 de marzo de 2014

DEGOLLANDO CISNES CON UN CUCHILLO DE UNTAR MANTEQUILLA



Ando liado con otras cosas, y voy a permitirme el desliz -hay veces en las que las segundas oportunidades son mejores que las primeras- de publicar... en tres sesiones, tres historias -conocidas ya por algunos de ustedes- acerca de Roberto Roelas, un manguis de parque, de finales de los noventa, al que le volvían locos la priba, las pibas y los coches. Lo normal, vamos ¡no le iba a gustar, a la criatura, la Virgina Woolf!. El proyecto de una serie apuntes literararios sobre el menda este, del que les hablo, ha quedado en la estacada (de momento) y he decidido que a lo mejor merecía la pena sacar estos tres prototipos, a la luz, a través de "ARQUETIPO'S". 

La primera, en la frente.

Degollando cisnes con un cuchillo de untar mantequilla.

"Conduzco deprisa. Es de noche. Verano. La ventanilla abierta. Me joden los ladridos de los perros. No me dan miedo. Si uno de esos cabrones apareciera de repente enmedio de la carretera lo atropellaría. Puta vida. Putos perros. En el parque, los mismos niñatos borrachos de todos los viernes con la música puesta a toda hostía ¿es qué esos cabrones no sabrán que ya s'han inventao' los mp3's o qué hostias les pasa?. El aire anda medio ejcacharrado y en la radio andan los gilipollas esos de siempre a vueltas -como to' las noches- con el puto Real Madrid de loj cojones. Desde que no está el butano ya no eh lo mimmo. ¡Pablo, pablito, pablete...! je, je, je.... Y eso que yo era un mocoso, me parece, pero me acuerdo de puta madre de la martingala esa de pablo, pablito, pablete... ¡cómo molaba, tronco! o, a lo mejor, de habérselo ejcuchado decir a mi viejo. No sé.

La casa de campo está toda ojcura y sin travelos: estarán todos por ahí mamándola a destajo ¡qué para eso es viernes!. Me deprime no verlos, coño. Le pego al botón para cambiar de emisora. La música clásica me mola, me pone tranqui. Menos cuando aparece a mitad de la canción un tío o una tía dando la brasa a base de gorgoritos. ¡Gorgoritos por aquí, gorgoritos por acá, cha cha cha cha...! como la Maria Jesús esa de la puta acordeón. La ponen en el pueblo todos los santos veranos de dios. La hostia. La hostia hacerse viejo y empezar a ponerse en cuclilas como un gilipollas delante de un par de viejas puestas en cuclillas con to'el culo lleno de verrugas. ¿Si eso no es la hostia, qué es la hostia, a ver... piénsenlo?. ¡Qué chunga es la vida, copón!. Otra cosa que no me mola de la música clásica es que poco a poco se ponen a tocar todos muy despacito -o muy bajito, para el caso, no creo que lo sepan ni ellos- y de repente, zas, a meter todos caña con las trompetas o los violones, o como cojones se llamen esos trompetones gigantes que tienen los gordos de las orquestas, a toda hostia. Pero a toda hostia, ¿eh?, qué tienes que bajar el volumen al mínimo si no quieres quedarte sordo. Y el que tampoco me hace puta gracia es el maromo del pito y el gorrito de soldao marica de añonuevo, me levanto con resacaza... todavía medio atragantao con la farla... a la cocina a beber agua helada y ahí está mi vieja, en el saloncito, mirando embobada al maromo del gorro, con cara de gilipollas, la pobrecilla. ¡Qué guapo es! dice en voz alta porque ma' oído pasar por el pasillo y sabe que estoy en la cocina trajinando. Y la hostia tammién, mu guapo, mu guapo... ¡¡qué se te va a quemar el pollo, maama!! voy y la'viso, porque soy un buen hijo. Y práctico.

He quedao con el Guille y el Chorros en un sitio donde aparcan los coches los fines de semana al lao' del estanque de los patos, porque esta noche vamos a montarla parda. Ma'han dicho que a lo mejor vienen la Yeni y la Sonia. Mejor. A la Yeni me la'ha tirao' ya pero no me importaría repetir. Le pica mucho a la Yeni. Sé que me tiene ganas, la cabrona, y a mi si se me busca me se encuentra. De ley. Yo me'quedao' encargao' de la priba y esos dos comemierdas ma'han dicho que van a llevar to'l pastilleo. Lo vamos a pasar buten. De fijo.

La última vez estuvo bien, lo pasamos de buten. Bueno, no estuvo tan bien. Nos pusimos hasta el culo de Brugal, como los pijos, y yo me comi un pikachu creyendo que era una verde. El ácido me subió por el culo a la coronilla a velocidad de rayo y a la pipa, los cabrones, no me dejaron ni acercarme. Empecé a soltarles que era poeta o que era Zapatero, o no sé que hostias, y los tíos estuvieron partiendose el culo conmigo toda la noche. Pero hoy va a ser distinto, un par de cubatas o tres, unos magreos a tope con la Yeni dentro del León, haciendo tiempo a que se vayan a su puta casa los coches de to'a la peña de novios que se junta a follar al lao' del estanque, y venga... pim, pam, pum esta noche no pienso dejar vivo a un puto cisne. ¿Vaaale?".

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