domingo, 9 de febrero de 2014

UNA NUEVA OCASION


A partir de alcanzar cierta edad empecé a tener claro que, de divorciarme, sólo volvería a intentarlo de nuevo con una mujer a quien ya hubiese tratado de joven. Alguna amiga de la que no supiera nada desde hace la tira de tiempo. Alguien que me hubiese hecho gracia cuando me la presentaron, hace ya mucho. Incluso ¿por qué no? una antigua novia.

La contingencia tuvo lugar, por fin, luego de llevar algunos años presintiéndola. Hará pronto cinco, mi mujer se hartó de mí -quiero suponer- y los dos firmamos los papeles de un divorcio por mutuo acuerdo que nos preparó una abogada a la que ella conocía por circunstancias de trabajo.

Esto sucedió, como les digo, hace unos cinco años. El tiempo fue transcurriendo y yo empecé a plantearme que quizás me conviniese volver a intentarlo de nuevo con otra mujer diferente. “No todas las mujeres del mundo van a ser como Mónica” me decía a mi mismo intentando insuflarme ánimos.

Pero no me fiaba. No me fiaba un pelo. Y, por eso, pensaba que quizás lo más adecuado a mis propósitos fuese, como les he adelantado ya, conseguir localizar en internet, a través de las redes sociales, a alguna vieja conocida que no tuviese pareja y ponerme en contacto con ella.

Dicho y hecho.

Di con Sandra a través de linkedin. Trabajaba de analista de riesgos en una compañía de seguros. En nuestra primera cita anduvimos ambos un poco azorados. Los dos, como pueden suponerse, estábamos bastante más viejos. Ella más delgada que antes; yo, más gordo. No dejó de sorprenderme el hecho de que con menos de cincuenta años se hubiese quedado ya viuda.

“¿No te acuerdas de Paco Almoguera, el chico aquel tan alto, medio calvo, que se sentaba siempre, en clase, en los bancos de delante?”. La pregunta venía referida a su difunto esposo.

No me acordaba. “No. No me suena de nada”.

“Te tienes que acordar”

“No, lo siento. No me acuerdo”.

Sandra anduvo explicándome, luego, que tenía un par de hijos, un chico y una chica, pero que los dos se habían emancipado y hacían su vida. Por mi parte le dije que, cuando nos separamos, Mónica decidió quedarse con Flopy. Y con su pecera.

“Tan payaso como siempre, Ramón. No has cambiado apenas” manifestó ella, sonriendo, pero sin poder disimular cierto tono de decepción en la voz.

Empezamos a quedar para salir por ahí, de vez en cuando, a dar una vuelta, a hacer excursiones, y al cabo de los cuatro meses, tal vez por insistencia mía, seguro que por insistencia mía, las cosas como son, ambos estábamos viviendo ya juntos.

Escribo esto desde la casa de Sandra, desde mi dormitorio. El martes se cumplieron dos años desde la fecha de nuestro reencuentro. Lo celebramos saliendo a cenar fuera y brindando por el futuro con una botella de cava. Esa noche, pueden imaginárselo, sí que dormimos juntos.

¿El balance de estos dos años? ¿Qué quieren que les diga...? A mí me parece positivo, pero ella se queja bastante... con bastante frecuencia... de que no la hago caso, justo como me pasaba con Mónica. No me extrañaría lo más mínimo que cualquier día de estos le dé por decirme que recoja mis cosas y ponga tierra por medio. Por lo menos, esta vez no habrá documento alguno que firmar. Tengo que confesárselo, a la abogada amiga de Mónica, una tal Elena Portillo, para que lo sepan, no podía mirarla sin que se me revolvieran las tripas.

Sí, no quiero ser un iluso, uno de los principios fundamentales de la física, quizás entre los más evidentes, sanciona que todo lo que ya ha sucedido una vez, bajo determinadas condiciones concretas, es susceptible que vuelva a reproducirse de nuevo, en el futuro, de sobrevenir, de nuevo, esas mismas condiciones. Y la verdad, para que vamos a engañarnos, entre Mónica y Sandra -su carácter, su manera de afrontar la vida, su sensibilidad...- no medía, precisamente, un gigantesco abismo.

4 comentarios:

  1. Me recuerda a un conocido que se separó de su mujer, lo dejó todo, viajó durante una temporada, y en uno de los viajes se lió con otra mujer... que parecía hermana gemela de la primera. Al final volvió a casa; su historia, o una similar, la cuenta Bruce Springsteen en "Hungry Heart".
    Hablando de músicos, creía que hoy ya nadie se acordaba de Any Trouble. Me gustan mucho, especialmente el temazo "Girls Are Always Right" y éste que has puesto.

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  2. Divorciarse, ¡qué vulgaridad! y además para tropezar no ya en la misma piedra, pero sí en una muy similar (real como la vida misma)

    Lo elegante es enviudar.

    Fdº: Landrú (Henri Désiré)

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  3. Antonio.

    Igual que para decir sí, hay muchos tipos de mujeres. Existe también uno, por ejemplo, en mi caso: las lobas pintarrajeadas, que no va a cuadrarte de ninguna de las maneras. En otro orden de cosas, mi favorita de los "Any Trouble" es "Open Fire". También Wrong end of the race. En fin... ¡son tantas! icluyendo a las de Clive Gregson en solitario.

    Lansky,

    Fascinante el nombre real de Landru, que desconocía. "Así cualquiera" podría uno decir. Que se nombre es muy propio de enaltecer la moral y esas cosas.

    De toas maneras este tipo de conversaciones un poco misógenas, sin chicas delante dispuestas a entrar al trapo, quedan un poco sosainas ;-)

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  4. Qué conste que Henri Désiré Landru (antes le puse un acento a su apellido que no tiene) no era nada misógino. La prueba es que se dedicó a hacer compañía a un montón de viudas, todas acaudaladas, eso sí.

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