miércoles, 5 de febrero de 2014

SALVADOR DALI VISITA A JOSEP PLA UNA CALUROSA MAÑANA DE JUNIO EN PALAFRUGELL


Salvador Dali se ha levantado esta mañana con un humor algo peor de lo acostumbrado. Suele despertarse pletórico, satisfecho de estar haciendo lo que le corresponde, pero esta vez no sucede así. Hablemos con propiedad, más que enfadado, se halla pesaroso e inquieto, ya que ese mismo día se dispone a hacer algo que se sale de lo común. Pese a que Gala aprobó la posibilidad de cancelar el encuentro; cuando Antoni, su secretario, intentó, a lo largo de toda la tarde, ponerse en contacto telefónico con el escritor, no le fue posible conseguirlo por culpa de una saturación en las líneas.

Ahora ya es demasiado tarde. Salvador no ha dejado de asistir jamás a una cita con un amigo. Y tampoco esta vez va a hacerlo. Pretende el pintor, ante la escasa repercusión que "Rostros Ocultos" ha tenido en los Estados Unidos de América, que Pla le prologue la novela antes de su salida al mercado español. Antoni le ha dicho que la firma con Caralt se halla casi cerrada.

Duda, Salvador, si engomar las guías de sus bigotes para que estas queden enhiestas y pletóricas, como cuando se exhibe en público, o bien dejarlas lacias y tristes y, así, despertar la conmiseración del maestro. Dalí acostumbra a caer en este tipo de especulaciones.

En Palafrugell, esa mañana, hace un sol de justicia. Antoni lo ha llevado hasta allí en el Pontiac, poco más de media hora de camino, y ahora lo espera en la plaza rodeado de un enjambre de chiquillos entretenidos en curiosear alrededor del automóvil.

Antes de entrar en la casa, Salvador se pellizca... retorciéndolas, con un tic nervioso, las guías de su bigote. Llama a la puerta con la aldaba y, lo mismo, golpeando en ella con el puño de su bastón. Este representa la cabeza de un galgo. Sale a abrirle la puerta una mujer canosa, bajita y desgreñada. "El senyor Josep ho está esperant al pati" le dice, mientras con un gesto de la mano le indica que la siga.

Vemos a Pla sentado en un sillón de mimbre a la sombra de una higuera. No lleva puesta la boina. Se levanta cuando aparece Dalí y se dirige a él para abrazarlo.

"Está molt bon aquest vi negre". Afirma el anfitrión, señalando una botella de tinto que reposa en una mesita junto a la butaca. Al lado de la botella hay dos vasos: uno vacío y otro a medio llenar. Permítasenos, en atención a nuestro público lector, traducir al castellano la conversación que va a tener lugar, entre los dos hombres, a partir de este instante.

"Ya sabes, José, que no acostumbro a beber. No se que disparates sería capaz de cometer si lo hiciera. Ponme sólo un dedo, para probarlo...".

"¡Vas a ver que vino!".

Dalí se moja un poco los labios. Da un trago. Lo paladea.

"Está bueno... ¡ya lo creo!".

"Lo hacen los de Romaguera. Su padre plantó Merlot de Francia... me parece que trajo las cepas de Libourne, o de por ahí, antes de la guerra, y le da un gustillo al vino, como a ciruela, que lo hace pasar de maravilla".

Dalí apura su vaso, y, luego de algunos carraspeos bastante aparatosos, se dispone a exponerle, a Pla, el motivo de su visita.

"Te sirvo otro poco, hombre ¡qué hace muchísimo que no nos veíamos! ¿Qué tal van esos cuadros? Ahora vives en Estados Unidos... he oído decir... ".

Pla se apresta a volver a llenar -esta vez casi hasta arriba- el vaso de su amigo.

"Fumar, no fumas ¿no?" está diciéndole mientras extrae de un bolsillo del chaleco una cajetilla de Ideales.

Se han terminado entre los dos, la botella de vino, y Dalí no le ha dicho a Pla nada de su novela. Este le va contando una serie de anécdotas, de por allí, bastante simpáticas y le asegura que su abuelo materno, y un tío suyo, fraile, simpatizante de la masonería, eran medio parientes.

"Le voy a decir a la Eulalia que nos traiga ahora un par de botellas del de Banyuls, que aguanta un poco más el cuerpo".

Los dos hombres continúan bebiendo parejo y sin pausa. De ven en cuando ríen. Otras veces más, permanecen, los dos, abstraídos mirando pacíficamente en derredor suyo. Cuando toca hablar de mujeres, Pla le dice a Dalí.

"Soy antifeminista porque tengo demasiada buena opinión acerca de ellas".

A este otro, le gira, ahora, todo el patio alrededor de los ojos. No habla. Suda. Se imagina todo lo que está viendo, todo lo que en esos momentos está sintiendo, expuesto encima de un lienzo. Colores y desmesura a la par.

Pla se asusta un poco y le grita a su amigo:

"¡Coño, Voro; di algo!".

Salvador traga saliva, recapacita, y, haciendo un aparatoso gallo con la garganta, vocea:

"¡Asturias patria querida...!"

Pla lo secunda: "¡... Asturias de mis amores!".

Desde la cocina, mientras prepara un arroz con caracoles y conejo, Eulalia escucha vociferar a los dos amigos y se sonríe.

"Los hombres son iguales que los niños" masculla para sus adentros. Y vuelve a sonreírse.


7 comentarios:

  1. Dalí era un absoluto cabronazo, con más talento para las pésetes que para el arte que abandonó tempranamente para dedicarse a las finanzas de su empresa ilustradora: Dalí Ávida Dólar. Pla, en cambio, era un reaccionario genial, uno de los mejores escritores de su generación y tuvo la suerte de ser traducido por otro grande: Ridruejo. Aparte de su proximidad de tierra chica ampurdanesa no evo dos personas más opuestas.

    El encuentro se dio, en efecto, ahí están las fotos, pero el diálogo, en mi modestísima opinión, no es verosímil

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  2. ¡Que la foto no conduzca a equivocos!. Esta debe ser de los setenta o, como mucho, de los sesenta tardíos. Y mi relato se dearrolla a primeros de los cincuenta. Justo antes de que se publicará en España "Rostros Ocultos". El pintor y Pla ya se conocían por aquellas fechas y siendo paisanos considero verosimil la visita ¿Los términos de la misma? Allá cada cual con su imaginación. ¡Un abrazo!.

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    1. El diálogo ese tan frescachón y cazurrete es el que no considero verosimil (por parte de Dalí que no se apeaba ni de su impostura ni de su impostación)

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    2. Mon Dieu... ¡pero si Dalí no habla!. Es algo así como "Breve Encuentro", de Sandor Marai, pero a la ampurdanesa, con menos disquisiciones metafisicas, los personajes, y sin llegar a ponerse cansino, el autor. ¡Je, je...!.

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    3. Que no, que no le veo al insigne Pla haciendo de jiguerillo cantor al Dalí.

      (y no te lo tomes a mal)

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    4. Releo con más calma y reconozco que llevas razón: mis disculpas. (Dalí no habla, pero sigo sin creerme a tu Pla ante ese Dalí muro-mudo)

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    5. Leelo una vez más y te lo acabarás creyendo todo. Así es la literatura. Cuando es grande... ;-)

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