miércoles, 12 de febrero de 2014

PLANES DE CHICAS (II Parte. "Mi Maravilloso Diario")


Sin embargo, desde hace unas semanas, he vuelto a escribir. Un diario. Un puñetero diario. ¡Qué pánfila! sé que estará pensando más de una, pero... ¡esperen a que les cuente!. Ando ya por los cuarenta y uno -lo ven... acabo de quitarme dos, ni siquiera conmigo misma me sale espontáneamente ser sincera en una tesitura como esta- he adelgazado lo suyo, me gustan Paul Auster (escribiendo) y Michael Fassbender (... supongo que escribiendo, también), desempeño un puesto de trabajo de incuestionable peso -aquí está "él" de nuevo, el peso es algo que a "nosotras" puede llegar a obsesionarnos- en unos renombrados laboratorios... Por lo que no, como ya se podrán imaginar -los datos que acabo de aportarles son, a estos efectos, harto significativos- no me dedico a rellenar sus páginas ni con cursiladas de madraza ni, tampoco, con desencuentros familiares propios de cuarentona abrasada; niet.

No, señoras y señores. Me dedico a consignar en él, en mi novedoso y adorado diario, algo bastante más interesante. Tremendamente interesante. Para mí lo es al menos; la que, de momento, soy su exclusiva lectora. Los antecedentes: atiendan, llevo once años casada con el mismo señor, tengo dos críos, Jaime y Fabián, de siete y nueve años -dos completos trastos, bastante más malos que su padre- y no he aposentado mi culo en un gimnasio a lo largo de toda de mi vida. La catarsis: ahora lo que les toca es sorprenderse ¡acabo, hace justo un par de meses, de caer rendida en los brazos de un amante! El nirvana, él: Gerard Lavoise, francés, soltero, cuarenta y cuatro años, director de estrategias de marketing en una multinacional del sector turístico, apasionado de la ópera y los borgoña, risueño, soñador. Despiadadamente guapo.

Uno ochenta y cinco, delgado, moreno, sienes plateadas, ojos rasgados de color gris, nariz prominente de tío... "and so on" ¡para qué seguirles contando! Por no faltarle, no le falta al muy golfo, ni el hoyito en el centro de la barbilla. Entonces... se dan ustedes cuenta como no pude evitar ponerme a escribir el diario. Cuando a una le pasan cosas como esta a esas alturas de su vida, tiene que contarlas. Es casi una obligación moral para con sus congéneres. Las gordas también pueden ligar. Y no solo pueden hacerlo, sino que incluso lo pueden conseguir con alguien que se parece a un modelo o a un actor de cine...

No se me ocurre nada más. Me recuesto en el sillón de ruedas a punto de darme un trastazo. Vuelvo al video de internet de la pelea a almohadillazos en lo que, se supone, son los dormitorios de una fraternidad de chicas de la universidad de Nebraska. Al fondo, una de ellas está desprendiéndose de sus braguitas. Nada que objetar.

¡Hasta los huevos de hacerme pasar por una tía para ver si escribo algo con lo que poder dar el pelotazo de una vez por todas! "Si uno tiene que convertirse en mujer para alcanzar la gloria, va y se convierte" me dije antes de ayer, a mi mismo, intentando insuflarme ánimos. En esa empresa ando metido. Un esfuerzo extenuante. Las hijas de puta resultan ser ¡tan sutiles! ¡tan contenidas...!.

Hecho un fenómeno de todas formas ¡Ni siquiera Gustave Flaubert se atrevió a tanto!. 

9 comentarios:

  1. Igual no viene a cuento, pero qué tal esta frase de Virginia Woolf?:

    [mujeres] “que poseían el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre al doble de su tamaño natural”,

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  2. Tus comentarios son siempre recibidos en este blog como "agua de mayo". ¿Cómo no iba a ser así dadas tus continuas ganas de aportar un día tras otro? Mi más sincero agradecimiento...

    Por cierto... ¿Tú sabes... sabe alguien... de alguna novela de prestigio -o, por lo menos, de fama- escrita en primera persona por un varón cuya protagonista, la voz de la narradora, sea la de una mujer?.

    ¡Un abrazo!

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    1. Pues...haberlas las habrá, pero me has pillado. La gran novela americana, por ejmplo, está protagonizada por hombres. Y escrita en su mayoría por hombres. Y así en casi todos los países. Quizás el Orlando de la mentada arriba Virginia Woolf, que si la has leído recordarás que es la historia que migran de siglo en siglo y cambia de sexo y en algún gran capítulo es una mujer, pero...ahora que caigo, al Woolf era una tía...

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  3. Si habláis de novelas narradas por una mujer y escritas por un hombre, me viene a la cabeza "Moll Flanders", de Daniel Defoe: la vida, la personalidad y la sensibilidad de un gran personaje femenino y además un despiadado retrato de cómo estaba el patio en la Inglaterra del siglo XVIII y en sus colonias. Y también "Fanny Hill", de John Cleland.
    (Un fulano "despiadadamente guapo" ¿es realmente guapo?)

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  4. Ya, Antonio. Las protagonistas de las dos que citas son femeninas, pero... ¿están narradas en primera persona?. No sé, no sé....

    "Un fulano despidiadamente guapo". Un fulano despidiadamente guapo es un HOMBRE que aunque a tí y a mí pueda parecernos que tiene cara de cabronazo, a ellas les vuelve el chichi, cola cao; justamente por eso, por tener aspecto de cabronazo.

    Y a lo mejor me equivoco porque, por desgracia, no es algo que haya vivido en mis propias carnes. O no tantas veces como me hubiese gustado. Je, je, je... ;-)

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    1. Sí, y también "Roxanna", la última novela que escribió Defoe. No la he leído, pero "Moll Flanders" es altamente recomendable.
      Me acabo de acordar de "Los enamoramientos", de Xavier Marias, esa que unos dicen todos al mismo tiempo que es una obra maestra y otros que es lo peor que ha escrito.

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  5. Narrar en primera persona haciendote pasar por mujer puede sentarte más o menos como ponerte un vestido y maquillaje y pretender parecerlo...

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  6. En cuanto a la literatura, dependerá del talento del escritor. Pero vamos... si las mujeres pueden perfectamente, y con nota, escribir en primera persona como varón -ahí tenemos si no a las grandiosas "Memorias de Adriano"- no se me ocurre ninguna causa lógica que impida que eso pueda suceder a la recíproca.

    Y en cuanto a lo otro ¡ojo! Según he oído decir por ahí, algunas ladyboy tailandesas consiguen dar el pego. Así que, ya lo sabe, si va a Thailandia, no baje la guardía en ningún momento ;-)

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  7. Yo hice mis intentos de narrar como mujer (que no de vestirme), y no sé cómo salieron, pero si no he vuelto a hacerlo, eso debe querer decir algo...

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