martes, 11 de febrero de 2014

PLANES DE CHICAS (I Parte. "Cuentos Chinos")


1ª Parte "CUENTOS CHINOS"

A veces escribía cuentos. Eso me ayudaba a pasar las tardes. De muchacha, en el colegio de las monjas, cuando el BUP, escribí los primeros. Eran muy malos. Por aquel entonces había descubierto a Carmen Martín Gaite y pretendía escribir como lo hacía ella de jovencita, sin reparar en que habían pasado ya cuarenta años y yo no vivía en una pequeña ciudad de provincias sino en una gigantesca urbe metropolitana. Luego lo dejé.


Ya se imaginan. Empecé a salir por ahí. Empecé a conocer chicos. Mis amigas empezaron a obsesionarse con la moda. Había que vestir a la moda. Había que ir a los sitios que se ponían de moda, aunque luego estuvieran llenos hasta los topes de tíos feos e insulsos. Ellas parecían apreciar que las saludaran los gorilas de la puerta y los camareros las invitasen a copas. No las incomodaba ponerse a llamar la atención para que el relaciones públicas del local les guiñara un ojo y les dijese que estaban tremendas. A mí, sin embargo, que no era precisamente lo que se dice una venus de Milo -más bien era una chica gordita, monilla de cara aunque un poco sosaina- todo aquel ceremonial no me acababa de convencer. Todas mis amigas enganchadas a Falcon Crest y a un par de niñatos de las pandillas de chicos con las que tonteábamos por Moncloa y yo, sin embargo, enganchada a las patatas fritas, los pasteles, los cheetos y Dennis Quaid. Todo, una mierda. 


Fue por aquel entonces, cuando andaba por los veinte, o así, cuando di mis primeros pasos para convertirme en "gorda"... y perdón por la contundencia de la expresión que empleo -que sé que podría molestar a algunos y algunas- pero lo único que hago es contar la verdad. Esa fue la forma en que sucedió... aburrida de la rutina, descorazonada del amor, paulatinamente fui convirtiéndome... una coca cola tras otra, un  paquete de galletas detrás de otro, una chocolatina por aquí y otra por allá... en una chica ligeramente obesa. Los frutos de una liviana depresión. 


Me deprimía, tal vez, no ser guapa, o no serlo tanto como quisiera, y decidí que no tendría por que importarme coger unos cuantos kilos de más. Me deprimía no conocer a ningún chico que me gustase de verdad, del que poder enamorarme, y resolví proseguir adelante con mi desafío a la báscula sesteando entre gofres con mermelada de fresa y tarrinas de helado no precisamente pequeñas. Si no me importaba demasiado no tomar el sol y estar blancucha, menos debería incomodarme, aún, usar una cuarenta y seis de talla. Mas luego, en la práctica, las cosas no funcionaban así. A las mujeres jóvenes -y eso sucedía sobre todo entre nosotras- no se nos perdonaba estar rellenitas. Ni siquiera en la literatura. Lo constaté muy pronto. Los últimos cursos de la carrera me convertí en ávida consumidora de novelas picantes para chicas y pude comprobar como siempre que una gorda aparecía por sus páginas era para que las lectoras pudiesen echar unas risitas a su costa y la protagonista de la trama tuviera ocasión de mortificarse un poco a sí misma lamentándose de su sobrepeso ¿Por qué las mujeres seremos así de idiotas, siempre exigiéndonos sacrificios a nosotras mismas? Mi amiga Magda, defiende que el objetivo no es otro que el ir preparándonos, desde muy temprana edad, para lo que se nos avecina. Mantiene que siempre se nos avecina "alguna". Pero Magda acostumbra a meter la pata con cierta frecuencia y a veces es bastante exagerada (continuará...)


3 comentarios:

  1. Tiene razón la narradora, no falla: cuando en una película aparece un personaje (normalmente joven o adolescente pero vale cualquier edad) al que ridiculizar, es gordo, o calvo, o tiene gafas, o todo al mismo tiempo.
    Chapeau para la canción de Dave Edmunds, claro (¿es de Edmunds o de Elvis Costello?)

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    1. Es de Costello. Edmunds es un excelente músico en directo pero un compositor regularcillo. Todas las conocidas de él, son versiones. En cuanto a lo otro... Macho, es que si eres gordo, calvo y tienes gafas... ¡estás hecho un cromo! ¡Cómo para que, encima, no te ridiculicen! ¡Ja, ja...!

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  2. ¡Bah! Yo soy gordo, calvo, narizotas, con gafas, cojo y encima viejo, y sin embargo "me las llevo de calle", podéis creerme: todo es un problema de actitud más que de aptitud y no todos podemos ser Gary Cooper, Brad Pitt o Paul Newman, esas 'perchas' tan impresionantes impiden desarrollar otros talentos superiores de la seducción como la labia. He dicho.
    Fdº: Cyrano de Bergerac

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