jueves, 27 de febrero de 2014

EL BUEN LECTOR


Buenos y malos lectores. Un asunto que, parece ser, está de moda. ¿Qué opino?.

“¡Uhfff!”.

Se lo resumiré. Buenos lectores son los que entran una primera vez a mi blog y se quedan enganchados a él para siempre. Malos, los que habiéndolo visitado: una, dos, tres... veces, desestiman volver a hacerlo.

Regulares, los que se pasan a echar un vistazo de vez en cuando. Y ya.

No. Ahora en serio. Veamos. En los últimos tiempos venimos encontrándonos con una serie de críticos, editores... que, con valentía, haciendo alarde de una innegable vergüenza torera, se han decidido a reconocer en público que el nivel de calidad de las novelas que son objeto de publicación no es el mejor de los posibles. Pero como también tiene que resultarles bastante gravoso, a estas personas, asumir... siendo, como son, los que se ocupan del sostenimiento del tinglado a riesgo de perder una parte de su crédito: monetario y del otro... la coyuntura de estar metiendo conscientemente la pata, procuran en su discurso valerse de unas razones, al margen de las que a ellos les competirían como responsables directos e indirectos del invento, gracias a las cuales poder justificar, al menos en parte, los motivos del barateo. “Echale la culpa al boogie” como decía Jacko.

La última moda -se apunta ya en el encabezamiento del texto- parece consistir en identificar el “boogie” nada más y nada menos que con los lectores, con el público lector. Hasta Ignacio Echevarría, mi admirado Ignacio Echevarría, por lo común tan rotundamente cabal en otros asuntos de letras, viene a señalar, en uno de sus últimos artículos, no únicamente que ha bajado el nivel “comprensivo” del lector (yo, con una menor diplomacia, prefiero calificar a este nivel de “cultural”) sino, asimismo, que dicha merma es, en mayor o menor medida, causa de la deficiente calidad de las novelas que vienen siendo objeto de publicación. Siendo, justo en este matiz, donde, a mi parecer, surge lo disparatado de la andanada jesuítica. Y si la califico así es por la coincidencia del nombre del crítico con el de el santo oriundo de Loyola, no sean tan mal pensados.

Fíjense: otro ramalazo más de “furbolización” de la literatura. “No hemos estado acertados porque el público no nos ha apoyado lo suficiente” trata de justificar, en la radio, el capitán del Recreativo de Huelva los tres chicharros que los del San Roque, los leperos, les han metido en casa. “Es que los lectores de ahora son muy flojos” acogiéndose a la teoría de don Ignacio, procuraría exculparse, ante los medios, el contrito escritor de fama por la novela fallida que acaba de ponerse a la venta un par de meses atrás.

Y..., resulta más que evidente, existen una serie de factores: un déficit en el nivel de formación académica (desde la escuela a los “masters” de post-grado ¡y no me digan ustedes que la coña... esa... de los masters, no es para morirse de la risa!), una diversificación en los hábitos culturales del respetable a la luz de las nuevas teconologías, y ante todo y sobre todo, el relativismo, la aversión consciente a fundamentar los méritos en las capacidades intelectuales, que hacen que los conocimientos, y, en función de estos, los gustos, de buena parte de la ciudadanía -y, dentro de esta, los de los ciudadanos aficionados a la lectura- no sean, hoy por hoy, lo que se dice un alarde de exigencia y rigor.

Pero de ahí a atreverse a postular que ese gusto mayoritario, califiquémoslo... de sociológicamente adocenado, sea capaz de provocarles a los literatos que sus obras presenten notorias similitudes estéticas con unos trocicos de churro (a medio freír) media distancia no poco holgada.

Vamos, entonces... a dejarnos de pinchaditas, a lo Beckham, y asimilemos los navajazos a lo Ockham. Seamos razonables, aunque sólo sea moderadamente ¡por el amor de Tina Fey! En la actualidad se escribe así de mal, hay tan pocos libros verdaderamente buenos, porque sus autores no poseen el talento necesario -ni el necesario sentido de la autocrítica que les permita apercibirse del detalle, ni la consecuente perseverancia gracias a la cual paliar, en alguna medida, sus enervantes equivocaciones- para que los textos sean mejores.


11 comentarios:

  1. En mi opinión, la cantidad de libros buenos con respecto al total sigue una ley tipo y=x^(1/n), es decir, hay más libros buenos si se escriben más libros, pero en una proporción menor. Eso es así para casi todo, y no hay de qué lamentarse.
    Pero como la cosa es aleatoria, de vez en cuando la proporción de obras buenas es superior a lo normal, o viceversa, sin que haya una explicación clara de por qué (aunque hipótesis incontrastables, sobrarán).

    ResponderEliminar
  2. Sería demasiado simplificar dar una o dos o tres razones por las uno cree que la literatura actual tiene tan poca calidad. Tampoco creo que estos tiempos que corren sean muy diferentes a los anteriores. Lo que sí parece es que andamos algo justos de grandes escritores de cuarenta o cincuenta años, pero seguro que a poco que rasquemos un poco alguno aparece, si no aquí, en Saigon.

    Por lo demás, creo que hay que tener en cuenta que vivimos tiempos difíciles, donde la televisión y la red (en general, quiero decir, con o sin redes sociales) y un "exceso" de ofertas de ocio hacen complicada la tarea de sentarse a escribir. Pero hablo sin tener ni puta idea. Igual es que la gente tiene mucho tiempo libre y puede tirar cuatro horas delante de un folio. El caso es cada vez hay más microrrelatistas y eso no puede ser casualidad.

    Y no, poner como excusa al lector no vale. Uno escribe para quien escribe y los que quieren ganar pasta escriben betsellers y se forran y así la editorial tiene pasta para publicar esas otras cosillas que, sin vender tanto, merecen ser tenidas en cuenta. Lo que es inexplicable es lo que hace Mondadori, por ejemplo, o Alpha Decay, buscando un mercado joven de autores semidesconocidos que ni tienen la calidad ni el tirón de ventas. Y quien dice esas dos editoriales dice muchas más, de las chiquitas o no tan chiquitas. Aquí los únicos que han bajado el listón son las editoriales a la hora de ofrecer su producto más "narrativo".

    Pero cualquiera sabe.

    Saludos Bluff. 

    ResponderEliminar
  3. “furbolización” de la literatura”, en tu expresión, Julián. Todo lo que dices se resume en la famosa frase del muro del Mayo del 68 parisino: “cien mil millones de moscas no pueden equivocarse: ¡come mierda!”. Exactamente esa es la disculpa/argumento en la que se refugian los editores que editan libros como yogures de sabores, los programadores de la televisión mayoritaria, etc., etc. El caso es que a las moscas (nosotros) se les puede enseñar a comer otra cosa que no sea mierda, por ejemplo caviar, y esa es una de las más insignes funciones de los verdaderos críticos, como tu admirado Echevarria (que de vez en cuando es injusto y mete la gamba, pero mantiene mal que bien su independencia de los grandes medios y grupos editoriales). A eso le llaman ‘elitismo’, pero como bien dice Sebastian C. (antes Vincent Diable) es epicureísmo, la búsqueda del alto placer intelectual inmersos en una sociedad furbolera… (ver cita de el susodicho en mi franja lateral del blog)

    ResponderEliminar
  4. Item mas: "En la actualidad se escribe así de mal, hay tan pocos libros verdaderamente buenos, porque sus autores no poseen el talento necesario -ni el necesario sentido de la autocrítica que les permita apercibirse del detalle, ni la consecuente perseverancia gracias a la cual paliar, en alguna medida, sus enervantes equivocaciones- para que los textos sean mejores." Gloso este, tu último párrafo.

    No entro en honduras, no sé por qué es, pero hay muchísimos más malos escritores que buenos lectores, esto es indemostrable probablemente por medios estadísticos, pero intuitivamente cierto al menos para mí (y alguno más), pero si se acepta lo anterior se entiende la 'armonía, entre oferta (mala) y demanda (mala igualmente), ¿que siempre ha pasado? Puede, pero eso no es un consuelo. Hay un colofón más: los malos escritores no sólo son malos lectores, sino que apenas leen, pero quieren que les lean a ellos. Sería interesante un estudio ¿Qué lee un Dan Brown (¿la wikipedia?), ¿mala divulgación histórica, programas esotéricos de la Granada TV?¿Nada?

    ResponderEliminar
  5. Jesus:

    Ya puestos, y siguiendo con tu razonamiento, tan determinista (y dudosamente empírico) habría que preguntarse ¿qué es un libro bueno? y luego ¿será verdad que, como dice bluff, se publiquen cada vez menos libros buenos?. Y lo que de verdad viene a decir bluff en su post, es que a pesar de que él acceso a la cultura universal es ya prácticamente una realidad en occidente, la banda cada vez parece pasar más y es más borrica. Atribuyendo a esa ignorancia y falta de rigor intelectual (extensiva a las élites) la merma de calidad de libros que son objeto de publicación.

    A Tongoy. No siempre ha sido así Carlos. Aunque todavía no peines canas, te acordarás de "La Clave" en TV. En cuanto a novelistas (y te podrán gustar más o menos) Umbral, Vazquez Montalbán, Gironella, Torrente Ballester, Delibés, Arbó, Martín Gaite, Redoreda, Chacel, Sanpedro, Wiesenthal, Vincent, Goytisolo, García Viñó, en fin... para que seguir. Igual en el cine: Saura, G. Aragón, Forqué, Bardem, Berlanga.... En el humor gráfico: Summers, Chumy Chumez, Perich, Gila, Mingote, Mena, Tom....

    ¿El mundo...? El resto del mundo es otra cosa ¡Mú grande!. Por cierto, hay que ver lo modoso que te pones cuando vas de visita. No hay quien te reconozca. ;-)

    Lansky:

    Lo de la escaleta de tu blog. Tu reflexión: cojonuda. La de Vincent, lo mismo; aunque menos original. Lo del chino, una chorrada como una casa. Salvo unas cuantas familias de oligarcas (de las que muchas van quedándose poco a poco más tiesas que la mojama) la gente con pasta, con pasta de verdad: constructores, políticos, artisteo, especuladores bursátiles, deportistas profesionales, son, todos ellos, ricachones de nuevo cuño. Y si a lo que el chino se está refiendo es que hay que se un poco hijoputa o bien avaricioso para estar podrido de pasta, eso no va a cambiar en la puta vida ni en ninguna circunstancia. El ser humano, desde el momento que procrea, lo lleva en los genes. Lo del chino es un viejo truco al que recurre el "capital" emergente para que no le toquen mucho los cojones. El dentista socialdemócrata con pisazo en Serrano, proclamando que la que de verdad tiene "pasta" es la Duquesa de Alba, que el pasaba por ahí. Que me parece cojonudo ¡pero que extienda factura, cojones!

    ResponderEliminar
  6. Bluff, todavía estoy esperando que ejerzas de "buen lector" con lo que te envié por correo ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Adelanto. Mi parte favorita y para mí esencial en el relato -y su desarrollo- es la de la plataforma petrolífera.

      Cuando me lo termine DEL TODO, te diré algo más. Via privado.

      Eliminar
  7. Son muy pocas las novelas que están bien. Cuantos más años tenemos más difícil resulta encontrar una novela que nos cautive. A partir de los cuarenta, si se llevan más de veinte años leyendo novelas, uno ya está cansado de historietas y busca otras cosas, quizá el placer aparece en las palabras usadas por el autor o en cosas de ese jaez, cosas en las que cuando empezábamos a leer no nos fijábamos.

    De todas formas, pienso que hoy en día un hombre de 30 años que haya pasado por la universidad no es lo mismo que un hombre de 30 años de 1.930 que también haya pasado por la universidad. Creo que el hombre de 30 años de 2.014 es como si tuviese 20 años comparado con el hombre de 30 años de 1.930. O sea, cuando se publica hoy la novela del hombre de 30 años en realidad se está publicando una novela de un joven que tiene solo 20. Creo que es importante darse cuenta de esto. La educación que hemos recibido nosotros es mucho peor que la que recibieron nuestros abuelos. Hubo un tiempo que el latín era obligatorio; me imagino que eso causará algún efecto, me imagino que no será como la lluvia que cae. Igual que causará algún efecto en la cabeza haber visto mucho cine y muchos anuncios en la tele. Hay que darse cuenta que el hombre de 1.930 no había podido ver mucho cine. Tampoco había podido ver los dibujos de Walt Disney...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pedro, en relación con eso que dices, no hay que perder de vista -como ya he señalado otras veces- que al haber posibilitado los avances tecnológicos nuevos medios de expresión narrativa (televisión, video y el cine ante todo) el genio de los cuenta historias ha dispuesto, a partir de 1930 (circa) de otras alternativas de expresión distintas de la escrita. Y así el Jules Verne del siglo XX, cabría que fuese Steven Spielberg. Igual que cabría pensar que si Scorsese hubiese nacido ciento treinta años antes fuese un literato tan grande como Dickens.

      Al margen de lo dicho, la gente cada vez es más atún porque el conocimiento no rinde réditos. Ni siquiera, ya, en las recepciones diplomáticas. En la vida, en el siglo XXI, las cosas te van mejor yendo de lerdo. Como aventuró Warhol todos tienen ya su minuto de gloria. Lo que a mí no se me había ocurrido pensar -conociéndolo, seguro que a él sí- es que este iba a consistir en sacar morritos en instagram. Un abrazo! ;-)

      Eliminar
  8. Julian
    je, je; estrictamente hablando, mi planteamiento no es determinista, sino más bien estadístico: lo que dice es que, por término medio, la cantidad de "obras buenas" aumentará según aumente el número total de obras, pero lo hará más despacio; habrá casos en que se esté encima de la media, y casos en los que no, por supuesto, y más o menos aleatoriamente.
    Sobre si el planteamiento es "empírico", es evidente que no tenemos datos, pero no sería muy difícil encontrarlos (aunque sí costoso), y de todas formas, lo que he puesto es simplemente un ejemplo de la "ley de los rendimientos marginales decrecientes", que se ha mostrado bastante correcta en casi todos los ámbitos de la producción.
    Respecto a lo de cómo definir los "libros buenos", mi planteamiento es bastante agnóstico: le deja a cada uno que lo defina, y se limita a afirmar que, en general, habrá cada vez un porcentaje menor de obras buenas a medida que la producción total aumenta.
    Por otro lado, ante este tipo de temas me gusta recordar que lo normal a lo largo de la historia ha sido que la gente de una época suele pensar que "ya no se hacen obras tan buenas como las de antes, ni tantas"; en definitiva, no creo que seamos NOSOTROS los más indicados para juzgar con una mínima objetividad la calidad "relativa" del arte o la literatura actuales; ya lo harán nuestros tataranietos, con mejor criterio que nosotros. Eso sí, el gustazo de poner a parir lo que no nos gusta y el de alabar lo que nos entusiasma, que no nos lo quite nadie.
    Saludos

    ResponderEliminar