martes, 21 de enero de 2014

SIN SORPRESAS (con intertextualidad, no hay paraíso)


No hay sorpresas que valgan. No surprises (como decían, dicen y seguirán diciendo por los siglos de los siglos, los Radiohead). La literatura -la palabra colocada... ordenada por escrito... sistematizada- está para engatusar la mente; no sirve para provocar deleite visual alguno.

La literatura carece de color, de forma, de movimiento, de todos esos llamativos atributos que son capaces de deparar un placer sensorial. El goce de la palabra es, y así debe ser, que no es poco, intelectual, meramente intelectual, intensamente intelectual. Cualquier afán de pretender mediante una novela, mediante una serie concatenada de palabras -una perorata, al fin y a la postre- provocar un impacto sensorial, está condenado a ser una extravagancia del "gusto", sólo del gusto, precisamente, de unos cuantos extravagantes, precisamente. Como se ha dicho otras veces, existen ya para permitir la eclosión de ese impacto sensorial, tan grato a las apetencias de los seres humanos, lo primero de todo, las fuerzas de la naturaleza; luego los fuegos de artificio, cuya eficacia, acreditada desde bien antiguo, y todavía boyante, queda al margen de toda duda; también están los artilugios de las ferias, que igual tienen sus años; el cine, más reciente; los videojuegos, tan noventa's (el verdadero hype de los 90's); internet, de ahora mismo; y la música, infinita y atemporal. Todas esas eventualidades y actividades están ahí, existen, con el principal objeto de proporcionarnos un sentimiento de placer a través de la vía de los, comúnmente denominados, "cinco sentidos". Y pretender que una serie repetitiva de pequeños gráficos estampados sobre un plano de distinto color va a poder sustituir o siquiera emular -incluso aunque fuese con fines estéticos o experimentales o incluso paródicos- la capacidad de deslumbramiento que es propia de las artes plásticas, la música o la tecnología, es ambición de ingenuos o de soberbios. O de ingenuos soberbios.

Miren, a esos veteranos autores, de espíritu audazmente juvenil, que aparentan albergar la pretensión de parir una literatura capaz de asimilar en su génesis: a internet (la radio), a instagram (las fotos), a facebook (la correspondencia), a blogger (los diarios), a youtube (el cine) y/o a spotify (la música) les aconsejo que, tras pensárselo dos veces, no desestimen hacerse los antiguos y vuelvan a vueltas con el "dada". Aunque sólo sea como homenaje a Fernando Arrabal ¡que bien se lo merece, el hombre!. Y que cuando se pongan a escribir en serio, juntando una letra detrás de otra, una frase detrás de otra, un párrafo tras otro, procuren, solo, que sean nuestros intelectos -y, en consecuencia, nuestros pensamientos- los que vayan a resultar afectados (y... de poder ser... hasta conmocionados) por la premeditada combinación de todos esos pequeños garabatos puestos en fila. Tan feos, tan vulgares, tan anodinos ¡Y tan singularmente poderosos, los muy cabrones!

Escriban ustedes, entonces, mis primaverales cuarentones, sin sorpresas ¡se lo ruego!. Pero escriban de puta madre. O... procúrenlo. Intenten ser como torres heridas por los rayos. Sin sorpresas.

3 comentarios:

  1. "No surprises (como decían, dicen y seguirán diciendo por los siglos de los siglos, los Radiohead).. De verdad, Julián, los fans excesivos de las culturas populares sois a veces entrañables...por lo siglos de los siglos estás tú bueno (y si es una forma de hablar, es decir, de escribir, contradice lo que tu mismo pides)

    En lo que sí estoy de acuerdo es en el fondo de este post: la literatura y sus emociones derivadas siempre ha sido asunto de minorías, ayer igual que hoy

    Y nadie tiene segura la posteridad, escucha al pobre Ovidio hoy totalmente olvidado: Parte tamen meliore mei super alta peremnis/ astra ferar, nomenque erit idelebile nostrum" (por lo mejor d emi eterno, sobre las altas estrellas llevado, mi nombre será indeleble), así que sí ni Ovidio, ni Mozrt mucho menos Radioheat, que son buenos pero durarán un telediario.

    Saludos

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  2. Lansky

    Con los nuevos sistemas de acumulación y conservación de datos tanto Ovidio como Mozart como Radiohead van a estar ahí -formando parte de la alta cultura- por los siglos de los siglos. Lo harán, en tanto no se produzca un holocausto de proporciones descomunales. Otra cosa es que... según en que época futura... los puedan llegar a considerar estúpidos, absurdos o banales en relación con el ranking de valores indiscutidos imperante en ese momento. Pero asumiran ¡cómo no! la trascendencia que, en su día, les quisieron otorgar sus coetáneos.

    Lo reconozco, yo soy parte del fenómeno pop (y no digo "formo" parte sino "soy" parte) y no puedo, ni quiero, desligarme de él. ¿Cómo hacerlo si ha llegado a conformar mi vida?. Pues eso. ;-)

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  3. Los archivos y memorias digitales -no es por ponerse apocalíptico porque pueda que hasta sea un alivio- son mucho más frágiles, lábiles y menos perdurables que los papeles comidos por ratones, los papiros, los infolios y pergaminos, los rodillos de cera y los discos de pizarra, no digamos las estelas en piedra. Y son los propios mendas de la Alta Informática los que están acojonados con esa fragilidad no sólo presentida sino ya comprobada de lo que ufanamente llamas "los nuevos sistemas de acumulación y conservación de datos" van a durar menos -sostienen algunos entendidos- menos que algunos copos de nieve (sobre todo si caen en la Antártida), lo mismo las fotos digitales, etc., etc.

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