jueves, 23 de enero de 2014

LITERATURA DE SILENCIO


Cada día me cuesta más abrir la boca. Cada minuto de tiempo que me paso observando lo que ocurre a mi alrededor le añade un cerrojo más a mis labios. Y pienso que sólo merece de verdad la pena poder elegir lo que escuchamos... lo que vemos, y encerrarnos a cal y canto, mientras esto ocurre, en el silencio protector que nos habita por dentro. ¡Qué no sean nuestras palabras las que corroboren con su inconsistencia la levedad de la certeza, que no permitan con su apresuramiento y su osadía que la mentira vaya volviéndose cada vez más tortuosa!.

¿Por qué decir.. si podemos emplear nuestro tiempo aprendiendo de otros muchos que disponen de la clave exacta para lograr que no nos sintamos tan absurdos, tan solos? ¿por qué enredarnos a lo tonto en una senda laberíntica de frases evidentes -y, las más de las veces, contradictorias- que sólo van a poder convencer de nuestras razones a los premeditadamente convencidos?. Callemos la boca, entonces, que el silencio es oro y es su honra la que habrá de permitirnos reconocerle su evidente superioridad al discurso del tiempo.

Así es, cada día me cuesta más hablar, incluso a los que quiero, incluso en el trabajo o para quejarme de las secuelas de mi voluptuosidad las veces -menos de las que me gustaría- que me da por extraviarme en excesos. No, no le encuentro apenas ninguna gracia a las conversaciones ni a las afirmaciones ni siquiera a las dudas. Los parloteos en vano me agotan. ¿Y no es acaso un detalle de prudencia, una virtud gentil de oblato joven, el decir sólo cuando acucian las preguntas? ¡Claro! hablar en demasía es gesto baladí y gasto inútil. Representa marear aún más la aguja de la brújula para marear a chismosos e incautos. Supone permitir que a veces se pierdan absurda y aleatoriamente, entre los cuatro puntos cardinales, algunos pareceres no del todo equivocados. Un desatino.

¡Qué tanto mejor, las más de las veces, ofrecer una sonrisa de cariño con preferencia a una palabra vacía, o veinticuatro -una detrás de otra- o, incluso, un ramillete bien nutrido de frases escogidas a propósito. Porque... ¡qué complicado es casi siempre dotarle de un verdadero sentido a las palabras! ¡que difícil no sucumbir, al manejarlas, al respiro del tópico!.

Vivir en silencio, siempre en silencio ¡incluso en el amor! Que es atributo de los besos, bien medido, el de acallar oportunamente a la palabra.

3 comentarios:

  1. Ya sabes que no me gustan demasiado los refranes, pero algunos sí, como este: "el cántaro vacío es el que más suena"

    Y esta cahondada de Poeta: "Bendito sea el hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrárnoslo con sus palabras". George Eliot

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  2. yo enlazo con el parrafito final: Quignard dice que el amor es el lenguaje del silencio; los amantes, cuando se hacen el amor, callan, olvidan la lógica del lenguaje hablado, y se entregan mudos a lo intuitivo de las caricias y los gestos del amor, los besos, como dices, que sellan, acallan, enmudecen

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    1. Lansky

      Parecida a esa es la de "es mejor callar y que crean que eres tonto, que abrir la boca y disipar definitivamente las dudas". Demasiado ácida, tal vez.

      JM

      Vaya. Me alegra saber que soy más conciso y más cervantino (y esto, segundo, ya me lo suponía) que Pascal Quignard. ¡Gluup!.

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