jueves, 9 de enero de 2014

HARUKI MURAKAMI. "Literatura Aséptica"


Tras haber terminado de leerme la última de Murakami (Haruki), "Los Años de Peregrinación del Chico sin Color", la primera cosa que me ha venido a la cabeza es esta pregunta ¿Por qué nos gustan tanto las novelas más simples de Haruki Murakami?.

Fallo. De este primer motivo el autor no es el responsable principal. A mi juicio, la primera razón por la que Murakami ha triunfado entre nosotros es por la magnífica traducción al castellano de sus obras, así que... las correspondientes felicitaciones, por lo menos en lo que respecta a este último título, a Gabriel Alvarez Martinez.

Hecha esta pequeña broma, que a lo mejor no lo es tanto, habría que referirnos al estilo de Murakami, o a la ausencia de estilo. No. Seamos justos. ¡Claro que Murakami posee un estilo! El de la asepsia. Párrafos asépticos, diálogos asépticos, pensamientos asépticos. Y eso está bastante bien. A los lectores les convence. Casi imposible que te mosquees con él por alguna chorrada que ha dicho, cuando casi de inmediato va a soltar otra u otras que asumirías gustosamente hasta sus últimas consecuencias. Son, las de nuestro hombre, opiniones neutras, poco comprometidas, y expresadas sin demasiado lucimiento, acerca de: lo lleno que va el metro en las horas punta, el daño que le hace a la autoestima un amor que no es correspondido o si el pescado resulta más sabroso frito o a la plancha. Todo esto a título de ejemplo. A Murakami le da por escribir de cosas triviales: problemillas, conflictos domésticos, pequeños malentendidos... que nos afectan a todos nosotros aunque no seamos los personajes de un libro.

No podemos desechar tampoco, entre las claves de su éxito, su afán por caerle bien a los lectores. Así, por ejemplo, en esta última novela el autor japonés hace suyos -los adapta al modo y tempo de su narrativa- los patrones más característicos de los best sellers en boga. Y se extiende un par de páginas -un poco por el morro, la verdad- sobre las peculiaridades y características de determinada marca de coches que yo voy a omitir -a mi no me pagan por la publicidad (de momento)- para tratar de atrapar en su red al elemento masculino. Justo ¡está visto! al modo de los folletinistas franceses del siglo diecinueve, a Murakami le importa por encima de todo el lector. Escribe para el lector. Y esto, que en otros va a venir a suponer un desdoro, en él, que ha sabido forjarse un estilo propio, casi único -el “estilo de la asepsia”, ya lo hemos dicho- va a constituir un mérito, al, digamos, simplificar los toscos trucos de la complicadísima novela comercial, y exhibirlos perfectamente acoplados a un trama sencilla que discurre naturalmente... página a página, sin apenas ningún sobresalto... hasta el desenlace final de la historia.

Luego están sus personajes. Su cotidianeidad. Se quieren entre ellos como la mayoría de nosotros nos queremos en la realidad, hablan como acostumbra a hacerse en la realidad e, igual, sus comportamientos serían perfectamente asumibles por la mayoría de las personas en disposición de asomarse a las páginas de los libros por donde aquellos campan a sus anchas. Digamos que son unos personajes perfectamente creíbles y que la compasión, el odio o el amor que son capaces de despertar es siempre, o casi siempre, moderado. Tal y como sucede en la vida misma.

En todas estas naturalidad... normalidad... neutralidad... que propone, ha sabido, Murakami, adaptar a una mentalidad occidental, una consolidada tradición propia de la narrativa nipona. Vease a Endo, a Soseki. Y, a la inversa, en el hiperoccidentalizado Japón actual ha sido capaz de salvaguardar ese espíritu tradicional que no concibe hablar de las mujeres y los hombres sin referirse asimismo, sin embellecimientos superfluos, al correr de los arroyos, al despuntar del sol en las madrugadas y al modoso vaivén de las ramas de los sauces cuando son agitadas, como escobillas, por el empuje del viento.

En resumidas cuentas, Murakami, su literatura, digamos que tranquiliza, sojuzga al rencor, y es capaz de poder inspirarte mejores sentimientos. Y eso mola. Mucho.

8 comentarios:

  1. muy acertada, por cierto, la banda sonora: Murakami-Family

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  2. No me engancha Murakami, no me parece un japonés que una la sensibilidad ancestral del Japón con el mundo moderno en un perfil plano y sosegado, sino un extraterrestre, un cyborg o un robot especialmente bien diseñado y sofisticado, le falta todo lo que les sobra a mis adorados Chejov o Conrad: vísceras, pulso, vida. ¿Japonés? Te propongo un ejercicio: lee (ponlo al lado) a alguien como el Junichiro Tanizaki del Elogio de la sombra y a este pavo, y luego me dices. De hecho, me parece que has dado en el clavo: Murakami es un besteselleriano para gentes que se las dan de no leer best sellers

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  3. Me leí, en su día, o sea hace ya unos cuantos años, dos o tres, o cuatro, de este pavo. Solo recuerdo el título de una, Tokio Blues, y prácticamente nada más de ninguna de ellas, salvo que en todas parecía haber un jovencito semiautista que se enrollaba con una mujer mayor y sabia, y en alguna de ellas, creo recordar, alguna clase de historia sobrenatural, o post mortem, o algo. Y que todas ellas me pusieron muy nervioso. Como si te contara las cosas a través de una espesa capa gris que las volvía inalcanzables e irreales y que las privaba de brillo, inmediatez y vida. Probablemente no tengo razón, pero al leerle mi sentimiento predominante era: si a este tío no parece importarle demasiado lo que está contando ¿por qué pretende que me importe a mí? En fin, que no es mi tipo. No tengo ni idea de si es por ser demasiado japonés, o por no serlo suficientemente, o por ninguna de las dos cosas, pero resolví no volver a intentarlo con él, y es un misterio, para mí, el entusiasmo que parece despertar a tanta gente.

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  4. A mí me interesó en tanto en cuanto trata de un personaje que no encaja en el mundo, un solitario por destino y creo que por vocación. En cuanto a la calidad literaria, está bien escrito sin más, con altibajos, eso si, pero se deja leer, hay cosas resaltables. Que tiene cierto ramalazo bestselleriano, que está escrito de cara a la galería... Es posible. Que se olvida con rapidez una vez leído. Pues también.

    Una novela justita, "easy reading", que les dicen los bristish a este tipo de literatura.

    Un saludo.

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  5. Lansky. Probablemente tengas razón, pero a mi me engancha. Bastante. Leo a Tanizaki y te digo algo. A ver como te sale hoy el arroz, Bocusse.

    Vanbrugh. Muy rollo, muy rollo, muy rollo, pero leíste nada menos que ¡cuatro! joder ¿Tú crees, de verdad, que si Murakami no te dijese nada, ibas a repetir con él hasta cuatro veces seguidas?. Miau tío conejo, como decía mi difunta abuela Carmen.

    Barbusse. Igual que pasa con el easy listening bueno (Jackie Gleson, Melachrino Strings...) que a veces mola mucha. Pasa con el easy reading bueno (asumo que Murakami es easy reading) que a veces, como en el caso de nuestro personaje, también mola mucho.En otro orden de cosas, decirte que te tengo que mandar un privado a ver si puedes chivarme algo en relación con "El Santo Hobbes".

    ¡Un abrazo a los tres, perillanes!.

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  6. ¿Tú nunca has empezado a comer pastitas de esas castellanas que no saben a nada? No son exactamente desagradables ni lo contrario, son insulsas, más textura que sabor, y uno puede llegar a comerse una caja entera por aburrimiento, una detrás de otra, sin obtener la menor satisfacción, solo por una especie de curiosidad perezosa de ver si por fin terminan sabiendo a algo, aunque sea por acumulación. Pues con Murakami me pasó lo mismo. Mi mujer los leía, me aseguraba que "no estaban mal", y yo estaba realmente intrigado por saber qué cuernos encontraba en semejante papilla una persona habitualmente sensata como ella. No creo que llegara a cuatro, más me parece que fueran tres. Pero fue, más que otra cosa, un ejercicio de convivencia conyugal. Y, síntoma definitivo para mí, ni me planteo una relectura. Para que yo no relea un libro me tiene que haber parecido realmente... malo es mucho decir. Inane. Innecesario. Omisible. "Aséptico", como tú mismo dices, no está mal. Carga "aséptico" con todos los matices negativos que le quepan, y nos podemos poner de acuerdo en que Murakami es aséptico. Que le vayan dando.

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    1. Amigo Vanbrugh,

      Te voy a decir algo que podría parecer perfectamente un proverbio confuciano

      "¡Afortunado, tú! Porque quien tiene una mujer sensata tiene un tesoro" ;-)

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