lunes, 20 de enero de 2014

DULCE PENITENCIA


Por mi onomástica fui castigado por la medusa a colocarme de rodillas en el rincón de los amantes. Postrado, con los brazos en cruz, tuve que cobijar en la mente -¡tres horas!- una avalancha de recuerdos ya casi perdidos. Una penitencia incontestable.

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