sábado, 4 de enero de 2014

ABRACADABRA... ¡BAROJÍZATE!


Acabo de leer una novela -mejor releer, aunque reconozco que no he sido capaz de recordar si la primera vez llegué a terminármela del todo- que me ha gustado bastante. En ella, uno de los personajes siempre que tiene que adoptar una decisión, por nimia que sea, como por ejemplo elegir el relleno del bocadillo, acostumbra a hacer uso de la Biblia para no incurrir en errores. No estamos hablando de que lea determinados versículos bíblicos cuya enseñanza esté relacionada, en cada caso, con el objeto de sus divagaciones sino de algo bastante más prosaico, de un método que parece postular la prevalencia del azar sobre la revelación. 

Vean, la cosa consiste en que una persona que esté contigo se ponga a pasar lentamente las hojas del libro sagrado y que tú, el consultor, poses tu dedo índice en un determinado lugar, elegido a voleo, del texto de una de esas hojas. Se comprueban luego la naturaleza de la palabra… o la frase… señaladas con el dedo y se la dota de un sentido último -y, en esta otra labor, al que vuelve las hojas va a negársele cualquier protagonismo- capaz de dar respuesta a nuestra interrogante.

A mí, con Baroja, con su obra, que no es la Biblia pero por ahí le anda, me pasa justo lo contrario. Acudo a examinar lo que él ha dicho sobre cualquier cosa, un poco al azar ya que tengo subrayadas abundantes frases en sus libros, y, tras adquirir certeza de que más o menos viene a ser lo mismo que opino yo sobre ese particular en concreto (como les será fácil comprender cuando discrepo de don Pío no le subrayo la frase; prerrogativas de lector y de superviviente), me esmero en poder poner en práctica en la vida real, de la forma menos onerosa posible, las actitudes que considero adecuadas a la asunción por mi parte de tales opiniones.

Así, por ejemplo, especula el maestro por boca de uno de sus personajes:

“En la lucha por la vida no triunfa ni el bueno ni el fuerte, sino el cuco, que es el más apto para la sociedad, naturalmente arreglada y preparada por los cucos y para los cucos. La gran virtud social es la acomodación, la adaptación”

Y a mí sigue sin salirme de los cojones llegar a adaptarme. Justo, justo, como le sucedió a él, quien se pasó buena parte de su vida cabreado y solo. Me falta -nos falta- saber si estaba o no conforme con eso. Bien probable es que sí.

Ahora, que ha empezado un nuevo año, y yo a veces soy bastante ñoño, entiendo que lo suyo sería insertar aquí, como colofón a la entrada, un emoticono de esos que guiñan el ojo. Pero… como no se puede, voy y se lo guiño de palabra ¡Un abrazo muy fuerte para todos!.


3 comentarios:

  1. Ahora mismo he empezado "Zalacaín el aventurero", la segunda suya que leo, a ver qué tal.

    Por cierto (insisto), te envié un email al correo de julianbluff@yahoo.es.

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    1. Zalacaín es una de las primeras novelas de Baroja y de las menos perfiladas. Una novela de aventuras, divertida, para hacer las delicias de todo tipo de público. Yo prefiero al Baroja maduro. Abrasado y escéptico. Ahí es donde, el tío, pone toda la carne en el asador, pare deleite de lectores abrasados y escépticos.

      De lo otro, acabo de contestarte a través de un "privado" ¡Un abrazo!.

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    2. Ahora mismo he leído más de la mitad y no me está entusiasmando.

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