lunes, 9 de diciembre de 2013

BLUE CARIBE


Burdeles de meseta. Servilletas de papel. Las chicas no son siempre las mismas. Rumanas, brasileñas, rusas. Pero se comportan como si lo fuesen. Te guiñan el ojo con gesto de cansancio al pasar por su lado. Te piden que las invites a una copa. Te susurran al oído lo mucho que te desean, prometiéndote que si te vas con ellas te darán mordisquitos en el cuello, suavecito y tal, como si fuesen vampiras buenas. Casi todas se declaran capaces de hacerte feliz. Sesenta euros la media hora, noventa euros una hora ¿No quieres enderezar tu vida, cariño?.

En el parking de tierra permanecen un montón de coches vacíos oliendo a hombre. A discusiones de trabajo y penaltis fallados. Coches que llegan y se van. Risotadas, acelerones. Es la celebración del viernes a la medianoche. Cuando las vampiras buenas bajan de sus cuartos llenos de peluches rosas y cuchillas de depilar para ilustrarles a los machos acerca de algunas de las claves de la vida. Recordarles que aunque hay razones de sobra para amar, igual las hay abundantes para la venganza. Hacerles saber que los duelos del amor no radican en unas bragas negras ni en el precio de unos cuantos corazones rotos sino en el peso de tu propio corazón roto. No silenciar que también... en muchas ocasiones... abundan los motivos para salir huyendo.

A lo largo de una vida no habrán de ser pocas las oportunidades en las que... para pasar la noche... el destino nos va a terminar brindando cobijo en un cuarto extraño lleno de peluches. Irremisiblemente perdidos en un puti-club de carretera. Venturosamente salvados en un puti-club de carretera. Unas luces... verdes, rojas y amarillas alumbrando, como bengalas, las miserias de nuestro mismo corazón. Desafiando, rutilantes, al paso del tiempo. Con pujanza. A imagen y semejanza de esas otras que se encienden y se apagan en la oscuridad, cada noche, junto a la autopista, para encelar a todos esos hombres tristes y atribulados que la recorren velozmente en la oscuridad cada noche de una punta a otra, con la promesa inextinguible de un Caribe Azul.

4 comentarios:

  1. Burdeles de meseta, servilletas (mejor manteles) de papel: bonita estrofa para una canción, Julián

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    1. Es que manteles -que yo sepa- no hay. Pero... bueno, sí, el texto lo comencé a redactar a partir de que esa frase me viniera a la cabeza, de repente, tras una escapada turística en el puente de hace unos días.

      Por cierto, que me estoy volviendo tan cazurro que cada vez me cuesta más concentrarme para leer novelas. Ahora, además de los blogs, lo que más me gusta leer son los mapas. ¡Un abrazo!

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  2. Me encantan estos relatos o estampas nocturnos y algo canallescos, y siempre tan bien escritos.

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    1. Gracias, como siempre, Antonio. Los editores parecen no pensar lo mismo. En mayo pasado les mandé a los de la Herralde Troupe el original de una novela, primorosamente escrita ¡lo juro! je, je... y acaban de rechazármelo ¡Pobres editores! ;-)

      Y en este caso lo digo de verdad. No procede atribuir a mis palabras, a estas alturas de mi vida, con el criterio perfectamente perfilado, la máxima -veraz casi siempre- de que "el que no se consuela es porque no quiere". Mira... voy a repetirlo con conocimiento de causa y un convencimiento pleno ¡pobres editores!. Un abrazo enorme.

      Decirte, Antonio que tú y otros pocos sibaritas como tú, ahí está mi compadre, el "creacionista" Lansky (ver el post de hoy de "Periquitos Muertos") sois el leiv motif que me anima a continuar escribiendo.

      Las gracias, sinceras, a los seguidores de ARQUETIPO'S. julianbluff.

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