domingo, 24 de noviembre de 2013

STRIPTEASE. Parte III "AGUJAS"


Parte III. Agujas

Aunque los maromos eran tela de macarras y estaban como inflados de aire por culpa de los anabolizantes y las claras de huevo, y otras marranadas por el estilo, ellas parecían estar pasándoselo de miedo a su costa. No cesaban un instante de reírse y de soltarles tonterías. Lo dejaron, sólo, cuando el más currado de todos se acercó hasta el borde del escenario y las animó a que subiesen arriba.

-“Van muy pedo, voy a decirlas algo” me asegura Arsenio, según se incorpora de su silla.

-“Son unas viejas” contesto yo totalmente sobrepasado por los acontecimientos y un tanto acojonado ante la posibilidad, real, inminente, de tener que ponerme a darles palique a unas tías mayores a las que no había visto en mi puta vida.

Sentado allí yo solo... en nuestra mesa... me sentía bastante incomodo, e instintivamente, y sobreponiéndome a la timidez, volví mi cabeza hacía donde se encontraban las damas. Al notarlo, Arsenio comenzó a hacerme señas solicitándome que acudiese.

-"Os voy a presentar a un buen amigo" les dice Arsenio a las chicas, y una de ellas, gordita, con el pelo cortado a capas y un lunar chiquitín junto a la comisura de los labios, aparta su silla un poco y me hace un hueco para que me coloque a su lado. Me acuclillo y me entrego a todo tipo de innobles esfuerzos a fin de que mi sonrisa no parezca fruto de una enfermedad crónica.

-“Huy ¡qué rubito! se parece a Crispín” señala otra de las mujeres que lleva el típico pelo rubio con mechas que les suele gustar ponerse a las morenas. “Uno tiene nombre de veneno y el otro se parece a Crispín” proclama una tercera, morena, muy delgada, con algunas arrugas en la frente, que se le notan más cuando se ríe. Las demás secundan sus carcajadas. Debe ser una de esas a las que les gusta sacarle punta a casi todo. Una lista. Pero la que tiene todas las papeletas de funcionar de verdad -y de eso se trata- es, a mi juicio, la gordita que me ha dejado sitio. La rubia vuelve a la carga: "¿... y tú, nene, que es lo que estás bebiendo? ¿cola-cao?".

Meme, la rellenita, sacó un porción del culo del asiento y se puso medio de costado para dejarme libre el otro trozo. Mientras nos terminábamos las copas, Arsenio continuó formulándoles, indistintamente a unas y otras, todo tipo de preguntas indiscretas. Yo permanecía a la expectativa, sin apenas pronunciar palabra, sentado a duras penas en el borde del silloncito de Meme.

Habían venido desde Elda. Trabajaban en una fabrica de zapatos y bolsos. Eran solteras. Había dos que no tenían novio y otras dos que sí que lo tenían. Buenas chicas. Me fijé en las manos de Meme. Ella era una de las que no tenían novio. Levaba las uñas pintadas de rojo y en su piel aparecían diseminadas un montón de cicatrices chiquitinas, rosas, de las agujas, las tijeras, las máquinas de coser, y todo eso, con lo que cada día le tocaba tener que manipular los trozos de cuero. Sentí el fuerte impulso de ir a acariciárselas.

Salimos del cabaret todos juntos y, una vez afuera, ellas desearon saber si Arsenio y yo conocíamos alguna discoteca, llena de tíos buenos, en la que se bailara salsa. Les dijimos una serie de nombres que muy probablemente ya les resultaran familiares. El centro estaba llenos de chavales y chavalas repartiendo propaganda de discotecas. Nos dijeron que esa misma noche tenían que volverse para Elda y se despidieron de nosotros dándonos unos besos en las mejillas. "¡Un sábado loco!" exclamó la gordita con un entusiasmo admirable. Yo les deseé a las cuatro que se lo pasaran muy bien.

De regreso a los apartamentos, Arsenio, bastante enfadado, me echó en cara que le hubiese cortado el rollo.

-“Eres un muermo, tío. No vuelvo a salir contigo de marcha...”.

-“No me jodas, tío. Si casi podríamos ser sus hijos. Con las de tías de puta madre que hay por ahí... ¡mira, mira esas dos rubias, madre mía...!” argüí, intentando acogerme a una coartada gracias a la que poder escabullirme de la vergüenza de la timidez.

Y no, no me pareció oportuno reconocerle a mi amigo que la chica de las cicatrices chiquititas en las manos se había llevado consigo, hasta Elda, un par de agujas de mi corazón. 

6 comentarios:

  1. Enternecedor el detalle de las pequeñas cicatrices en los dedos gordezuelos de Meme (Hay algún error snitáctico sin importancia, pero el relato está muy bien, Julián)

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  2. Gracias, Lansky. Sin embargo no entra absolutamente nadie a leer este blog. ¿¿??.

    Lo de los errores sintácticos. Ten en cuenta que arriesgo mucho, siempre, con el estilo. Y es factible que la depuación total de los textos exigiese dedicarle más tiempo al tema de las correcciones.

    Lo de las cicatrices. Casi todo lo cuento es verdad -miento en lo de mis fracasos sentimentales porque siempre acababa mojando ¡ja, ja...! ¡qué más quisiera yo!- y en este caso también lo es. La chica y las pequeñas cicatrices existieron ¡Claro que existieron! Un fuerte abrazo.

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  3. Deberías haberle hecho el amor con tu agujita.

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    1. Me pasó como me pasa con los lectores, todos los días trato de hacer el amor con ellos, pero... ¡no se dejan!. ;-)

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    2. ¿Hacer pasar la polla por el ojo de una aguja?¿O era un camello? ¿O un rico? ¡Qué lío!

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    3. Ah sí ¿eh...?. Todavía estoy esperando escuchar como de gorda fue la que se armó -iba a decir "por culpa" pero más apopiado sería decir "gracias"- gracias a la flor de la patata.

      Y hablando de otro tema, pero es que se hace obligado tocarlo, cojonudos los capítulos de "Devuélveme mi noche rota" del amigo José Morand. Me gustan mucho. Más que todo lo de Olmos que he leído. ¿Los has leído tú ya?.

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