miércoles, 27 de noviembre de 2013

“MAS DIFICIL TODAVÍA”. La novela perfecta.


Parte I. En busca de El Dorado.

Son fuentes de inspiración de este artículo algunos blogs que leo en matería de crítica literaria ¡Nada menos ambicionan hallar El Dorado!

Como les digo, coinciden todos ellos -me considero un tío moderno y estoy, por tanto, apuntado a algunos de los blogs que también aspiran a serlo- en la búsqueda de la piedra filosofal, en querer descubrir la fuente de la eterna juventud, en poder ser diestros para saltarle sus tenaces cerrojos al escondrijo de Pandora. Aspiran al paladeo de las dulces glorias de un deslumbrante Nirvana mental, en suma. E ¡ilusos sus autores! pretenden hacerlo penetrando, hundiéndose, revolcándose... no ya en la contemporaneidad ¡sino incluso también en el futuro!. Grecia y Roma no les bastan, las sagas medievales les superan (a mi también, tengo que confesarlo), el renacimiento les es insuficiente ¡Qué no decir del cursi romanticismo, del plano y evidente realismo, del zafio costumbrismo! El existencialismo, la novela gótica, ya les molan algo más, pero... no, tampoco les terminan de convencer del todo, siguen insatisfechos. E insatisfechos permanecen, los pobres, ante la meticulosa literatura del diecinueve, frente a la convulsa, cruda y heterogénea narrativa del veinte. Quieren más. Quieren siglo XXI. Bendito siglo XXI. La eclosión de una narrativa nueva capaz de lograr que los ojos se libren de vendas. Dotada de virtudes bastantes para que nuestras conciencias sean conscientes del manifiesto engaño. Un engaño de siglos. Tan viejo como todos esos muertos, y muertas, que a lo largo del tiempo se han dedicado a difundirlo.

¿Y como no voy a llamarles ilusos a todos estos avanzados arúspices de la nueva era, si es lo que son? ¿Qué puede hacerles pensar a todos ellos que los frutos de una década de esfuerzos van a poder mejorar los frutos de doscientas décadas de esfuerzos? Pues solamente la buena voluntad y el afán de supervivencia. Empresas, ambas, bien propias de ilusos... ya que sabido es que la contumacia de los hechos (por muy desafortunados que estos sean) se impone siempre a la ilusión de nuestros deseos (por muy loables que quepa calificarlos) y más conocido aún, y hasta cien por cien constatable, es el dato de que todos la vamos a diñar tarde o temprano. Pretender, por tanto, descubrir únicamente la pólvora literaria entre las novedades contemporáneas se me antoja empresa propia de medrosos -capaces de desentenderse por cierto temor supersticioso, opino, de las excelencias del pasado- o de inmaduros y poco decididos lectores que para llegar a aceptar un texto, exigen del mismo una ambientación dramática que les resulte más o menos familiar.

Más normal y más probable, a mi juicio, será llegar a hacer alguno de tales turbadores descubrimientos, de los que les he hablado, en las librerías de viejo, en los mercadillos... entre toda esa serie extensísima de libros leídos por otros, leídos por muertos, ya descatalogados hoy, cuya existencia nos era desconocida, que han sido redactados a lo largo del transcurso entero de toda la historia de la literatura. Libros concebidos en una época en la que única alternativa de pública expresión para los fabuladores de valía era la letra escrita.

Parte II. Las alternativas tecnológicas a la literatura.

Y más natural, por ende, que nos entreguemos a disfrutar de todas esas innovaciones de índole narrativa que, con tanto ahínco, nuestro intelecto parece demandarnos, introduciéndonos en el campo del cine, en el de los videos musicales, en el de los videojuegos, donde los narradores contemporáneos con verdaderas intenciones experimentales, y las dotes necesarias para conseguir satisfacerlas, han venido a volcar, a partir de la mitad del siglo veinte, todo su talento, toda su experiencia, toda su prodigiosa imaginación.

Cualquier intento de tratar de encajar en el mundo de la palabra escrita -barroco, caprichoso, enfermo... simple en las formas pero profundamente intelectual, tramposo...- esquemas mucho más reglados, bastante más técnicos... -más ortodoxos, en suma- de otras disciplinas del saber o del arte, tiene una buena porción de papeletas, e incluso algunas pocas más, de resultar fallido.

Miren, para que vean... estoy por asegurarles que si a mí me diera por leer la última sensación literaria del momento encumbrada por la crítica de vanguardia, les encontraría a todo ese rupturismo, a ese novísimo post postmodernismo -¿cuántos “post” he puesto? ¿dos? venga, voy a añadirle uno más- post post postmodernismo, notorias similitudes no solo con algún videojuego o determinados videos experimentales de un grupo alternativo lo-fi, sino también con excelsas novelas del pasado, a las que por entonces, cuando fueron publicadas, se las consideró “normales y corrientes” sin serles atribuidas, por absolutamente nadie, ni siquiera por los críticos de vanguardia de por aquel entonces, el menor atisbo de modernidad.  O, incluso, con lo expuesto en las entradas de algún blog. ¡Hasta pudieran ser las de este, notoriamente impresionista!.

Parte III. Antídoto para la melancolía.

Bien. Después de todo lo que les he referido.... ¿todavía arden, ustedes, en deseos, señores críticos, señores lectores, mis estimados, de hallar “el más díficil todavía”? ¿Sii? Vale. Intenten localizar como sea, donde sea, por los medios que sean, justo este libro: “Antídoto para la Melancolía”, del profesor Piero Meldini. Una novela de hace unos veinte años con una estructura narrativa, un argumento y un estilo perfectamente canónicos. Me atrevo a vaticinar que les va a resultar difícil, pero que muy difícil, poder dar con ella, pero que, si al final, tienen suerte y consiguen hacerlo, no se arrepentirán del tiempo invertido en sus pesquisas. Creo que disfrutarán verazmente con su lectura.

Parte IV. Amén.

Amén.

15 comentarios:

  1. Si quieres disfrutar con una novela que no hace concesiones a ningún experimentalismo ni postmodernismo, sino que se ciñe a las herramientas narrativas más clásicas, inteligente pero inteligible, sin cabos sueltos, prueba esta y nos cuentas

    http://cienciaxxi.es/blog/?p=8116

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  2. Sigues pidiéndole a la literatura cosas que son propias de la vida; sigues pidiéndole a la vida cosas que son propias de la literatura

    En cualquier caso lee esto, no te será dificil de encontarr, es un clásico y está en toda biblioteca pública o privada que se precie:
    Jose Bianco: La pérdida del reino

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    1. Lansky

      Al revés, el post pretende criticar (con cariño) a los jóvenes letra-heridos que persiguen justo, eso que tu dices. Pero debo explicarme como el culo... para que alguien como tú -cabal y lleno de conocimiento- haya interpretado precisamente lo contrario. Una lástima. Y es que, al cabo, en la vida, somos en realidad como nos perciben los demás y no como nosostros nos creemos que somos. Un abrazo!. Leeré ¡como no! "La pérdida del Reino"

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    2. Te lei como creo que tu pretendías que se te leyera, pero...leí más: lo que ocurre es que no soportamos, como defectos, los que precisamente tenemos, y ese creo que es tu acso: letraherido, por mucho que ahora pretendas desmaracrte con la parodia de arriba

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    3. Ya lo he señalado antes. Para tí voy a ser "un letra-herido" me ponga como me ponga. Y no me voy a poner de ninguna manera porque el asunto carece, como es natural, de la menor importancia.

      ¿En qué editorial está editada "La pérdida del Reino"?

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    4. En cualquier caso, sabes que no pretendía ofenderte: tu letraheridismo, que ahora revocas al parecer, es parte de tu encanto (¿naif').

      La Pérdida...yo la leí en la vieja edición de Bruguera, absolutamente desaparecida y traducida por un gran lusitanofilo, Ángel Crespo, pero googleando veo que hay edición vigente en Adriana Hidalgo, argentina de pro.

      Besitos

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    5. ¿¿¿Besitos????

      Mariconadas, las justas. ;-)

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  3. Vaya par.

    Sólo decir que en mi opinión la literatura tiene que aproximarse a la vida todo lo que pueda.

    Sólo decir que si piensas (bluff) que eres lo que otros perciben de ti, muy poca personalidad demuestras.

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    1. Obviamente para los demás somos lo que cada uno de ellos piensa de nosotros. Por mucho que me empecinara en demostrarle a Lansky que soy justo la antitesís de un Letra-Herido no iba a conseguir convencerlo. Sin embargo, por ejemplo, mi amante checa de veintisiete primeveras está empeñada en que deje de tomar gin-tonics y me ponga de una puta vez con Kundera y para ella seré siempre ese tipo irresistible al que la alta cultura le importa un carajo. Y así sucesivamente. Para mi mamá, soy precioso. Por lo que yo soy justo la suma y la mezcolanza de todas esas apreciaiones entre las que, igual, habrán de enoncontrarse mis propias opiniones -como es natural no guardo siempre la misma- acerca de mí.

      No, no es cuestión de poca o mucha personalidad, mi admirado conumb, es más bien cuestión de que si las piedras no cayesen por la Ley de la Gravedad, caerían por su propio peso. Además siempre cabe la posibilidad, remota ¡eh!, de que Lansky pudiere hallarse equivocado ;-)

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  4. No dudes de que buscaré -por los medios que haga falta- esa obra que recomiendas. Me ha invadido una curiosidad pegajosa y malsana.

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  5. Será que no me gustan los críticos, será que no me gustan las poses, ¿moderno? ¿estar al día? , si tuviera que elegir me tiro a lo clásico, Yourcenar, Cortazar y otros demonios, pero tampoco me cierro a que me sorprendan con algo tan actual como Amin Maalouf y sus desorientados, por ejemplo, siempre seré de "me gusta", "no me gusta" sin más pretensiones.

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  6. Cómo escribir acerca de África del keniata Binyavanga Wainaina; ed. Sexto Piso, 2013. Nunca me agradecerás suficiente esta recomendación, Julián

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  7. Barbusse. Me imagino que "Antidoto para la Melamcolía" (que, como ya podrás imaginar, es un libro notoriamente melancólico) va a encantarte. Espero que cuando lo leas lo dedicas unas líneas. Me encantaría conocer tu opinión para ver si estoy, o no, exagerando.

    Liamtxu. Maalouf es un Goncourt. Y su trayectoría me parece bastante consistente. ¡Buen Gusto!.

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