martes, 5 de noviembre de 2013

J. BLUFF & H. CAULDFIELD (Parte II. Chica Soñadora)


(viene del post anterior)

Otra vez con los ojos cerrados -eso es algo que me gusta bastante: cerrar los ojos y pensar que desaparezco del sitio donde me hallo- intuí, primero, a la chica revolverse en su asiento; sentí después, de inmediato, el roce de su rodilla contra la mía. No nos dio por separarlas a ninguno de los dos.

El vehículo continuó avanzando y nuestras rodillas permanecían en contacto. Volteé el rostro. Vi sus ojos cerrados y un poquito de saliva en sus labios. No era ninguna divinidad, pero era joven, y fresca, y el rosa de sus mejillas rebosaba vida. Aprecié como se merecía, aquel color. Volví a cerrar los ojos y junté mi muslo contra el suyo.

El vehículo continuó avanzando y nuestros muslos permanecían bien pegados. El sol comenzaba a caldear el ambiente y yo me sentía francamente contento. Ya se lo imaginan.

Este ingenuo entusiasmo me animó a ignorar la prudencia -¡y luego era yo el que me metía con el conductor! ¡estaba visto que, en el fondo, los tíos éramos todos unos gallitos!- y, en lugar de aguantarme las ganas, poco a poco fui montando mi pierna por encima de la de ella, de su muslo. Tampoco la chica dijo nada esta vez; prefirió, muy certeramente, continuar fingiéndose dormida.

A mí, háganse a la idea, seguro que ya estarán haciéndosela, aquel asunto que la chica y yo nos traíamos entre manos me estaba pareciendo la mar de simpático, me recordaba una escena de una peli de las de por la noche, de las de los viernes por la noche. Pero de verdad. Y pese a que me moría de ganas de mirarla con algún detenimiento... echarle un vistazo a la cara, al pecho y demás... resolví permanecer con los párpados apretados por pura cautela, no fuera a ser que mi mirada pudiese llegar a cohibirla y ella resolviera ponerle punto y final al jolgorio.

Nuestros codos permanecían en contacto y nuestros dedos sin tocarse. Sentí, ahora, como la muchacha separaba a propósito sus muslos y desplacé mi pierna un poco más.

Al cabo de sólo unos pocos minutos ¿tres, cuatro...? el autocar hizo parada en Vitoria y ella descendió a la estación con su bolsa de viaje colgada al hombro. Su figura era lo bastante bonita como para habérselo dicho en persona mientras la tuve sentada al lado mío. Sin embargo... no había surgido la oportunidad de hacerlo.

5 comentarios:

  1. Lento, muy lento (el prota, no el narrador)

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  2. Si lo fue el prota, lo fue el narrador. Ya que estamos hablando de la misma persona.

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  3. Tenía un amigo en el instituto que había leído "El guardian entre el centeno" y no le había gustado demasiado, además estaba harto de su fama de libro “de culto”. Por otro lado, a mi amigo le gustaba mucho Benny Hill, por eso siempre se refería al protagonista de la novela de Salinger como Holden Molden, que decía que era un nombre típico de los personajes interpretados por el cómico británico.
    Yo lo leí mucho después de la adolescencia y me sorprendió muy positivamente, quizá porque después de haber oído hablar tanto del libro a gentes de dudosa catadura esperaba poco de él. Pero creo que si se lo saca de determinado contexto es, en definitiva, una buena novela, y que su influencia puede ser nefasta (como la de Jack Kerouac) en un elemento como Ray Loriga, por ejemplo, pero muy buena en cosas como las que escribes tú, no sólo en estos episodios sino también en otros relatos y recuerdos anteriores.

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  4. Loriga junta bien las palabras. No perfecto, va a su bola. Es un escritor de emblemas. Si fuese "chino" (entre paréntesis ¡eh!) sería maestro en el arte del haiku. Cuando se pone a hacer una novela: con un desarrollo, unos personajes, una trama argumental coherente, el tío se desinfla. Luego he visto que algunas de sus mejores frases eran copiadas. A pesar de todo, mejor, a mi juicio, que la mayoría de los que escriben por aquí. ¡Un abrazo Antonio!.

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  5. No, siendo la misma persona, narra deprisa y actua lento con las chicas

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