lunes, 4 de noviembre de 2013

J. BLUFF & H. CAULDFIELD (Parte I. Autobús)


Acababa de hacer mi trabajo en una capital de provincia y tenía que desplazarme de inmediato hasta otra ciudad a continuar desempeñándolo. No voy a decirles en que consiste mi trabajo porque eso carece de importancia. A lo mejor para ustedes pudiere tenerla circunstancialmente ahora que justo estoy hablándoles de él, pero, de verdad, se lo aseguro, se trata de algo sin interés alguno. La empresa no me proporcionaba un coche de alquiler y cogí un autobús de línea, muy temprano, a eso de las siete de la mañana, para poder estar a tiempo en esa otra ciudad de la que les hablo.

Iba hecho un perfecto gilipollas con mi americana y mi corbata a juego. A juego... ¿de qué?. Llevaba también una cartera de mano conteniendo todo tipo de documentos y papelotes. Localicé un asiento vacío en la parte de atrás del vehículo, junto al pasillo. En los autocares me gustaba sentarme atrás del todo. Para una vez que lo hice delante, justo en la primera fila, me pase buena parte del viaje: puteado, muy nervioso... observando por el espejo del conductor como, éste, luchaba a brazo partido con el sueño. Cada dos por tres, el muy cabrón estaba a punto de quedarse sopa; se lo dije, y como era verdad -siempre sucede lo mismo cuando le dices a alguien que está haciendo algo mal y es verdad- el tipo, un pobre diablo, se puso hecho un energúmeno y comenzó a increparme. Con la lección bien aprendida, en esta otra ocasión... a la que ahora me vengo refiriendo... me dejé caer como un fardo, sin llegar a quitarme la chaqueta por culpa del frío, en uno de los asientos del final del todo.

Debió ser una curva tomada a una velocidad excesiva la que me succionó provisionalmente de la modorra. Pese a que, al parecer, hay que conducir bastante bien para ser chofer de un autocar de línea, casi ninguno de ellos lo hace. Se creen muy hábiles por manejar esos bicharracos y los tipos abusan a su antojo del impune poder que ostentan en el reino de las autovías. Así pasa, a casi todos les gusta ir más deprisa, aunque sea solo un poco, de lo aconsejable.

Mire hacia mi derecha, hacia el exterior. Las ventanilla se hallaba empañada de vaho. En el asiento contiguo, una chica joven, a la que en esos momentos podía vérsele la piel sonrosada de su mejilla izquierda entre las hebras dispersas del pelo, permanecía hecha un buruño recostada de lado contra el respaldo. Pensé que tenía que tratarse de una estudiante.

(continuará...)

8 comentarios:

  1. Salinger, un novelista sobrevalorado, El guardián entre el centeno, una novela sobrevalorada

    ResponderEliminar
  2. En lo primero puedo estar de acuerdo contigo, Salinger no tiene la suficiente obra escrita como para estar en el Olimpo de la literatura. En lo segundo, no. "El Guardían entre el Centeno" es una de las más grandes novelas de los Estados Unidos de América. Totalmente representativa de su época. Si en cine existe Billy Wilder (el polaco Billy Wilder, no lo olvidemos) en narrativa escrita existe El Guardían entre el Centeno. Un pasote lo mires por donde lo mires.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me explico: El guardián… es la típica novela ‘seria’ perfecta para gentes que han leído poco (sé que no es tu caso), porque les hace parecer más inteligentes, como el personaje ese paranoico que interpreta Mel Gibson en una peli de SF que está obsesionado con ella y representa una clave (cada vez que compra un nuevo ejemplar, los servicios secretos le localizan). Billy Wilder es otra cosa.

      Eliminar
    2. Caulfield la hubiese besado.
      Seguiré por aquí. Me gusta lo que escribes y cómo lo escribes

      Eliminar
    3. Caulfield era un membrillo de 17 tacos y yo un sibarita de treinta y alguno. Mucha diferencia.
      En cuanto a lo de pasarte, haces bien. ;-)

      Eliminar
  3. ¡ Ya me gustaría a mi tener la lucidez de Caulfield con mis casi 50 !

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. PHS XXI

      ¡Ojo! que yo tenía treinta y pocos cuando me paso lo del autobús. Ahora tengo ya bastantes más. Y tal vez sea más Cauldfield y menos sibarita que entonces ¿por qué no?.

      Eliminar