martes, 12 de noviembre de 2013

EL ESTADO DEL ARTE. Lector. Escritores. Crítica (Parte I LECTOR)


Parte I. LECTOR

Cuando me dispongo a leer una novela no pretendo encontrar nada que me noqueé, como algunos dicen andar buscando. Los patrones del mundo, las sorpresas del mundo, todos y cada uno de los comportamientos de los hombres, todas sus debilidades, todas sus razones, incluso las peores, se hallan ya incrustadas, mal que bien (o regular) dentro de mi cabeza. Cuando me dispongo a leer una novela lo que trato de encontrar son un tío, una tía, que no sean unos plastas. Gente que no me de el coñazo. Tal cual. Escritores que aborden las vidas ajenas... con sus problemas y sus dudas... desde el escepticismo, la generosidad y la ironía. Y que cuando hablen -de vez en cuando, sólo de vez en cuando- de sus propias vidas, lo hagan con humildad y sencillez. Sin dramatismos estereotipados. Ni peroratas insustanciales de patio de vecinos.

El que para materializar todo eso, tales escritores escriban claro ¡y bonito! lo considero un requisito indispensable para seguir adelante y continuar leyendo el libro. Cuando percibo que… en el transcurso del proceso creativo… estas personas han conseguido, además, dar con una impronta propia en su modo de manifestarse susceptible de diferenciarlos del resto de sus colegas ¡miel sobre hojuelas! Es a esos últimos a quienes voy a considerar verdaderamente grandes. Aquellos capaces de obtener que sus lectores… por el mero hecho de ser confidentes eventuales de sus palabras… consigamos vivir momentos de plena satisfacción al sernos dado escuchar a alguien capaz de hablar de lo ordinario, o de lo extraordinario, en un tono y con unos términos aptos para transformarlo en singular, en algo casi único.

6 comentarios:

  1. Es lógica tu pretensión; sobre todo después de leer a Proust donde ya está todo eso que algunos exigen a escritores jovencitos de hoy

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  2. Proust constituye toda una paradoja. Una perfecta paradoja. Un tipo que no hace uso las grandes cuestiones del mundo para hablar de si mismo, sino que al hablar de si mismo, y lo hace todo el tiempo, se ocupa de tratar subliminalmente, y sin darle, ni darse, la menor importancia, de las grandes cuestiones del mundo. Un tipo de que de lo "micro" va a lo "macro" y no alguien, como resulta darse con la mayoria, que utiliza estereotipos, tópicos, consignas... para poder insuflarle algo de credibilidad a su lamentable microcosmos de experiencias personales. ¡Enorme don Marcelo!.

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  3. el problema del Arte, literario o del tipo que sea, es que, generalmente, se escapa a las pretensiones que podamos tener; es decir, uno puede establecer toda una serie de "normas" que reglamenten sus gustos y, de pronto, encontrar algo que las contradice y, sin embargo, le seduce...

    Proust es un ejemplo, Bluff: dices que no pretendes que el escritor hable de su propia vida: Proust no habla de otra cosa... dices que si hablan de su vida que sea con sencillez: Proust para nada es un escritor sencillo, sino alguien que profundiza en, como apuntas, las complejidades del mundo desde su experiencia particular, haciendo uso de un lenguaje a menudo ensortijado y nada claro...

    personalmente, a veces yo he tratado de "reglamentar" mis preferencias pero en sentido contrario: rechazando lo ficcional, el artificio literario (deliberadamente literario)... en vano: hay ficciones que me seducen con tanta fuerza como si sus argumentos fuesen absolutamente verídicos

    un saludo

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    1. Ya: el artista como un surfista que cabalga la ola que le lleva, él 'sólo' tiene que ocuparse y preocuparse de no caerse, pero...también está el artista que construye diques y hasta castillos, aunque sea en el aire

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  4. Sí, ésta tuya es una manera de ser lector tan buena como otra cualquiera

    No hay nada más humilde y sencillo que una perorata insustancial de patio de vecinos ;)

    ¡salud!

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  5. JM. Ya aconoces a Lansky, ha sacado a la palestra esa novela, justo esa novela, precisamente para provocar mi contradicción ¡ja, ja...!. Lo cierto es que no desecho de plano que los autores me cuenten su vida, pero que lo hagan bien ¡cómo Proust, coño! Que lo hace con humildad y sencillez, sin dramatismos estereotipados y... bueno mantener que el tío no recurre a veces a peroratas insustanciales de patio de vecinos, ya sería demasiado morro, pero es que -repito- ¡lo hace tan cojonudamente, el manús!.

    Y hablando de esto último le respondo al PHSXXI que no es exactamente lo mismo charlar de gilipolleces con los vecinos de casa porque nos de el punto -¡que hay gente pa' to'- que darnos de bruces con esas mismas gilipolleces en el texto de un libro al que la crítica ha considerado el no va más de los novamases.

    ¡Ojo! La última entrega de esta breve serie de rebuznos versa sobre la crítica.

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