domingo, 13 de octubre de 2013

EL CRITERIO (algo que conviene tenerse desde chiquitito)


Al hablar del criterio, la primera cuestión que casi siempre va a plantearse es la de su propia definición ¿Qué es el criterio?. Si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, que es justo a donde con mayor oportunidad habremos de dirigirnos cuando queremos enterarnos de lo que significa en castellano cualquier palabra, vamos a poder leer allí escrito: "juicio o discernimiento", pero esa es solo la segunda acepción, si nos fijamos en la que viene primero es bien probable que la sorpresa que nos llevemos sea mayúscula: "norma para conocer la verdad". Damas y caballeros ¡tóquense los cojones! (a estos efectos -digamos... enfáticos- va a caber también hacerse en el primero de los casos) ¡resulta que la verdad existe!.

Imaginen ahora que por mor de las circunstancias (el tiempo, el lugar, el medio...) se desenvuelven ustedes en un ámbito social en el que al valor "verdad" se le ha querido, y conseguido, privar de toda connotación excluyente y otorgarle un valor esencialmente relativo. Un ámbito en el que quepa admitirse como verdad cualquier cosa que sea en función de quien sea el que la postule. ¿Qué debería entonces entenderse como criterio en este escenario rotundamente relativista?.

En efecto, casi cualquier opción de pensamiento podría ser válida para ser apreciada como "criterio". Y por ser cualquiera, justo por ser todas admisibles (o casi todas, suprimamos las contrarias al "res naturae") nos habremos cargado al concepto mismo de "criterio".

Viene todo esto a cuento en relación con la mayoría de la obra narrativa que se viene publicando hoy en día. Entendiéndose por las casas editoriales, por los críticos, por los lectores, por los propios autores... que da lo mismo, que escriben igual de bien, ya que estamos tan solo sólo ante una cuestión de preferencias, Danielle Steel que Virginia Woolf, que tanto importa "El Jueves" como "La Revista de Occidente", dependerá de lo que en cada momento vaya buscando el lector, y que tan emotiva y elegante es la prosa de Maximo Manfredi como la de Robert Graves, o casi, podremos hacernos perfectamente cargo de que no pare de salir a la luz todo el tiempo una venturosa concatenación de obras maestras. Obras maestras que a algunos -¿o acaso el dichoso relativismo va a valer sólo para la gran mayoría?- van a parecernos caca. De la vaca.


5 comentarios:

  1. Mola el relativismo, Bluff, queda chulo y liberal (que no libertario), pero, para muchísimas cosas La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero

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  2. Lansky,

    Si fuera de otra pasta, algo menos escéptico, y algo menos misántropo, abriría un blog que se llamase, a veces lo he pensado, "El Porquero de Agamenón", donde pusiese en solfa ese puto relativismo chulo, liberal ¡y hasta libertario!, desde un punto de vista teórico, pero zafio, vanidoso, egoísta y eminentemente utilitarista en la práctica. Si la patria es el refugio de los canallas (yo no lo pienso así) el relativismo sería el escudo de los inútiles. Pero... ¿para qué? lo del blog. No iba a adelantar nada y lo único que lograría con eso es hacerme enemigos. Aprovechar ahora la oportunidad -eso, sí- para solidarizarme con los damnificados del relativismo ¡Abrazos!

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  3. La diferencia entre "preferencia" y "verdad" reside en el filtro que se le aplica a la realidad. "Preferencia" responde a un juicio mayormente subjetivo, mientras que "verdad" se acerca más a lo universal. Sólo los individuos capaces de separarse de sí mismos pueden hablar de "verdad". Todo juicio filtrado por el ego o la identidad es una preferencia, un gusto.

    Podríamos hablar de Kant (fenómeno, noúmeno) y de cómo su visión de la realidad cimenta el relativismo. La sociedad actual convierte esa idea en una falacia. Un individuo lee y como todo es relativo (adopta el relativismo como ideal democrático, de libertad, tolerancia, blablabla), cree que tan sólo puede percibir el fenómeno del libro (una versión del libro filtrada por su personalidad), y ese individuo se pregunta: ¿dónde está el noúmeno (la cosa en sí, el valor real del libro)?, y para obtener la respuesta acude al juicio de la sociedad. Es decir, el individuo confunde noúmeno (valor verdadero de algo) con suma de fenómenos (suma de valores subjetivos/preferencias), como si cuantos más fenómenos positivos hubiera más cerca del noúmeno se encontrara. El problema es que el noúmeno no depende de la cantidad de individuos sino de la capacidad del individuo para salirse de sí mismo y ver a través del fenómeno.

    Rollaco que he soltado...

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    1. La diferencia entre "preferencia" y "verdad" es la que hay entre "gusto" y "criterio" precisamente

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  4. CUMB

    Lo que dices es cierto aunque su conclusión no termina del todo de librarse de la corrección política -deliciosamente trufada de mousse filosófica-. Porque eludes hablar en ella de la "autoritas". Eso es lo que el individuo de la sociedad actual -patán, egoísta, vanidoso- odia ante todo, que pueda exisitir alguien en algo (salvo en lo del fútbol y de aquí viene el endiosamiento de los futbolistas) que sepa más que él. Alguien respecto al que se sienta éticamente obligado a reconocerse parcialmente inferior. Le jode tanto, tanto, eso al hombre actual, que ha querido proverse de una herramienta con la que poder ningunear a los "maestros".

    Cuando lo cierto es que los neófitos han necesitado siempre en su iniciación, y para prosperar en sus conocimientos, las enseñanzas de los "verdaderos maestros". Esos que los individuos de la sociedad que habitamos se han encargado de desligitimar por medio del relativismo.

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