miércoles, 30 de octubre de 2013

LA ETERNA CUESTION


"Ten cuidado..." -me dice el sargento- "...tápate la nariz...." -no llevo pañuelo y me aprieto las narices con los dedos- "... suelen intentarlo de varias formas a la vez. Para no marrar".

Levantamos la puerta. Del techo del garaje cuelga un cordón de goma con una bombilla sin pantalla que expele una luz blanquecina. Al lado de la bombilla, un hombre pende de una soga. Es viejo, aunque no demasiado viejo, y se le ha desprendido la alpargata de uno de los pies. Me acerco. En la bombilla hay pegados trozos de mosca. En la cara del hombre se hallan posadas dos moscas enteras.

De manera instintiva -y estúpida- retiro los dedos de donde están para espantar a las moscas y aspiro fuerte. Empiezo a toser. Allí dentro hay un olor a pesticida que tira de culo. Congestionado, enmedio de las toses, me cago por dentro en la puta madre del viejo y salgo afuera.

"Anda que no te queda a ti mili, chaval" me apercibe Armajales, que también ha abandonado el garaje.

"¿Una cuestión de lindes...?" le pregunto.

"Una cuestión de que el pobre hombre estaba hasta los huevos...".

 "Ya". De entrada no se me ocurre decirle a Baldomero nada original acerca del suicida. Es él el que se encarga de facilitarme a mí las correspondientes explicaciones.

"La eterna cuestión". 

sábado, 26 de octubre de 2013

BUKOWSKI Y LA COMPRENSION CORRECTA


Daba comienzo julio. Entonces yo era muy joven. Había leído a Bukowski y soñaba con ser -sin necesidad de tener que reconocérselo a nadie- un perdedor con buena estrella. Soñaba con tener amantes a barullo.

Quería estar colgado, absolutamente colgado. Pasar de todo. ¡Anyway, anyway!.

Al llegar a casa me quedaba en calzoncillos y me recostaba en un sillón a rascarme la tripa y beberme unas cuantas latas de cerveza. Ya, medio trompa, me ponía a escribir. Quería escribir bien -con todo mi corazón-. Escribir limpio, claro. Puro pan candeal.

No deseaba que quedase ni una brizna de paja entre las cosas que decía: un tiro era un tiro y un hígado podrido era un hígado podrido y decir joder era decir amar y niños y problemas y la familia de tu mujer. Y notaba una falta de entendimiento en los demás.

Ese verano, con su asfalto ardiente, su desarraigo y su sol salvaje comencé a coquetear con la soledad. Mis héroes no necesitaban a nadie para perder, ni siquiera a la mala suerte. Menos que a nadie a la mala suerte.

Pero yo no era un héroe y antes de que me quisiese dar cuenta todos mis amigos se habían largado, sin mí, por ahí, de vacaciones, a redescubrir la dicha de los mares y los fuegos de goce con se incendian las muchachas bonitas bajo su influjo. Coches quemando el tiempo entre sembrados, taludes y viñas en busca de cuerpos desnudos y promesas de amor.

Con el atardecer, yo salía a la terraza a regar. La música de The Jam sonaba fuerte en el estéreo. Por la calle apenas pasaba gente. Pero hubo algunos hombres -muy pocos- que miraron hacia lo alto, y yo entonces pude apreciar en sus rostros: adustos, indiferentes, hastiados... un gesto descorazonador de incomprensión y vergüenza.

Fui perfectamente consciente de no hallarme en el sitio correcto.

miércoles, 23 de octubre de 2013

PRECISION


Acababa de fallecer mi abuelo y yo estaba muy triste. El maestro me propuso que subiéramos a una loma desde la que además de las montañas podía verse buena parte del valle.

Cuando estábamos arriba, sentados, el maestro me preguntó: “Dime, Kenju ¿qué ves desde aquí?”. Le respondí: “Las montañas, un montón de pinos, dos aldeas y varias granjas. Prados. Algunas carreteras y la vía del ferrocarril. Torres metálicas para el tendido eléctrico dispuestas en fila a lo ancho de la ladera de la montaña. También veo el cielo y algunas nubes que flotan en él”.

-“Te falta el sol” añadió el maestro.

-“Me falta el sol” le reconocí.

El maestro se dirigió a mí con aparente satisfacción. “Vaya... veo que eres una persona de fíar. Te felicito. Todo eso, que tú dices, es justo lo que se ve desde aquí arriba”.

lunes, 21 de octubre de 2013

SIMETRIA


Los hombres queremos que las mujeres nos quieran porque nos lo merecemos. Las mujeres lo que van buscando es un hombre que las quiera aunque no se lo merezcan. En el fondo, es lo mismo.

domingo, 20 de octubre de 2013

TWIGGY


A vuela pluma. Para evocar, antes de que coja el coche y me largue a la playa a pasear o a montar en bici; para evocar, digo, desde este apartado lugar donde escribo, la cava de los arquetipos, la guarida del pícaro... una época y un estilo de vida a los que cabría calificarse, también en lo estético, como un renacimiento de El Renacimiento en plena edad contemporánea ¡No hace tanto tiempo, ea!.

Ya cicatrizadas las heridas de la segunda Gran Guerra, se impone en el Reino Unido un movimiento social y cultural que va a legitimar con naturalidad, sin ampulosidades ni traumatismos: la liberación sexual, la perspectiva del feminismo como una aspiración justa y necesaria, las proclamaciones pacifistas sin dobles intenciones, el consumo de sustancias psicoactivas con fines lúdicos, la creación artística como objetivo primordial del ocio juvenil...

Y así... florecieron, más allá del canal, en ese fecundo periodo de la historia del mundo, y por expansión, luego, más acá del canal: las bellas artes, el diseño, la moda y la música, sobre todo la música pop, como espontánea alternativa al atolladero creativo en el que se hallaba inmersa la música clásica (dodecafonismos, expresionismos, verbalismos y otras yerbas). E irrumpió igual esta espontánea renovación en la moda, permitiendo a todas (y todos) adoptar un estilo propio, al margen de cualquier convencionalismo, con el que poder dar rienda suelta, de esa forma tan modesta... pero tan particular... a sus afanes creativos.

Se trató de una época única y maravillosa, y que mejor manera de rendirle homenaje, que trayendo aquí a uno de sus principales iconos y poniéndola a hacer algo que habitualmente no hacía: cantar. Adviértase esta peculiaridad en la interpretación de la bella modelo: cuando parece que no va a llegar a dar la nota, en lugar de bajar el tono, como es lo habitual, lo que hace es elevarlo, y de esta forma, mal que bien, la ricura va saliendo airosa del compromiso.

Como pueden darse cuenta, hay gente para todo. Y aquí tienen ustedes a este panoli cibernético, que, con la que esta cayendo, en lugar: de intentar solucionar los problemas del mundo, de agitar conciencias... de lo que se ocupa es de exhibir la faceta como cantante de una famosa modelo de pasarela. Pero... ¿y si, en realidad, fuere así como el mundo se fuera arreglando?


miércoles, 16 de octubre de 2013

LOS ORIGENES DE LA SABIDURIA


El gran magma donde fragua la sabiduría no se halla en Jarash, no es tampoco hijo de la casa de Jericó, es de todas las sangres y de todos los siglos. Discurre, junto al viento, entre los resucitados.

domingo, 13 de octubre de 2013

EL CRITERIO (algo que conviene tenerse desde chiquitito)


Al hablar del criterio, la primera cuestión que casi siempre va a plantearse es la de su propia definición ¿Qué es el criterio?. Si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, que es justo a donde con mayor oportunidad habremos de dirigirnos cuando queremos enterarnos de lo que significa en castellano cualquier palabra, vamos a poder leer allí escrito: "juicio o discernimiento", pero esa es solo la segunda acepción, si nos fijamos en la que viene primero es bien probable que la sorpresa que nos llevemos sea mayúscula: "norma para conocer la verdad". Damas y caballeros ¡tóquense los cojones! (a estos efectos -digamos... enfáticos- va a caber también hacerse en el primero de los casos) ¡resulta que la verdad existe!.

Imaginen ahora que por mor de las circunstancias (el tiempo, el lugar, el medio...) se desenvuelven ustedes en un ámbito social en el que al valor "verdad" se le ha querido, y conseguido, privar de toda connotación excluyente y otorgarle un valor esencialmente relativo. Un ámbito en el que quepa admitirse como verdad cualquier cosa que sea en función de quien sea el que la postule. ¿Qué debería entonces entenderse como criterio en este escenario rotundamente relativista?.

En efecto, casi cualquier opción de pensamiento podría ser válida para ser apreciada como "criterio". Y por ser cualquiera, justo por ser todas admisibles (o casi todas, suprimamos las contrarias al "res naturae") nos habremos cargado al concepto mismo de "criterio".

Viene todo esto a cuento en relación con la mayoría de la obra narrativa que se viene publicando hoy en día. Entendiéndose por las casas editoriales, por los críticos, por los lectores, por los propios autores... que da lo mismo, que escriben igual de bien, ya que estamos tan solo sólo ante una cuestión de preferencias, Danielle Steel que Virginia Woolf, que tanto importa "El Jueves" como "La Revista de Occidente", dependerá de lo que en cada momento vaya buscando el lector, y que tan emotiva y elegante es la prosa de Maximo Manfredi como la de Robert Graves, o casi, podremos hacernos perfectamente cargo de que no pare de salir a la luz todo el tiempo una venturosa concatenación de obras maestras. Obras maestras que a algunos -¿o acaso el dichoso relativismo va a valer sólo para la gran mayoría?- van a parecernos caca. De la vaca.


jueves, 10 de octubre de 2013

DIEZ REGLAS DE ORO PARA SER (HOY) UN NOVELISTA DE EXITO



Primera: Decir la tira de obviedades, cuantas más mejor. Y hacerlo completamente concienciado, gustándote... como acostumbra a decirse de los toreros cuando empiezan a hacer filigranas con el capote, a toro pasado.

Segunda: Universalizar los problemas personales. Si a ti, escritor, ese día te apetece pizza congelada "a los tres quesos" (aunque ponga "cuatro" en el cartón de la caja, como mucho lleva de tres. Lo que ocurre es que lo de "quattro" suena sublimemente italiano) y no la tienen en el supermercado de abajo de casa, convertir ese problema, tuyo, con la pizza, en un incidente único capaz de convulsionar todas las conciencias. 

Tercera: Emplear frases hechas y refranes, todos los que puedas. Las primeras les van a permitir a los lectores empatizar con los personajes de la novela; a los segundos, estos mismos lectores, los van considerar parte del mensaje intelectual que toda obra de arte ha de llevar implícito. 

Cuarta: Intensificar a tope los adjetivos, que no le quede al lector la menor duda del contenido y el alcance de lo que está leyendo. A titulo de ejemplo: "la malvada perfidia" "el enigmático misterio" "la hermosa belleza". (El uso de "acojonantes testículos" no se recomienda de momento, hasta ver como evolucionan las ventas de la nueva novela de E. L. James) 

Quinta: Pasar en moto de la sintaxis. Que la peña no se cosca. Pero no utilizar subordinadas bajo ningún concepto. Que con esto la peña sí que se hace la picha un lío. 

Sexta: No emplear gerundios por nada del mundo. A los críticos les horrorizan los gerundios. "Me está jodiendo el culo un grano" (mal) "A mi culo un grano le provoca malestar malo" (bien) (Vid. Javier Marías). Esto lo explican fetén en los talleres de escritura. 

Séptima: No cortarse una cala a la hora de utilizar palabras cursis -yo las llamaría mejor, pedorras-. Valga por todas, porque me parece la chunga por antonomasia, y no existe una obra literaria actual de verdadero éxito que no la contenga en su seno (lo ven, aquí "seno" sí que se puede poner porque viene dicho con ironía ¿capici?), "pergeñar". "Pergeñar" es directamente la hostia montada en una Derby Antorcha. 

Octava: Muchos, muchos nombres de pila molones: Nacho, Bea, Iván, Alba, "Kurt" (se puede meter alguno en inglés, porque al chaval, como le gusta mucho Nirvana, sus colegas lo llaman así) Leticia, Yago... Los de ascendencia extranjera: Jennifer, Joshua, Jonathan, Jessica solo cabe adjudicárselos a habitantes del altiplano, con los que los protagonistas ¡eso sí! van a llevarse da buten. 

Novena: Aunque seas feo, no tiene que darte coseja posar poniendo cara de "guapo" en la solapilla de la portada. Si es menester apoyas la barbilla en la mano y con el índice y el corazón te tapas un poquete la tocha. 

Décima y última: Que encierra en sí misma todas las demás. Haber vivido tan poco, haber leído tan poco, que gracias a un grado de autoconsciencia mínimo y otro de autoindulgencia máximo no vas a darte ni puta cuenta de que estás haciendo estrepitosamente el rídiculo por culpa de tu maravillosa novela.


miércoles, 2 de octubre de 2013

TERCER ANIVERSARIO


De "Los Diarios del Clavadista Solitario"

Esta mañana nevó sobre los puentes. La tarde bosteza en su interludio y los hombres se mueven sobre la nieve caída... medio derretida... sucia, en ambos sentidos, por las dos aceras del puente. Hay algunos que se dirigen al este, camino de su hogar, y hay otros que se dirigen también hacia el este porque lo que andan buscando es postergar el momento para las preguntas -y las miradas- de unos niños nerviosos, sus hijos, que por lo general los desconciertan y a veces les impulsan a pensar en fracasos. 

Y con los que avanzan en dirección contraria ocurre exactamente lo mismo.

Ella forma parte de esos transeuntes que atraviesan el puente. Camina con su cara ladeada mirando el río, ajustándose al rastro imaginado de otras contemplaciones suyas precedentes. Conoce, se lo enseñaron siendo bien pequeña, que las aguas que componen los ríos proceden del deshielo de las montañas y su destino final son los océanos. Hoy, dichas aguas, aparentan ser negras, y, en contraste con la nieve posada en las riberas del cauce, exhiben un rilar metálico que desconcierta, insinuan, de tan oscuras como lucen, poseer la consistencia dulce y sólida de los imanes. Mas esas otras miradas suyas que un día cruzaron ese espacio no se encuentran hoy ya por allí. Corriendo la misma suerte que las aguas que otrora fueron sus destinatarias, en el momento presente es el mar el que las acarrea consigo mientras se expande, como un alien, entre las interminables nervaduras de la costa.

Se siente satisfecha. Le reconforta saber que aunque él se encuentra solo en otro lugar de la ciudad y ella recorriendo -también sola- ese puente de piedra, enlucido por la nieve, de camino al centro, los dos van a estar juntos otra vez esa misma noche. Como ayer. Como viene sucediendo todas las noches desde hace tres años. Sí, a ella le gusta la ternura, saber que cada vez que regrese a casa, va a encontrárselo dentro, esperando. Comprobar, al expirar las tardes, que él no es uno de esos a los que la desilusión ha impulsado a fugarse unos minutos antes. Se lo ha dicho muchas veces, que no lo haga, que no se marche solo, que siempre va a estar dispuesta a acompañarlo. A donde sea. Las contestaciones de él no han ido nunca más allá de la sonrisa. Y ella invariablemente ha sentido entonces, desnudada su alma por esos silencios, una necesidad imperiosa de cariño, hambre -pura- de abrazos; incluso, en ocasiones, el deseo de obtener por la fuerza un juramento de amor. Pero recapacita: “¿si me respondiese, lo haría con sinceridad?”.

Acelera el paso, se lo imagina ahora sentado frente a su mesa, cavilante, circunspecto, con un bolígrafo azul en la mano, abstraido en su mundo. Le asusta saber que lo ama. Sabe que el amor pende siempre del hilo del azar y le da miedo, al igual, creer que también él la quiere a ella de veras.

Seguir los dos juntos: mañana, pasado, también el año que viene y al otro... emparejados, apareados como dos pequeñas aves cobrizas en algún rincón de La Pampa. Ejemplares de una privilegiada especie animal a la que el paso del tiempo ha ido prestando corazón y talento, amor y cordura. Abrazados con fuerza bajo los copos de la nieve que caen, haciéndoles frente -juntos- a las incertidumbres, asimilando amablemente y sin protestas todos los dones que depara a los hombres el discurrir del tiempo. Las arrugas y las canas lo son.

Esta noche lo mirará a los ojos y volverá a repetirle que lo quiere. Esta noche -la de San Valentín de su tercer aniversario- tal vez, ojalá, él podrá dar con el paradero de ese secreto que ella guarda dentro su corazón, gracias al cual no va a resultarle nada fácil marcharse de su lado y abandonarlo.