martes, 16 de julio de 2013

LA OCTAVA DIMENSION


El laberinto de los sueños. Probablemente un rey magnánimo mandara construirlo en la alborada de los tiempos para que sus súbditos, incluso los más listos entre ellos, no pudiesen adquirir plena conciencia de su ignorancia.

14 comentarios:

  1. ...y por él seguiremos vagando, como necios felices, hasta el fin de los tiempos.

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  2. Y no sólo el laberinto de los sueños. También la madeja de las mentiras, y sobre todo red de las verdades a medias, que es peor porque se detecta peor

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  3. "Un rey magnánimo". Me ha encantado. Imagino que estoy cayendo en el tópico fácil, es mala hora ya, pero te veo borgiano, Julián.

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  4. Antonio. Así es. La realidad jamás es suficiente. Para nadie.

    Lansky. Mira lo que leí el otro día en un blog llamado "Mercancia en Desuso". "Es más fácil engañar a alguien, que llegar a convencerlo de que lo han engañado". A los seres humanos, nos gusta que nos mientan.

    Vanbrugh. Esa novela ¡ya!. ¿El argumento?. Muy sencillo: tu blog. O, lo que es igual, nosotros: Lansky, Panciutti, Cigarra, Grillo, Emma, Antonio... ¡hasta yo mismo podría haberme hecho acreedor a un modesto huequecito desempeñando un atrabiliario papel de reparto: "la mente difusa"! ¡Incluso mal-herido, por aquello del tirón mediático, podría salir en tu novela!. De esta manera, podrías meter en el texto partes escogidas de tus posts, y de sus correlativos comentarios, y explayarte con viejas anécdotas familiares que es algo que siempre viene que de perilla. Te quedaría un libro apañadísimo, divertidísimo e incluso -y por lo demás- megaintertextual, que ahora mismo es lo que lo peta.

    Y de aquí a seis meses, todos como la Lucia Etxebarria

    Lansky, Miroslav y mi menda en el "Sálvame de Luxe". Y tú, y el grillo, de incógnito en Bayreuth con dos gemelas bielorusas de veinticinco.

    Un planazo. Pero primero tienes que escribir la novela, my spaniard Wodehouse

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  5. Mientras intentas convencer a Vanbrugh de que escriba su novela 'wodehousiana' (por cierto, yo quiero salir más alto), aquí te envío otra cita a cambio de la tuya. Buen verano:


    “Para ganarme el pan, cada mañana
    voy al mercado donde se compran mentiras.
    Lleno de esperanza,
    me pongo a la cola de los vendedores."


    Bertolt Brecht

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  6. Muchas gracias por tus ¿buenos? deseos, Julián, pero solo leer el plan novelístico que me sugieres me cansa. Esa receta que me propones, la de escribir mi primera novela acerca de mi blog y sus concurrentes: o sea, en realidad, acerca de lo que entonces habría que considerar como mis primeros intentos de escribir mi primera novela, es exactamente la que han seguido unas cuantas decenas, centenas, quizás, de aspirantes a novelistas que, como yo, no encontraban ningún argumento mejor sobre el que escribir su primera novela pero, a diferencia de mí, no eran capaces de identificar en esa circunstancia el síntoma más significativo de que NO DEBÍAN escribir novela alguna, sino seguir santamente enhebrando ocurrencias en su blog, su cuaderno azul, o donde sea. Los novelistas se caracterizan, en primer lugar, porque tienen historias que contar -luego, además, tienen que saber cómo contarlas, requisito igual de importante o más que el primero, pero lógica, cronológica y ontológicamente posterior a él-. Quien carece de historias hasta el patético punto de tener que recurrir como argumento al de sí mismo queriendo contar alguna historia debería reconocer en ello un cartel luminoso intermitente que en grandes letras rojas está advirtiéndole: NO ERES NOVELISTA. NO ERES NARRADOR. NO ESCRIBAS UNA NOVELA. LOS DEMÁS NO TIENEN LA CULPA. Yo reconocí el aviso hace años, y estoy férreamente pertrechado, por tanto, para resistirme a tus amables cantos de sirena. Que, por otra parte, imagino que no son más que un amable intento de tomarle el pelo a todos esos novelistas solipsísticos de que hablo, usándome a mí de paradigma, cosa que me parece muy bien.

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    1. Te has pasado, Vanbrugh, yo que soy un lector atento me doy cuenta perfectamente de que le has llamado sirena al pobre Bluff (¿por dónde mean las sirenas, y por dónde …eso, sí?: no puedo evitar ser un naturalista vocacional)

      Pero lo que dices de hablar de uno mismo, no estoy de acuerdo, la literatura es alquimia y transforma y parte de las experiencias propias (¿de cuáles otras si no), unos como, pongamos, Julio Verne, lo hacen más imaginativamente (pero ahí está don Julio en el fondo, dando la vuelta el mundo en 80 días, ganando uno) y otros, como don Marcelo (Proust) más abierta pero igual de alquímicamente. A mí que soy un lector acojonante, me gustan los dos. Escribiré un post sobre esto a mi vuelta, y os lo dedicaré a los dos, aunque Bluff no pasa ni comenta en el mío, como sí hace en el tuyo, pero da igual, esto no es un mercadillo sino el fascinante mundo internáutico, o algo así

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    2. Pero Julio Verne tenía historias que contar. Nunca nos asestó la penosa narración intertextualizada y festoneadas de consideraciones marginales de cómo se propuso ser novelista y empezó a escibir una estupenda historia cuyo argumento era que se propuso ser novelista y empezó a escribir una estupenda historia cuyo argumento era.

      Para que esta fórmula funcione hay que pormenorizarla exhaustivamente desde la edad de cinco años, sin dejar anécdota sin analizar ni rincón de los propios sentimientos, por recónditos que sean, sin explorar, a lo largo de al menos siete tomos. Lo que sale no es una novela, aunque la llamemos así a falta de mejor nombre, pero si quien lo hace escribe como Proust no serlo no le impide ser una obra maestra.

      Yo, aunque Julián me aprecie mucho, cosa que le agradezco en el alma, no escribo como Proust. En mis escasos mejores momentos llego a imitar pasablemente a Wodehouse, que a mí me encanta pero no es exactamente lo mismo. Y siete tomos de Wodehouse introspectivo, la verdad, no lo veo yo...

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    3. Claro, claro, tienes razón, pero lo que yo quería decir y creo haber dicho no contradice esto tuyo, sino simplemente que todos escribimos desde nuestra experiencia, desde cuál si no, Verne y no solo Proust , también: la experiencia que transmuta el narrador en novela no es el relato puntual de lo que le ha pasado, por eso hablo de alquimia, Verne no sé si viajó en globo, si lo hizo eso le ayudó seguro, pero habló con aeronautas (encantador nombre), eso me consta, etc. Eres tú el que has hablado de introspección con el pie que yo te he dado de Proust. No me refería especialmente a eso cuando hable de escribir, transmutando, desde la experiencia. Por otra parte y con excepciones, al revés que Bluff, yo detesto lo metaliterario donde abunda lo pretencioso y lo facilón (citar al citado eternamente: el peor Vila-Matas, no el bueno, para entendernos). En fin, Vanbrugh, que es este asunto de muy largo recorrido, no te pienses que lo hemos agotado.

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  7. ¡Haya paz! Yo, que soy un fanático del estilo y que, en el fondo, me importa más la estética que la ética, aunque en realidad una y otra suelan ir aparejadas de la mano, y aunque con el paso del tiempo haya venido a darme cuenta de que en realidad (para mi pesar) soy alguién esencialmente ético y -sólo- dudosamente estético, te digo a tí, mi buen Vanbrugh: escribe la novela, da igual de lo que sea. Escríbela. Porque... me encanta tu estilo, baby.

    La frase de Brecht es tan cínica que llega a ser la de un desesperado.

    La Sirena de La Barceloneta. ;-)

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    1. El estilo no es nada, sólo importa cuando lo es todo. De ahí al peste de los imitadores.

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    2. Y discúlpame de antemano Julián si no sé decirlo de forma suave, ya que la diplomacia no es mi fuerte ni nunca lo será, pero no has entendido nada: la frase de Brecht es todo menos cínica. De hecho, lo suyo es estilo (fondo y forma demoledoras, como al de los poetas)

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    3. ¡ojo, Lansky! Observa que Bertolt se pone en la cola de los "vendedores", no en la de los "compradores". Sabe que para seguir adelante tiene que mentir. Vender mentiras. Como no podría ser de otra manera, por otro lado. Yo creo que tú la has leído con los ojos de los dieciocho años. Lo cual, lo miremos por donde lo miremos, está pero que muy requetebien. ;-)

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    4. Ya, pero no. Confundes al autor con su personaje (lo que hablaba con Vanbrugh sobre la experiencia), es una denuncia elegantísima: ESTILO

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