sábado, 6 de julio de 2013

EL FUNAMBULISTA


Mi casa no es el mundo. Recluido en un holograma de soledad hago recuento de caricias, me abstraigo en un repaso de deseos, cortejo a mi tristeza con palabras y miradas de amor colgadas en el tiempo.

Mi vida son cientos de burbujas transparentes volando en un cuarto pequeño, es intimar con un ordenador y con un libro de colores, de varios tomos, que en ocasiones consigue dar, haciendo bueno su título: “En Busca del Tiempo Perdido”, con el actual paradero del pasado. Aunque acaso, el pasado, haya veces -muchas- en las que preferiría vivir de incógnito, pasar completamente desapercibido.

En el libro de al lado las sonrisas son francas, cálidas las miradas, una lluvia de vino lustra los adoquines y los perros más golfos le chulean a la luna sus amantes más jóvenes.

La luna de mi cuarto no es de plata ni tiene llagas; ilumina a sus pies, abullonada la tela blanca de su pantalla como una nube plácida de merengue, mi cama. La aprecio como a una amante sumisa que adorase la música.

Me gusta sentarme a pensar en un rincón, en un sillón, junto a un ficus muy oscuro, que lo guarda; es ese mi jardín botánico.

El mundo... pensado desde ahí... parece: demasiado simple. Demasiado burdo. Y los hombres y las mujeres son sólo eso: hombres y mujeres. Seres de carne y hueso cuya propia insignificancia es la causa esencial de sus derrotas.

Le comento a mi compadre el ficus: “mi casa no es el mundo”. Y, él, sólo me sonríe si le apetece.

Degusto la tristeza sorbo a sorbo, su sabor se confunde con el bourbon del vaso, cubren mi paladar: el compromiso de ser un hombre, el transcurso del tiempo y la melancolía, inmortal, que todos los futuros miman.

Se paran a beber conmigo algunos de mis amigos muertos: Enrique Urquijo, Antonio Vega, Owsley... Los muy granujas consiguen casi siempre salirse con la suya: me emociono casi siempre al oír su música. Con sus cantos limpios, de tristeza, me muestran que la felicidad no constituye una patraña inalcanzable. Que pacientes, en compañía de tragos y canciones, y siempre que uno esté dispuesto a perder alguna neurona rebelde o incluso a que le estalle un vaso capilar en el lance, ni siquiera es un lujo.

2 comentarios:

  1. Pensado desde ese rincón el mundo parece demasiado burdo y simple, y pensado desde fuera parece a veces no excesivamente complejo pero sí demasiado duro y cruel.
    No conozco bien la obra en solitario de Antonio Vega, pero el “Buena Disposición” de Nacha Pop es sin duda el mejor disco español de rock and roll de todos los tiempos y probablemente uno de los veinticinco mejores de los que se grabaron aquel año en todo el mundo.


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  2. "Buena Disposición" siendo el disco mejor considerado de los Naca Pop, no es mi favorito. Me gusta más... el "Dibujos Animados". Y me llega más Antonio Vega, en solitario, canciones sueltas, que con la banda. En cualquier caso, al lado de lo de ahora, tanto él como Enrique Urquijo, dos absolutos colosos. A Owsley ¿lo conoces?. La próxima entrada, pego una canción de él. ¡Un fuerte abrazo!.

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