jueves, 27 de junio de 2013

ST. GERMAIN C'EST VRAI



El placer único, exclusivo, casi imposible de concretar, que deparan ciertos recuerdos, como tesoros -de los que suelen ser eficientes guías: la música y algunos aromas- gracias a los que sentimos -sí, he dicho bien ¡sentimos!- como cuando sucedió en realidad todo eso que ahora es objeto de evocación. O, más propiamente, parece como si volviésemos a ser testigos directos de esos lugares en los que estuvimos, protagonistas de esas sensaciones íntimas que nos conmovieron. Unas imágenes y unos sentimientos de un ayer muy lejano que ahora... hoy, al cabo de los años, han resuelto rebrotar dentro de nuestro espíritu; algunas veces, con renovados bríos.

Una magia especial, un estado de gracia, un excelso tesoro, que deriva en el fondo -no les quepa a ustedes duda del detalle- de reconocernos por unos instantes sanos y dichosos, justo tal y como éramos. De sabernos -durante esa breve ráfaga de tiempo, mientras transcurren esos afortunados fogonazos de la memoria- completamente a salvo. Una experiencia única, fantástica... que se ciñe... al final... al hecho, cuestionable, de llegar a disfrutar, siquiera sea durante unos pocos segundos y de forma no perfectamente nítida, del supremo don: quimérico, iniciático, alquímico... de poder rejuvenecer. Nos conformamos. Yo, me conformo.

4 comentarios:

  1. personalmente, no me interesa otra cosa: los tesoros excelsos de la memoria

    saludos

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  2. J.M

    La nostalgia es muy tentadora, la melancolía lo es aún más, pero las mujeres dulces les superan en atractivos a ambas ;-)

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  3. ellas se suelen instalar en la memoria; de manera que uno no es capaz de percibir esa dulzura hasta que las recupera y las añora

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  4. J.M, es usted un pajero de las emociones (y...)

    Como casi todos, por otra parte.

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