domingo, 16 de junio de 2013

SEVILLA, MON AMOUR



Hablamos de Sevilla, mi madre y yo. De otro tiempo, pasado ya, en el que no sé si éramos, o no, más jóvenes que ahora, pero sí que éramos un poco diferentes. Y a mí se me consumían las tardes, de entonces, entre espuma y espejos y el cantar de los grillos y el olor a jazmines. Y ella era la sonrisa que iluminaba mi soledad cada vez que iba a verme, con sus ironías juveniles tan madrileñas ¡a sus años! y ese brillo feliz en los ojos semejante al de una Virgen alegre y sabia.

Nos acordamos ahora, esta mañana de junio, en Madrid, los dos, del arroz caldoso con corvina que nos preparaban sobre la marcha, para almorzar, en un restaurante de al lado de casa, y de la vez aquella en la que casi la extravié con el coche por un barrio confuso de casas blancas, bazares y palmeras de tronco interminable, sin apenas hojas, que a mí, no sé por qué, me recordó a la zona del puerto de Argel, donde jamás en mi vida había estado.

Y evocamos ahora, aquí en Madrid, entre sonrisas, las calesas de la feria, la alegría y el color de los bares, y las misas, y el fino porte de sus finas gentes. ¡Sevilla!.

Sevilla, que me salvó una vez de la derrota, no sé si la definitiva, y me abrió ya para siempre, de par en par, las puertas de la melancolía. Sevilla, tan bonita, tan rumbosa… que resulta imposible acordarse de tí y no sentir bullir la alegría. Sevilla con sus sombras perfumadas, sus jacarandas púrpura y su demorado río de jaspe hendiéndola en dos como una faca ¡Sevilla, mon amour!

Sevilla, mi querida Sevilla, mi madre y yo nos hablamos ahora mismo, entre ternezas, acordándonos de tí, y… para celebrarlo, la ocasión lo merece… nos vamos a tomar un vermut. Son casi las dos, estamos en Madrid y es eso lo que toca ¿o no?.

9 comentarios:

  1. Hombre, Julián Bluff...
    Cuánto leo tus comentarios en otros blogs sin saber que tienes el tuyo propio, lo cual acabo de ver al abrir el de Lansky porque creo que ne debe respuesta.

    Me sumo a tu Sevilla Mon amour, en primer lugar por lo bonito que lo dices; también porque vivo en Madrid y evoco los tiempos cuando pasaba por Sevilla a visitar a mi padrino y me quedaba allí una temporadita. D esto hace siglos...
    El hombre tenía un piso en Alfonso XII, 31, muy cerca de La Camapa. Dábamos largos paseos (ay, como me gustaban las jacarandas) y el buen señor me contaba las cosas más peregrinas. Y, además, es que no podré olvidar nunca cuando algunas noches, después de cenar me decía - Ahijado ¿nos vamos al cine? Había uno a cielo abierto en La Camana, y ni corto ni perezoso salía en pijama con las zapatillas de andar por casa... A mí me daba un corte tremendo pero nadie miraba ni decía nada.

    Si señor, Sevilla mon amour.
    (En Pineda di mi primer beso de amor y mis primeros revolcones sin rematar, a una niña de mi edad, 14: otro 'desastre' como para no olvidar... porque a la pobrecita mía le sabía la boca a acetona...)

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  2. Bienvenido a su casa, Mr. Grillo.

    ¡Qué decir! ¡Hay tantas cosas por decir!. De lo de la niña de Pineda ya tenía noticias porque creo que lo has contado en tu blog. De lo de tu tío, no, y me parece fascinante. Un vestigio encantador, de esa inefable España, de don Miguel Mihura, que hoy ni siquiera existe.

    Lo del olor -y sabor- de la saliva a acetona es síntoma corporal de las menstruaciones de la juventud y a mi me parece algo sumamente sexy e inspirador.

    ¡Qué maravilla, Grillo, que hayas pasado por este post. Parece que te estoy viendo en los sesenta (los gloriosos ¡sesenta!) haciendo manitas en pineda con tus primeros pantalones largos. Y hecho un hacha de Momprazem. Aunque con el filo mellado, según nos cuentas.

    ...¿y las estrellas, eh? ¿y... las estrellas? ;-)

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  3. Me gusta Sevilla. pero como aquellas películas calentonas, es para mayores con reparos. me gusta Sevilla y me hartan no sé si la mayoría, pero ese tipo de sevillano que es una jartá de tó, qué grasioso, y mis dos amigos más antiguos son sevillanos, del barrio del Arenal , ahí es ná, y con la azotea más bonita donde yo me haya podido emborrachar; me gusta Sevilla, adoro al Silvio, descanse en paz, aquel roquero desdentado que le cantaba a todas las vírgenes del lugar d u n lado y otro del río, y son un porrón, adoro Sevilla de donde era mi amor fóu más fou seguramente, pero detesto Sevilla en verano, la feria de abril y el rocío de los cojones, las calesas y los turistas atestando el puto barrio de santa Cruz y los jardines de Murillo y las tiendas de camisetas y souvenir por doquier, o sea, que la amo y la detesto mucho, nada de indiferencia, y qué pestazo a azahar en abril, por dios...

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  4. Madrid. ¡Oh, mon chére, mon adoráble Madrid!

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  5. Tened, todos, en cuenta que yo he vivido alli bastantes años, en un exilio buscadísimo, y hablo de una Sevilla que engloba todas las sevillas, también la de El Tardón, la de Pino Montano, la de Tiro de Linea, barrios que un turista, ni siquiera uno local, va a pisar en su puta vida pero que tabién son Sevilla ¿Por...? Por el olor, por el sabor, por la gente... por la banda sonora que es propia e intransferible de la ciudad.

    Y a mí, en cambio, me encanta ese sevillanismo, ese proclamar que lo suyo es lo mejor de todo. Siempre tan respetuoso, tan naif ¡y tan generoso!. Salvo que seas un sieso ¡claro!

    ¡Ay, Sevilla!

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    Respuestas
    1. SIESO: acróstico de Ser Indiferente Especialmente al Sevillanismo Ostentoso; O sea, Yo

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    2. Ah, y hablando de tipismos que no vistan los sevillanos turistas ni los turistas, mi piba loca, mi amor fou era de Las tres mil viviendas. ¿Te suena?

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  6. ¡Claro! De día si no vas dando el cante, no tienes por qué tener problemas. De noche si eres gitano y no te conocen puedes tener problemas. Si eres payo, los tienes.

    Uno de los sitios de España donde, a primeros de los ochenta, había más aparatos de aire acondicionado por vivienda habitada. Y, aunque parezca mentira, bien cerquita de Pineda.

    Hay que volver a Sevilla ¿qué no? ;-)

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  7. Joer Bluff, escribes de maravilla, me emocionas.

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