miércoles, 19 de junio de 2013

LA MAREA


Me siento solo. Solo, con mi indiferencia, mi pereza, mi melancolía... Al final, no sé si en el fondo no integrará toda la indolencia que lastra mi ánimo el mar más favorable para que naveguen dispersos, a la deriva, sin excesivo riesgo de naufragio, los sentimientos y las razones que le otorgan una entidad propia a mi vida.

4 comentarios:

  1. ¿Cómo te puedes sentir solo en ese ambiente tan gótico, con la chimenea encendida al fondo, el gato siamés encima de la mesa, a la luz del candelabro vetusto, escribiendo a mano en una amplia mesa llena de papeles? Ah, ya sé, la casa es demasiado grande para ti solo y tu gato y la servidumbre que te mantiene atendido y la ropa bien planchada. Prueba a compartirla, divídela en viviendas sociales. Tu vida (la de tu personaje) no tiene propósito porque es demasiado egoísta, no por melancólica, la pereza, la indolencia del que no comparte. Podría tratarse de eso ¿no?

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  2. En todo caso, les da la casa a los de las viviendas sociales, para que formen una cooperativa o lo que se les antoje, y el se va la carajo, a una choza al Amazonas, o menos lejos, a una casita de piedra de la isla de El Hierro. Y vive tranquilamente, escribiendo, solito, parejo... y sin nadie, alredor suyo, tocándole los cojones. Ya se encargarán de tocárselos entre ellos, a las primeras de cambio, los nuevos inquilinos de la mansión. Que de entrada, y para empezar, querrán disfrutarla en copropiedad y no como meros usufructuarios.

    ¡Ay... la gente, Lansky! ¡Ay... la gente!.

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  3. Buen fragmento, Bluff. Muy bueno, sí señor.

    Pero fíjate que yo creo que cuanto más te tocan los cojones más ansias de escribir y escupirlo todo. La felicidad y la paz no son compatibles con el genio y la inspiración. Cuanto más caótico sea todo, mejor literatura. Pero claro, lo dice un romántico empedernido para quien la literatura es un arma de destrucción masiva.

    Un abrazo a los dos.

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