domingo, 30 de junio de 2013

FADO DE LA SOLEDAD Y LA ESPERANZA


De "El Diario del Clavadista Solitario"

Refugiado entre fados le desgasto los bordes a este premioso domingo de verano. En soledad. Ella no está y su marcha me lo ha arrebatado casi todo. Y casi todo lo que ha dejado a sus espaldas, y se ha quedado aquí conmigo, me sugiere, sin ella, soledad y pérdida.

Mis ideas remiten esta mañana a la indolencia crónica de los desencantados, atisban, rebuscando, ese brusco latigazo que un día les desentumece a aquellos su ánimo y los coloca en unas pocas décimas de segundo al borde justo del abismo. Y reculan: mis ideas, ellos... yo.

Los recuerdos de otras soledades más viejas han dejado hoy el pasado -su tiempo- y venido en mi busca, los oigo moverse alrededor mío. Me repliego y cierro los ojos para que no me vean. Tirado encima del sofá, sin hacer el menor ruido, finjo ser un objeto, materia neutra, muerta, para que a la vergüenza que los acompaña le sea del todo imposible saber si me muevo, si estoy agonizando o que demonios es lo que pienso. Han de pasar de largo, deben pasar de largo... . Hubo últimamente historias en mi vida que la convirtieron en algo más limpio de lo que era antes, de lo que casi siempre ha sido, y temo que de hacerlos frente, el lance me pudiere causar la pérdida de alguno de los dones de esa resignación, de viejo, a la que tanto me ha costado llegar.

Tal vez si fuere capaz de localizarte me atreviese a decirte "te quiero" una vez más, pero en el número, tuyo, que figura en mi móvil no hay nunca nadie para contestarme y yo jamás te pregunté a donde pensabas marcharte cuando me amenazabas con dejarlo todo de una vez por todas. Aunque... no, no... no creo que llegara a hablarte... a fuer de ser sinceros, el teléfono jugó casi siempre entre nosotros un papel fanático, inmaduro, tal que un arma puesta por la cotidianeidad a nuestro alcance con la que casi siempre terminábamos nuestra conversaciones hiriéndonos, reprochándonos cosas, y lo más probable es que aún en una ocasión tan especial como esta fuésemos también incapaces de evitar que nos volviera a suceder algo de ese tenor. ¡Quién sabe!. 

Me queda entonces, sólo, para poder contender con la tristeza, un último recurso propiciado por mi temperamento de payaso, de humorista, un truco tosco y calmo de charrán solitario, de peregrino loco, el de lograr intimidarla llegando a conseguir, gracias al gozo de la melancolía, estar más triste de lo que su lúgubre influencia es capaz de ponerme cuando ella se ensaña conmigo. Me queda entonces, decía...


... abrigarme las carnes entre fados, entablillar mis huesos con fadistas... y no llorar.

Y entre fados: eternos, resignados, entre fados hermanos, esperar -coqueteando... según el tiempo pasa y pasa y va pasando... con los fantasmas esquivos de la música- a que amainen los vientos, a que el lodo se seque, a que arrecie de nuevo la lluvia.

1 comentario:

  1. Vaya puta mierda pretenciosa. Eres un tullido haciendo burla a los atletas.

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