domingo, 2 de junio de 2013

ESCRIBIR (el autor y sus fantasmas)


Para tí, eso que tienes ahí, justo delante tuyo, es como un fragmento mudo de tu cerebro que, pertrechado en la introspección, intenta de continuo poder manipular el silencio: confundirlo con imágenes, palabras, recuerdos... ¡qué sé yo!. Mas el espejo, de momento, permanece vacío, carece de imágenes. Está esperando que tú aparezcas frente a él. Y pretende tu risa sin molestarse en hacerte reír, aspira a reflejar tu rabia sin que previamente medie provocación por su parte. Esas son las reglas del juego.

Así es, de eso se trata. El espejo se limita a estar ahí puesto, mirándote, parado como un pasmarote, observando que es lo que haces con las manos. Eso es lo único que de verdad le importa, tus manos. Como casi siempre, va a ser a estas a las que les va a tocar en suerte acometer la tarea de insuflar más vida a la vida, menos muerte a la muerte.

En lo que a ti respecta, es más importante saber que querer. Sí quiero, y no sé, el idilio devendrá rápido en un idilio fracasado. Por el contrario, si lo que me faltan son las ganas, seguro que estas terminarán por desatarse un día. De los deseos insatisfechos nacen siempre otros nuevos deseos.

Justo, cabal, ahí lo tienes esperándote: el reto mudo del papel en blanco.

Pálido. Mudo. A la espera de que se impongan sobre tu indecisión, y tu pereza, tus enormes ganas de continuar un día más modelando con palabras las imágenes que proyectan en tu mente el sabor dulzón de los recuerdos, el temple violáceo de la melancolía y la ristra de cientos de olores y mentiras que acarrea consigo la nostalgia en su discurrir por el magma de los pensamientos.

Ahora bien... ¿qué contarle al espejo que cuanto menos revista ribetes de aventura o parezca sorpresa? ¿cuáles habrán de ser en este turno tus palabras para que la satisfacción te alcance el ánimo al verlas después metódicamente ordenadas en frases? ¿qué embustes no difundirás? ¿de qué diantre te lamentarás esta vez entre adverbios e interjecciones? Complicado; tu ambición -lo sabes- no es de esas que se sienten satisfechas con poco. No, tu inclinación por la armonía intenta siempre el más difícil aún ¡de los verdaderos artistas! y pretendes... que: el amor que surja entre tus personajes sea un amor sincero y desbordante... las carcajadas -de estos- expandan a los cuatro vientos una felicidad sin mácula... los horizontes de tus escenarios luzcan resplandecientes y los colores de las puestas de sol que a veces los orlan semejen un trepidante baile de sueños. Contadas veces se consigue.

Asignándole a la conciencia la misión de decidir, caso por caso, la verosimilitud (o la mentira) de tus ideas y tus experiencias pretendes evitar el consabido fraude de maquillar la realidad con deseos. Consideras, eso, algo cobarde e inútil que contagia la perversión a las mentes. Como inútil aprecias, en igual medida, la opción de distorsionar tus emociones en el ánimo de poder adaptarlas mejor a las tonalidades del folio, a los matices que en cada caso pudieren proveer al lance de escribir otras palabras previamente expuestas.

No quieres mentir salvo cuando eso sea justo lo que desees. No, no quieres mentir. Y, sin embargo, mientes.

Miento. Por un tubo. Se trata de un trato ineludible impuesto al amanuense por el papel en blanco. Ya lo saben.

No hay comentarios:

Publicar un comentario