martes, 21 de mayo de 2013

MEMORIBUNDIA


En los alrededores del sueño es donde se suelen imaginar los sueños más dulces que la pérdida de la consciencia transformará, luego, en una secuencia de imágines repletas de emoción o en un abismo oscuro que conduce a la paz, al sosiego, a la nada... componiendo en secreto un breve fogonazo del valle de la muerte.

Los objetos se mueven cuando nadie les ve y los pensamientos habitan una consigna que a veces es mejor mantener cerrada bajo llave.

Al borde del sueño los esquiladores de ovejas almuerzan despacio junto a un arroyo de agua helada que a veces se detiene y las avispas construyen sus nidos junto a la morada del miedo. Al borde del sueño el enemigo no avisa jamás de que está cerca.

Se pierde el tiempo en recordar errores, en repetir arrepentimientos y quejas, en repasar de nuevo, una vez más, lo que fue inevitable, aún sabiendo que la causa de la rememoración es vana y la enmienda perversa. Cabe que pensemos en males fatales, en chicas desnudas o en el pato Donald y sus sobrinos. Cabe que no deseemos pensar en nada de nada, que sólo queramos verlo todo negro o blanco o gris y, sin embargo, pensemos y pensemos y pensemos...

De pretender recordar lo vivido, pronunciaremos, sobre todo, nombres y ensamblaremos nuevas sensaciones a través de frases nuevas con las que tratar de rescatar los sentimientos. Lo terminado. Al final, se impondrán los instintos y nos será muy difícil distinguir un cuerpo de una sonrisa y una sonrisa del amor. Un amor que pervive aún en alguna parte de nuestro ser.

La rendición al sueño no tiene paliativos, no admite medias tintas, quedan -en las tinieblas- el cuerpo y la mente sometidos, como esclavos, a un torbellino de ideas, implacable, proveniente de una dimensión desconocida, que no respeta al tiempo. Flotan ambos, separados, por el caudal de lo eterno. Y no nos cabe protestar. Ni siquiera el suicidio nos está permitido en los sueños. La falta de consciencia nos llevará hasta la juventud, otra vez, o nos arrojará -en mala hora- al borde mismo de la histeria. Porque todo es mentira... en los sueños. Incluso ¡y sobre todo! la percepción del tiempo. Y cualquier amago de rebeldía, cualquier gesto de hastío no es en realidad sino la nada. Un reflejo de la inexistencia. Nuestro origen y nuestro final.

La vida, amigos míos, es a veces: costosa, otras muchas: confusa; termina siempre causando cansancio. El sueño es su descuento.

6 comentarios:

  1. Así es, pero es lo único que tenemos. Y sí, es costosa y confusa y extenuante, pero también hay momentos para dejarse ser en amistad (como diría Gil de Biedma).

    Y el sueño es la verdadera verdad de la mentirosa vida. Habría que hacerle más caso, porque nunca miente.

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    1. Por tu culpa, he visitado un Odeón decimonónico y un Centro de Exposiciones, luego... me he extraviado en una ciudad subterránea llena de trenes y, a lo último, me ha tocado colarrme, sin el correspondiente salvoconducto, en un panteón de hombres ilustres. Parezco Indiana Jones, Barbusse. ¡Habrá que ver que es lo que en el futuro me deparará el destino...! ;-)

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    2. Jajaja, no dirás que no te procuro aventuras, eh... Y que no estás conociendo mundo....

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  2. Y qué decir de esa lucidez inmisericorde que nos inmoviliza en los despertares del amanecer, cuando todo se nos aparece con una nitidez incontestable frente a la que, recién despertados, no tenemos defensa. Solo la ducha y el desayuno consiguen mitigar las aristas y dulcificar los tonos, reducir poco a poco la realidad a su condición manejablemente amenazadora de todos los días.

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    1. Vanbrugh,

      En esos casos, giro el rostro de medio lado sobre la almohada, aprieto los ojos muy fuerte e intento echar otra cabezadita ;-)

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