lunes, 27 de mayo de 2013

PLAGIANDO A RAYMOND CARVER


¿Por qué lo llaman intertextualidad cuando quiere decir vacuidad?

sábado, 25 de mayo de 2013

CONMISERACION


Irrumpe con frecuencia, en mi vida, un tibio escepticismo que me absuelve resignadamente de mis innumerables pecados. Lúcido como una veterana amante, para la que los besos, y las mentiras, son sólo una costumbre entre tantas.

martes, 21 de mayo de 2013

MEMORIBUNDIA


En los alrededores del sueño es donde se suelen imaginar los sueños más dulces que la pérdida de la consciencia transformará, luego, en una secuencia de imágines repletas de emoción o en un abismo oscuro que conduce a la paz, al sosiego, a la nada... componiendo en secreto un breve fogonazo del valle de la muerte.

Los objetos se mueven cuando nadie les ve y los pensamientos habitan una consigna que a veces es mejor mantener cerrada bajo llave.

Al borde del sueño los esquiladores de ovejas almuerzan despacio junto a un arroyo de agua helada que a veces se detiene y las avispas construyen sus nidos junto a la morada del miedo. Al borde del sueño el enemigo no avisa jamás de que está cerca.

Se pierde el tiempo en recordar errores, en repetir arrepentimientos y quejas, en repasar de nuevo, una vez más, lo que fue inevitable, aún sabiendo que la causa de la rememoración es vana y la enmienda perversa. Cabe que pensemos en males fatales, en chicas desnudas o en el pato Donald y sus sobrinos. Cabe que no deseemos pensar en nada de nada, que sólo queramos verlo todo negro o blanco o gris y, sin embargo, pensemos y pensemos y pensemos...

De pretender recordar lo vivido, pronunciaremos, sobre todo, nombres y ensamblaremos nuevas sensaciones a través de frases nuevas con las que tratar de rescatar los sentimientos. Lo terminado. Al final, se impondrán los instintos y nos será muy difícil distinguir un cuerpo de una sonrisa y una sonrisa del amor. Un amor que pervive aún en alguna parte de nuestro ser.

La rendición al sueño no tiene paliativos, no admite medias tintas, quedan -en las tinieblas- el cuerpo y la mente sometidos, como esclavos, a un torbellino de ideas, implacable, proveniente de una dimensión desconocida, que no respeta al tiempo. Flotan ambos, separados, por el caudal de lo eterno. Y no nos cabe protestar. Ni siquiera el suicidio nos está permitido en los sueños. La falta de consciencia nos llevará hasta la juventud, otra vez, o nos arrojará -en mala hora- al borde mismo de la histeria. Porque todo es mentira... en los sueños. Incluso ¡y sobre todo! la percepción del tiempo. Y cualquier amago de rebeldía, cualquier gesto de hastío no es en realidad sino la nada. Un reflejo de la inexistencia. Nuestro origen y nuestro final.

La vida, amigos míos, es a veces: costosa, otras muchas: confusa; termina siempre causando cansancio. El sueño es su descuento.

jueves, 16 de mayo de 2013

¿QUÉ ME PASA, DOCTOR?


La piel de una naranja enroscada a una vaina de vainilla sobre un plato de azúcar que sabe dulce, muy dulce, como el compás de esa hermosa canción con la que Roberta Flack estuvo matando durante años a apuestos ejecutivos divorciados.

lunes, 13 de mayo de 2013

TEDDY BEAR


Espatarrado en el sillón, como un peluche. Es mi sillón volador. Ese desde el que vi amanecer un día de perros. El mismo desde el que estudié leyes y decretos a lo loco con la ambición de ganarme la vida honradamente (más o menos). El sillón al que me arrojé muchas veces enamorado y algunas borracho (¿o fue al revés?) y en el que todavía me siento a menudo a esperar. A intimar con la noche.

Los crujidos mecánicos del camión que recoge las basuras, los sones del reloj dando las horas, las medias y los cuartos, los arranques de los ascensores -más allá de la puerta de casa- son algunas de las estratagemas que ella utiliza para entablar conversación, para probarse a si misma que no está sola a la intemperie.

A veces, ya os lo he dicho, yo soy su confidente. Desde el sillón del que os hablo la escucho decirme de amores, de vigilia, de muerte. Piensa, al contrario que Patty Smith, que no ha sido hecha para los amantes: colmados, la tratan con desdén -ellas y ellos- y, a la mínima, se someten al sueño, su máximo adversario. Nadie sueña con noches.

Muchos de esos desarraigados, que están siempre despiertos, la entristecen, le consta que están a su lado por despecho, porque ella es su última oportunidad. Otros, la desesperan. No saben exactamente lo que quieren y se dedican a marearla con humo, melopeas y burdas historias de amor. Los nostálgicos le parecen unos cínicos patológicos: ¿si ahora les gusta tanto, por qué no se preocuparon algo más del pasado cuando aún era presente?. Y no soporta a los falsos tahúres que abandonan las timbas cuando ganan dos manos.

De la de la guadaña sabe un rato, pero sigue sin estar convencida de que esa amistad, que la otra le ofrece a menudo, sea del todo sincera. Y es que está un poco harta de tener que acompañarla a hospitales, asilos, prisiones, garitos sin troneras y curvas sin peraltes, y que, encima, la familia del muerto la confunda con ella. Y aunque la otra le jura y le perjura que esa es su obligación y no tiene más huevos que cumplirla, ella no acaba de asimilar por que le gusta tanto joder la parva a todo dios.

En el sillón del que os hablo las mañanas las vivo entre libracos escritos por profetas y por bárbaros, por tristes exquisitos y escépticos taimados. Por cabrones. Las gozo entre gloriosas melodías compuestas por profetas y por bárbaros, por tristes exquisitos y escépticos taimados. Por cabrones.

Las tardes del sillón se asemejan bastante a las mañanas. Tal vez llama un amigo, tal vez soy yo el que llamo a una mujer que me hace gracia, puede ser que oiga algo de fútbol en la radio o, incluso, que escriba alguna breve historia como esta, o parecida a esta.

Es mi sillón volador. Y, desde él, puedo divisar cualquier parte del orbe. Tu propia casa, por ejemplo. Sí, sí... la tuya; no me mires así.

martes, 7 de mayo de 2013

VERANO AZUL (otra historia verídica)


Llegamos a Mojácar a eso de las cuatro de la tarde. Hacía un calor de cojones. Subimos hasta la parte de arriba del pueblo y paramos el coche. La chapa del cientoveintisiete estaba ardiendo. En una heladería de la plaza un padre gordo le atizó una hostia en la espalda a un niño que llevaba de la mano -probablemente porque la criatura querría comerse más bolas de lo razonable- y le dejó impresa en la piel la marca de los cinco dedos. El niño iba en bañador. A nosotros, que, por aquel entonces éramos bastante bestias, aquel tipo nos pareció ser un bestia y en lugar de descojonarnos de la berraquera del crío y de la reacción del adulto, nos indignamos, y no llegamos a pedir, ya, nuestros cucuruchos.

Luego bajamos hasta el mar, escuchando a los Duran Duran, "Río", y nos bañamos en bolas en la primera playa que vimos. Eso formaba parte del rito: hacer coincidir nuestra ansiada aparición en el Mediterráneo con una zambullida rápida en pelota picada. Dejamos que nos secara el sol.

Volvimos a aparcar el coche en Garrucha, o por ahí, y empezamos a fijarnos los tres con ojos de sexual killer -aunque como teníamos diecinueve años la gente no se diese cuenta- en todas las tías con menos de cincuenta años con las que íbamos encontrándonos por la calle. No, no había guiris. Nosotros íbamos buscando guiris. Entramos a un bar a meternos entre pecho y espalda unos bocatas. Luego pedimos un par de carajillos cada uno; ya saben, para no amodorrarnos y para ir cogiendo ya el puntillo de cara a la noche. Seguro que como se supone que era el erudito del trío de alcornoques, yo les soltaría a mis amigos el rollo ese de que los bereberes o los hombres de azul -que son más potentes- beben el té muy caliente a propósito para protegerse del calor y que, aunque pareciese mentira, cuanto más dulce estuviese más conseguía calmarte la sed. De postre, como nos habíamos quedado con ganas de helado nos tomamos unas copas de pacharán.

Seguimos bajando por la provincia de Almeria en dirección a poniente, desviándonos por carreteras locales cada vez que pasábamos junto a alguna localidad de la costa más o menos conocida. Aguadulce, Salobreña, Motril, Nerja... el pueblo de "Verano Azul". Le echábamos un vistazo a las playas a ver como andaban de material inflamable. El cientoveintisiete estaba lleno de polvo y nosotros igual. Con tanto ajetreo los tres llevábamos los pies sucios de arena y la frente húmeda de sudor. Ninguno de los lugares que íbamos recorriendo nos convencía para quedarnos en él. Seguimos, seguimos... y circunvalamos Málaga sin llegar a entrar en la ciudad.

Cuando llegamos a Torremolinos era ya casi de noche. En el centro, había por todos lados luces de neón y atascos de tráfico. Mucha bulla. Abrimos la ventanilla: ¡la hostia, olía a suecas guapas y a hamburguesas chungas!. Aspiramos los tres en firme aquel olor. A mi, por la poca experiencia de la vida que tenía hasta entonces y las pocas experiencias sentimentales que había tenido la suerte de vivir, aquel me parecía, ni más ni menos, el aroma del paraíso. Decidimos quedarnos.

En un hostalucho, en los bajos de un edificio, cojimos una habitación que tenía las paredes de cristal forradas de papel pintado. Donde habían arrancado tiras de papel los huéspedes, los del hostal le habían dado al vidrio una mano de blanco de españa para tratar de impedirte que pudieses mirar en el cuarto de al lado. Daba igual, lo veías. O por lo menos veías un trozo de una de sus camas. Una pata.

Esa noche salimos de juerga y nos emborrachamos. Al despertarme, al día siguiente, me vino a la memoria un patadón que una inglesa con una minifalda de escándalo me atizó en los güevos a la misma puerta de la discoteca. No me dolían. La chica llevaba unas chanclas de goma y los deditos de los pies, con las uñas pintadas de rosa, eran, justo, justo, los dedos de los pies de una princesa. Ella se parecía a Lady Di.

domingo, 5 de mayo de 2013

MOO PAK


Josipovici tiene nombre de líbero del Steaua de Bucharest. Y esto puede ser sólo una ocurrencia mía no demasiado afortunada. O también podría no serlo. Ya que en su libro, en Moo Pak, el susodicho parece haber decidido cubrir ese puesto en la cancha embarrada y confusa de las letras. Así es, Gabriel juega a ser libero de la literatura, o defensa escoba que también se los llama. Se queda atrás ojo avizor delante el sólo -los laterales de su club corren demasiado lejos y el central se está partiendo constantemente la cara con el delantero de éxito- del guardameta. Y barre y barre. Un balón, dos balones, corta todo lo que puede. A veces se suma al ataque con esfuerzo y sin demasiada verticalidad -Gabriel no es Franz Beckenbauer-. Otras acude a rematar los corners. De cabeza. Lo suyo es la cabeza. Incluso es capaz de anotar algún tanto. Pero aún así él prefiere quedarse atrás, en la retaguardia, cubriéndolo al portero e intentando que los emocionales -los "húmedos" como él les llama a estos escritores- no les metan más goles a los de su equipo, los "secos".

¿Y qué tal juega Gabriel? Ya hemos adelantado bastante. Especula; a veces duda; las menos se desenvuelve con verdadera contumacia. Y un libero, alguien que quiere jugar ahí, en ese puesto decisivo, por muy veterano que sea, por muy quemado que este, por mucho que las innovaciones tácticas del entrenador le toquen los cojones ¡debe ser más expeditivo! ¡tiene que serlo!. Gabriel admira a veces a finos estilistas y otras a escritores en los que cree a pies juntillas porque... parece... le resultan ser unos tíos bastante simpáticos. Dante, Swift, Shakespeare, Beckett, Joyce, Kafka, Wittgenstein, Bernhard... tipos que, a su modo, supusieron todo ellos un revulsivo dentro de la literatura de su tiempo. Estos son sus ídolos. Josipovici apuesta sobre seguro y a sus fichas le va a gustar colocarlas en el "par - negro - pasa" del "revulsivo asimilado - gusto elitista - academicismo de vanguardia". Tales son los patrones de los que se sentiría orgulloso de haberse servido y a los que se siente obligado a someterse a la hora de jugar el partido. Su libro. Moo Pak.

¿Y cómo es Moo Pak?. Jasopivici alterna notas eruditas con la reformulación de viejas ideas y hasta se calza, el tío, a través de un estilo depurado, light, un poco monocorde que se lee confortablemente, un estilo... llamémosle de "baja intensidad", alguna perogrullada muy seria. No me parece por tanto este Gabriel, un genio de ideas brillantes sino más bien un hombre de reflexiones sensatas. Y, a lo mejor, ese es su don: el de ser un hombre. Deviniendo todo ello de que tal vez la mejor, o la más destacable, cualidad de nuestro hombre como literato, estriba en que no parezca un literato. Miren: se lo resumo, hace poco me mandó un amigo mío, que se halla residiendo temporalmente en Malta, un diario de su estancia en la isla. Mi amigo no lee casi nada ni jamás había escrito nada. Ni cartas. A mayor abundamiento su profesión o sus profesiones -porque es un tío versado y a los largo de su vida ha ejercido oficios del más variado pelaje desde aparejador a buzo- nada tienen que ver con la literatura. Y sin embargo, su diario, sus palabras, y los pensamientos que -me he imaginado- las habrán dado origen, sus paseos al atardecer hablando con el casero por la bahía de Saint Julian, me han recordado horrores a Moo Pak. Se ha apuntado este amigo -según revela en el diario- a un equipo de fútbol junto con otros compañeros de la academía de inglés a la que asiste. El es un tipo parco en palabras, reflexivo y tranquilo. Es alto, luce canas... ya no es ningún muchacho. "Me va a tocar jugar de líbero" admite, luego, en su entrada correspondiente al jueves, seis de abril, de mil novecientos ochenta y tres.

miércoles, 1 de mayo de 2013

METAMORPHOSIS


Tus caricias, tus besos... ¿qué serán sino mis recuerdos?