viernes, 22 de marzo de 2013

TRENES


Los trenes de mi vida. Recorren los paisajes del amanecer y de la tarde. Son distintos dependiendo del sentido en el que avancen. Se ven en uno de ellos, a lo lejos, desde las ventanillas, unas lomas sombrías sin apenas árboles, sólo unos cuantos álamos delante de sus laderas parduzcas; se observarían, de llevar el convoy el rumbo contrario y permanecer nosotros apostados en el mismo lugar, algunos charcos extensos, no demasiado profundos, que han dejado formados en los barbechos las últimas lluvias del otoño. Se imaginan en el futuro, con la llegada misma a nuestro destino, los abrazos de la madre y las risas espontáneas de los amigos de siempre; se han dejado atrás, y la memoria tampoco puede olvidarse de esto otro así como así, ni tampoco le conviene, los esfuerzos de un trabajo absurdo, las penas de la soledad y una serie de coqueteos, deshilvanados y febriles, con el alcohol y las chicas.

Luego... más tarde... cuando la primera parte del viaje haya terminado, sus propósitos se encuentren cumplidos, y corresponda emprender el retorno, habrán quedado en la memoria los abrazos y las regañinas de la madre y los desencuentros con los amigos -a veces el paso del tiempo es capaz de transformarnos de improviso en extraños- y lo que aparecerán, frente a mí, en la mente, mientras el tren discurre junto a estos terrenos con la tierra encharcada, de los que ya tienen noticia, y yo doy buena cuenta de un café con leche en el vagón restaurante echándole un vistazo a la prensa del día, habrán de ser: aquel trabajo que me permite el sustento, esas ginebras con tónica, la torre mudéjar de la catedral despuntado entre los coches de caballos enmedio de la plaza, las sonrisas inciertas de bellas desconocidas y... la soledad. También la soledad.

7 comentarios:

  1. No te olvides de las cantinas de las estaciones, el territorio más literario en el fondo, y el más desolado

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    1. A tí te quería ver yo, cacho cab... mamonazo con lo de "... como no le publican...". Como doña Bringas, coño. Si no me publican es porque tendrán mal gusto ¡no te jode!.

      Bromas aparte. Tres novelas mínimamente buenas de tres autores españoles de menos de 45 años. Venga, venga... que el movimiento se demuestra andanado.

      Y todo con independencia de que yo vaya una noche a Anagrama o a Tusquets provisto de una garrafa de nitriglocirina ¡Qué también... je, je ,je ...!.

      Buen fin de semana, Fernando. A andar mucho, comer bien y leer, mejor.

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  2. José Ovejero y Eloy Tizón, pero no sé si tienen más o menos de 45, por ahí andarán; excelentes narradores ambos en cualquier caso (y no conozco muchos más)

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  3. Me ha parecido precioso e inspirador.

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    1. Gracias Emma,

      Tú, y demás gente a la que le gusta la buena literatura, se merecen cosas como estas. Y a mí me encanta escribirlas, me hacen sentir bien; conmigo mismo y con todos vosotros ¡Un abrazo!

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