sábado, 30 de marzo de 2013

¡VOILA!



El que he sido. El tiempo se marchó cuando yo me fui y cada vez que vuelvo encuentro todo distinto a como lo recordaba. Más plano, su significación… casi neutra. Lo percibo todo carente de pasado, desprovisto de historia. Tal vez si no me hubiese marchado, no hubiera huido, todos esos objetos hubiesen continuado almacenando recuerdos dentro de su corazón ¿las cosas tienen corazón? como si se tratase de una película, una de esas sagas familiares, repletas de afectos y desengaños, que dan comienzo cuando el protagonista es sólo un niño y continúan luego adelante, un año tras otro, un año tras otro, hasta que él acaba por morir.

Pero yo me fui, escapé, y ahora la historia se parece más a una teleserie en la que cada episodio dispone de una trama distinta aunque los personajes vengan a ser más o menos los mismos. El serial puede verse a trozos sin perder el hilo, porque también la historia está partida en pedazos, en pequeñas historias. Y así, hoy, mi vida la forman pequeñas historias casi sin argumento, historias bonancibles, apaciguadoras, que van entremezclándose entre sí, consecutivamente, sin llegar, casi nunca, a poder lastimar de veras. Y, por eso, cuando regreso al escenario de mi juventud y descorro el telón y enciendo los focos y veo a los objetos cada vez más pasados de moda y con una leve película de polvo encima, o yo me la imagino, no acabo de reconocerlos, no me hablan. Probablemente yo también les resulte a ellos un extraño y prefieran, de entrada, no decir ni mu de las cosas que han visto durante mi ausencia.

lunes, 25 de marzo de 2013

BEBER PERNOD EN HONFLEUR


"El mar tras los cristales, el sabor de los besos, los atardeceres y las musas, la lluvia y los tragos de alcohol... el rito de la melancolía".

Permitámonos escuchar, ahora, como celebración de la vida, los tragos y la melancolía... a Erik Satie. Satie nació en Honfleur, justo al lado de la taberna donde en estos mismos momentos me encuentro sentado, sin nadie que me acompañe, embriagándome poco a poco con delicadeza. Ajustando el tempo de los tragos a los vahidos del turbión de estratos que ensombrece la tarde.

Me habla el mar, me acompaña el mar. Y las gaviotas se alzan a los aires desde la borda parcheada de los barcos y desde las bitas y las cornamusas, indicándoles a las notas que bosteza pulcramente el piano, el camino hacia el lugar del cielo por donde, tras desgarrar en más de mil jirones los forros del tiempo, se nos aparecen de cuando en cuando, a los humanos, las tempestades y los dioses. Un lugar perdido, escondido, que sólo algunas bellas canciones y unas cuantas aves solitarias parecen saber donde está. 

viernes, 22 de marzo de 2013

TRENES


Los trenes de mi vida. Recorren los paisajes del amanecer y de la tarde. Son distintos dependiendo del sentido en el que avancen. Se ven en uno de ellos, a lo lejos, desde las ventanillas, unas lomas sombrías sin apenas árboles, sólo unos cuantos álamos delante de sus laderas parduzcas; se observarían, de llevar el convoy el rumbo contrario y permanecer nosotros apostados en el mismo lugar, algunos charcos extensos, no demasiado profundos, que han dejado formados en los barbechos las últimas lluvias del otoño. Se imaginan en el futuro, con la llegada misma a nuestro destino, los abrazos de la madre y las risas espontáneas de los amigos de siempre; se han dejado atrás, y la memoria tampoco puede olvidarse de esto otro así como así, ni tampoco le conviene, los esfuerzos de un trabajo absurdo, las penas de la soledad y una serie de coqueteos, deshilvanados y febriles, con el alcohol y las chicas.

Luego... más tarde... cuando la primera parte del viaje haya terminado, sus propósitos se encuentren cumplidos, y corresponda emprender el retorno, habrán quedado en la memoria los abrazos y las regañinas de la madre y los desencuentros con los amigos -a veces el paso del tiempo es capaz de transformarnos de improviso en extraños- y lo que aparecerán, frente a mí, en la mente, mientras el tren discurre junto a estos terrenos con la tierra encharcada, de los que ya tienen noticia, y yo doy buena cuenta de un café con leche en el vagón restaurante echándole un vistazo a la prensa del día, habrán de ser: aquel trabajo que me permite el sustento, esas ginebras con tónica, la torre mudéjar de la catedral despuntado entre los coches de caballos enmedio de la plaza, las sonrisas inciertas de bellas desconocidas y... la soledad. También la soledad.

miércoles, 20 de marzo de 2013

POESIAS DE AMOR


Muchas de las cosas que he inventado han resultado ser ciertas. Y, sin embargo, no sé si en realidad te quiero.

domingo, 17 de marzo de 2013

DOMINGO


Calles soleadas, tristes. Bocas abiertas, tristes. Por la alameda vienen dos empleados de la cooperativa, bromeando. En un banco, junto al que pasan estos dos amigos, una pareja de novios jovencitos discute entre sí sin demasiadas ganas porque no saben donde ir. El sol aburre. Los vencejos se difuminan en ráfagas por los confines del cielo en el declinar de la luz. De repente, se oye aullar a un tipo: ¡¡¡goool!!! desde los altavoces de plástico de un transistor a pilas. Es domingo.

jueves, 14 de marzo de 2013

QUANDO


“Quería que me lo dieses todo, no te pedí nada más”.

Avanzaba despacio por la carretera llena de curvas que va de Milán a Génova. En el reproductor de MP3’s del coche había una chica que cantaba justo eso: “sólo quería que me lo dieses todo, no te pedí nada más”.

Yo sabía que no lo había dado todo. Que absolutamente nadie puede darlo.

Al salir de una curva cerrada, distinguí entre los pinos un azul de un tono añil muy fuerte, excesivo, casi diría que de mentira -como si lo hubiese compuesto en Arlés, o en otra pequeña ciudad francesa del interior, algún copista sin prejuicios quien... para celebrar esa untuosa recreación del Mediterráneo con la mezcla de los colores de su paleta... no habría dudado un instante en descorchar una botella de vino de paja a su propia salud- pero no, no era mentira; era de verdad.

Trataba de asimilar la letra de la canción e intentar traducirla mientras conducía. A la vez... iba tarareándola por medio murmullos. Casi sin abrir la boca. Algo bastante gay. La canción continuaba diciendo:

“Escribí una canción sobre tí y todo lo que te decía, terminó pasando...”

proseguía la letra:

“... imaginé como podías herirme, pensé en casi todas las formas en las que un hombre puede causarle daño a una mujer, pero no calculé que tú pudieses llegar a ser capaz de hacerlo; no, tan pronto”.

Sí, sabía que no lo había dado todo. Sabía, también, que en buena parte eso había sido por su forma de ser. Aún así prefería reconocerme culpable como siempre que pensaba, y escribía, sobre mí mismo. También esta vez iba a hacerlo en cuanto llegase al hotel. Una carta. Le pediría perdón. No se me ocurría ninguna otra forma de ser veraz y de impedir que la decepción acabase convitiéndome con el paso del tiempo, cada vez que me acordase de ella, en un tipo parecido a una cantante country a punto de entrar en la cincuentena sin la sensibilidad suficiente para seguir regocijándome con los sentidos gestos de amor gracias a los que ella fue una vez capaz de iluminar mi melancolía.

lunes, 11 de marzo de 2013

L'AMOUR TOUJOURS


El amor se termina en tardes radiantes, en noches turgentes... momentos hermosos que nos maravillaron hambrientos de caricias y hoy se repiten, como soplos de gloria, para todos los enamorados del mundo.

sábado, 9 de marzo de 2013

RECORDANDO A RICARDO REIS


Gozar de la tristeza es pasatiempo de los permanentemente melancólicos, que, con sus recuerdos y anhelos, son capaces de sumergirse en el tiempo sin apenas dolerse de sus estragos, mas siendo, sin embargo, conscientes de su paso.

sábado, 2 de marzo de 2013

VACACIONES DE VERANO


Un castillo hecho de botes de cerveza. Una terraza al anochecer rodeada de terrazas. Joe Jackson volviéndonos locos. Borrachos -los cuatro- trasteando, entre carcajadas, con la adolescencia y el vacío. A nuestros pies se hallan un volquete de escombros y los techos sucios de unos coches mal aparcados. También hay allí abajo, brotando junto al asfalto, un par de palmeras mustias y unas cuantas plantas de adelfas. A nosotros nos gusta sacar una parte del tronco por encima de la barandilla y hacer como si fuésemos a tirarnos de cabeza.

El disco ha terminado. Perforando la distancia, de más allá de la carretera, nos llega el furor de la rabia de un niño. No sabemos demasiado bien lo que vamos a hacer, nunca lo sabemos, ninguno de los cuatro ha estado jamás enamorado, ninguno ha echado nunca un polvo, y cuando hablamos de ellas entremezclamos, un poco al buen tun tún, como si fuésemos a la vez Francisco de Asís y su perro de lanas, los chochos y las tetas con la abnegación y la ternura. Abrimos otras cuatro latas. Otro paquete de Fortuna.

Al niño se le escucha berrear y berrear. Y cada vez que el semáforo se pone verde, la ruidosa fanfarría de los tubos de escape de las derbis retumba, tartamudeante, camino de la playa.

Pablo se levanta, eructa fuerte, y vuelve a hacer sonar otra vez "One More Time". Muy alto. Una vez más.