miércoles, 20 de febrero de 2013

WINONA RYDER Y LA VERDAD EN FUGA


Aunque la verdad esté en Einstein y en Descartes, en último término, buscarla, consiste casi siempre en un asunto de andar por casa. Bajadas las persianas, la luz que se escurre entre sus láminas varía de un día para otro... y para otro. Aunque no lo parezca. Y tú también vas cambiando y hoy -el jueves- no eres el mismo que el del miércoles. Como tampoco entre esas minúsculas motas de polvo que bullen por el aire, contra la luz, las hay que sean exactamente iguales. Y, sin embargo, la verdad apenas sí debe cambiar.

Las noches fragmentan la vida, ocultándola con su carbón de sueños, y sus estrellas son diamantes entre la escoria que iluminan las esperanzas y a los gatos vagabundos sin esperanza. Pero, salvo en los cuentos, nadie ha conseguido todavía acariciarlas.

Una capitulación por cansancio, que te obligue a disfrazar tus pensamientos de victoria, no es buena terapia para alcanzar la dicha, ni aún siquiera un encomiable recurso de emergencia con el que poder sonreír a veces; porque eso te obligaría a convertirte en otro, en los otros; porque tus dudas -tan dignas- terminarían por volverse certeza, o frustración, con el paso del tiempo, y sería tu cinismo -los desplantes mediante los que poder hacer sobrevivir a tu verdad herida- el precio a pagar en el trato. Un coste excesivo.

Prosigue entonces la marcha por el lodazal de tu nombre y haz caso omiso de aquello que te parezca falso o vano; esquiva lo que viole tu evangelio fatal.

La luna saldrá otra vez esta noche. Como siempre. Y las estrellas seguirán brillando en lo alto fuera del alcance de la piel. Otra vez.

Cuando mañana amanezca: dilucida el mensaje de la fe en las letras pioneras, esenciales; atraviesa de nuevo esos ámbitos extraños -que amas- en los que tus principios han ido curtiéndose; busca y rebusca hasta en el culo de los magníficos, si lo deseas, y proclámate dichoso de seguir sin encontrar la meta. Su hallazgo, orgullo y sorpresa en el instante, enseguida es decepción, luego, rutina, y, por fin, mentira piadosa a la que a fuerza de repeticiones -apáticas, como las de un mantra- termina por cobrarse aprecio.

Carcajéate de los dogmatismos, desoye la voz de la mayoría, ignora los prejuicios y devuelve a su sitio, sin tardanza, toda esa ropa que robó Winona con la vana ilusión de ser feliz.

5 comentarios:

  1. Para que una mujer me guste no es suficiente con que sea guapa; el otro día el personal se despachaba en elogios con una guapa que detesto, Andie McDowell; en cambio, Wynona...me pone mucho, esa pequeñaja cleptómana con piel de terciopelo (supongo) que estimula el pedófilo que hay en mí.

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  2. Lo siento Lansky, no es por chafarte la fantasia, pero el tiempo pasa... Wynona, hoy, a sus cuarenta y dos años está hecha ya toda una señorona MILF y cuando ella tenía veintidós, tú aún distabas mucho de haberte convertido en un "viejo verde". No lo digo yo, lo dice el tiempo. Sí quieres morbo tendrás que recurrir a la Miley Cyrus.

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  3. ültimamente me piropeas mucho, ¿quieres rollo o qué? (contesta 'o que', por favor), y ahondando en el tema: ¿vas a vapor o a vela? ¿pierdes aceite? etcétera

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  4. Oyete la del Brian Ferry que está cojonuda. Lo dice él: "este es un buen tiempo para el amor" ¡Ja, ja...!

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