domingo, 20 de enero de 2013

POKER DE ASES


Nos cuenta Borges que Emile Zola -autoproclamado con ocasión de emitir este dictamen, discípulo de Gustave Flaubert- vino a reconocer que el de Rouen era inferior, como novelista, a Eça de Queiroz.

¡Vaya cuatro elementos! Borges sería el as de tréboles; Zola, el de picas; Flaubert, el de diamantes y, finalmente, Eça, el de corazones.

¡¡Rien ne vas plus!!

19 comentarios:

  1. Cuatro grandes.

    Mi adorado Eça ha sido -y lo sigue siendo, en parte- el gran desconocido. Incomprensiblemente, porque "Los Maia" o "La capital" bastan para dejarnos atónitos, tal es su enorme talento, su fino humor y su habilidad para la escritura.

    Un saludo.

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  2. Eça es lo "mais". La correspondencia de Fradique Mendes compone, junto a la "Sensualidad Pervertida" y la trilogia del inmenso genio Naguib Mahfuz, la trinidad profana de los libros de mi vida.

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  3. Eça me encanta, mejor que nuestro Galdos, pero a todos los gana la escalera de color: Proust

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  4. Podría ser, podría ser... pero ¡ay de mí! no sé francés y las traducciones de A la Recherche pueden llegar a ser tan decepcionantes.
    Y si Monsieur Proust hubiese sido un poco menos cotilla y un poquito más sarcástico ¡...uhmmm...!.

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    1. era algo mejor que sarcástico: irónico. Y la traducción de Salinas y Consuelo Berges no está mal

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    2. Ya ya le pillo la ironía, claro, por eso le requiero un poquito de sarcasmo. Ya que al fín y a la postre, y desde cierta perspectiva, es innegable que Don Marcelo está haciendo crónica de sociedad y que está no se sostiene, si no queremos tomarnos el asunto definitivamente a chufla, sin hacerse uso, aún en la época de Proust (ejemplos los hay de ello), de un cierto sarcasmo. Pero... vamos... esto no pasa de ser la intuición de un besugo.

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  5. La verdad es que la inclusión de Borges en el cuarteto me resulta un tanto chirriante, tanto por anacrónica como porque Borges nunca fue novelista, y los otros tres sí. Yo sí que equipararía a Eça y a Flaubert -a Zola no tengo el gusto de haberlo leído- con Galdós, contra lo que dice Lansky, y también con Clarín, contra lo que muy probablemente diréis todos. Y de todos ellos es probable que coloque a Eça el primero en mis preferencias, y a Flaubert el último, con los dos españoles compartiendo el segundo puesto ex aequo (o sea, a caballo).

    También me chirría un poco la comparación con Proust. Hay un cambio de siglo y de óptica que la vuelve injusta e improcedente, en mi opinión, como hacer competir un buen coche de caballos de finales del XIX con uno de los primeros automóviles del XX. (Un De Dion Bouton, por ejemplo, como el que usaba Marcel para pasearse con su abuela y sus amigas por la costa normanda).

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    1. Yo no he dicho nada contra Galdos, salvo que me gusta más Eça (precisamente por proximidad). Y a mi también me chirría por forzada la inclusión de Biorges, metido a presión en un grupo diferente

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    2. Cierto, eso me pasa por no releer los comentarios a que contesto. Me quedé con la idea, equivocada, de que habías exluído a Galdós de la comparación. Rectifico, pues, nada de 'contra lo que dice Lansky'.

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    3. Vanbrugh

      Extraida la frase de un texto de Borges mi comparación no es in illo tempore sino in illo locus.

      Me viene a la cabeza aquella matización tuya, tan acertada, de denominar lapsus clavi a las malas pasadas que nos juega el teclado del ordenador, y de la que nadie, ni aún entre los más sesudos de las más altas esferas de nuestras letras, se ha hecho eco. Siguen refiriéndose a estas imprecisiones "tecladeras" como lapsus lingüe o, los más espabilados, lapsus calami, pero nadie hace uso de lapsus clavi, cual sería menester.

      Un abrazo!

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    4. Me halagas tú también, Julián, recordando mi contribución a la pedantería latinista. Yo sigo usando lo de lapsus clavi por aquí y por allá, pero eres es primero del que me entero que me haya hecho tanto así de caso...

      Por cierto, y hablando de latín: mejor in illo loco que in illo locus. Ablativo singular, segunda declinación, tercera puerta a la derecha. (Pero sigo sin ver que, ni por tiempo ni por lugar, tenga Borges nada que ver con los otros tres...)

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  6. Yo me quedo con los rusos. Lo mejor del realismo, con perdón de Hamsun. Turgueniev, Goncharov, Tolstoi, Chejov, Dostoievski, repóker de ases.

    Eça en Galicia es bastante leído y querido. Pero lo cierto es que España siempre ha ignorado deliberadamente la literatura portuguesa.

    Zola era un pelín miope. Es como decir que el Huysmans de En rada le pega mil patadas al creador de los Rougoun. Flaubert era más que un realista. Proyectos como el Pecuchet o las Tentaciones de San Antonio así lo demuestran. Pero fíate tú de Borges. Eso es como extraer una cita de Vila-Matas. A saber si no lo dijo el chiflado de Maupassant.

    Saludos.

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    1. Detesto a Dostoievsky, me parece 'tóxico', Hamsum ps ps, Goncharov nada, sin leer, y Tolstoi casi siempre que no se pone evangélico; en cuanto a Chejov y Turgueniev .. ¡son diosesª!

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    2. ¿Tóxico? Hombre, depende, tipo Bubok y los novelones sí. Pero con Noches blancas te enamoras. Hamsun es Dios. Hambre es la rehostia. Estupenda en tiempos de crisis. Tolstoi el de los relatos, Resurrección y Sonata, genio. El de Guerra y Paz y Karenina un fusilador nato.

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    3. Hambre está muy bien, en efecto, y sus ensoñaciones de paseante por la naturaleza, pero qué quieres, Diable, con Hamsun me pasa lo que con Celine, no puedo olvidar al hombre, o sea, al hijoputa. Y con Dovstoyevsky no puedo, de verdad, quizás es su moralismo angustiado, pero entonces prefiero algo aún más desaforado, el Apocalipsis de Juan. De acuerdo con el Tolstoi de los relatos, aunque a mí me gustan también sus disgresiones en medio de sus novelones y no tanto el novelón en sí. No siempre vamos a coincidir, treintañero.

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  7. Bluff, la traducción de Proust que empezó Salinas y terminó Berges es excelente, en mi opinión. En ocasiones, muy pocas, se inventa 'ligeramente' cosas que Proust no dijo exactamente; no sé si corresponden a una mala comprensión del francés, o a lo que consideró que entraba en sus prerrogativas de traductor, por conservar la facilidad y la espontaneidad idiomática que le caracterizan y que quizás se hubieran resentido, en esas poquísimas ocasiones, de una fidelidad más estricta: pero hasta en esos casos -y yo no he detectado más que dos o tres, cuando me leí los dos primeros tomos en francés y me dediqué a cotejar algunos pasajes; ya no recuerdo siquiera cuáles eran- lo hace tan bien, tan proustianamente, que yo no encuentro nada serio que objetar. (Salvo, claro, su terrible leismo de Castilla la Vieja.)

    Y Proust tenía humor. Muy particular, muy suyo, pero humor. Le pasaba con el humor lo que él mismo cuenta que le pasaba a sus tías con Swann, cuando le agradecían discretamente algún favor que les hubiera hecho, con alusiones tan crípticas que nadie más que ellas las pescaban. Quedaban convencidísimas de haber sido el colmo de lo ingenioso y lo fino, cuando lo cierto es que ni Swann ni nadie se había enterado de lo que querían decir. Proust también está seguro de haber sido el colmo de lo humorístico tras algunos párrafos que no sé al de su época, pero al lector actual le dejan más bien perplejo. Pero eso no le quita ningún atractivo, al revés, resulta tierno, como la laberíntica cursilería de sus tías. Proust era, el pobre, un poco como la tía de alguien. Pero una tía que escribía de narices.

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    1. Absolutamente de acuerdo, yo no lo diría emjor.

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    2. Me alegro de que estemos de acuerdo, gangster. Me halaga coincidir con tu legendario olfato para la buena literatura...

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    3. Vos me halagáis, señor Vanbrugh

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