miércoles, 23 de enero de 2013

MAGDALENAS


¿Qué es lo que vamos buscando cuando abrimos una novela? ¿evadirnos de la realidad o, verdaderamente, conseguir dar con una realidad paralela, la nuestra, y poder ver expuesto por escrito, con todas las letras, y por alguien que nos es ajeno, justo lo que nosotros sentimos, justo lo que nosotros pensamos...?.

Va depender del tiempo ¡claro!. Como casi todo. De su acumulación y su presencia. También de su pérdida.

Buscamos casi siempre, al leer, el entretenimiento. Esto es, que lo que nos aventuramos a conocer de nuevas resulte grato a nuestro sentido y nuestra sensibilidad ¡cómo olvidarnos de Jane Austen al hablar de novelas! y luego, con los años, según él ha ido madurando nuestras vidas; y nuestro coetáneo desencanto: robusteciéndose; creo que anhelamos, igual: una confirmación de las ideas -más nosotros, los varones- una complicidad en los sentimientos -ellas sobre todo, me parece...- que nos permitan asimilar que no estamos solos en el mundo, que no somos tan raros, y saber que auténticos genios de la altura de Voltaire pensaban lo mismo que nosotros, o muy parecido, que verdaderas heroínas como las hermanas Brontë -o, lo que también vale, sus personajes- “fueron presa” (no olviden que les estoy hablando de Charlotte, de Emily y de Anne) de unos sentires análogos a los que hoy, doscientos años más tarde, nos reconcomen a nosotras, ciertas noches, cuando intentamos conciliar el sueño.
Pretendemos, en definitiva, el alivio... un alivio perfectamente legítimo, y hasta aconsejable... de ver nuestras ideas y nuestra conducta reflejadas en las correspondientes a alguien que ha gozado del beneplácito de sus coetáneos y atesora el prestigio que blinda el acceso a la posteridad. Poder cerciorarnos de que nuestras opiniones son los adecuadas y de que nuestros sentimientos no derivan, ni mucho menos, de ningún tipo de desequilibrio emocional extraño...
Todo esto... de lo que ahora les hablo... vino a exponerlo el maestro -era él mucho más de exponer que de explicar- con una sencillez, y una claridad, a las que yo, creo, he conseguido tan solo aproximarme. Acojámonos, entonces, a sus mismas palabras:
“Si leemos la obra maestra escrita por un hombre de auténtico genio, nos deleita encontrar en ella reflexiones que nosotros mismos hemos llevado a cabo y que habíamos despreciado, gozos y zozobras que habíamos reprimido, todo un mundo de sentimientos que habíamos vilipendiado y cuyo valor nos enseña de pronto el libro en el que los hemos descubierto”.
(Marcel Proust)
Por lo tanto, les felicito a ustedes caso de que sus ideas -no considero al artículo capaz de alentar sentimientos- se hayan visto corroboradas por mis palabras. Pero de no ser así... ¡no desesperen! y sigan buscando... porque seguro que por muy minoritarias que acostumbren a ser sus opiniones y sus gustos, por muy extravagante que posean el criterio, y por muy peculiar que su idiosincrasia pudiese ser catalogada, no me cabe la menor duda de que terminarán por encontrar, por ahí, en alguna parte: una novela, un personaje, incluso un narrador omniscente... cuya naturaleza sea capaz de encajar como anillo al dedo, por lo menos a veces, con sus aspiraciones y emociones, permitiéndoles unos breves instantes –tampoco demasiados, la realidad termina siempre por imponerse- de sosiego y felicidad.

7 comentarios:

  1. Yo busco refugiarme. Refugiarme de este mundo mendaz y aterrador. ¿Soy un cobarde? Sí, soy un cobarde. Lo asumo, lo acepto, lo ejercito.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Yo busco bastantes cosas, algunas contrapuestas y no siempre el entretenimietno es la pricipal, pero sobre todo y casi siempre busco momentos intensos de felicidad a través del conocimiento, porque para mí la literatura, como es claro en la ciencia, es una forma de conocer. En general, el entretenimiento como objetivo del autor, y por tanto del lector, me impacienta y me aburre, mira tú.

    ResponderEliminar
  3. Yo solo busco sorpresa. Y es una putada, no creas, porque la capacidad de sorpresa se va reduciendo y reduciendo con el tiempo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Creo que yo busco en la lectura lo mismo que en el viaje: explorar pedazos de mundo distintos del que me ha tocado vivir en directo. No tanto con el deseo de conocerlos, como el sesudo Lansky, como con el bastante más frívolo de escaparme del mío. Frívolo pero muy necesario, diría que imprescindible. Tan frívolo e imprescindible como el otro al que se ha llamado aquí "entretenimiento". En mi caso sí, siempre el entretenimiento, por medio de la evasión, es el fin principal de la lectura. (No quita para que me haya ido haciendo cada vez más exigente, de modo que no cualquier cosa me sirve para evadirme y entretenerme.) Hay otros fines, claro: aislarme, por ejemplo. Pero según voy examinándolos, compruebo que todos los que se me ocurren son subsidiarios de la evasión y el entretenimiento, y encaminados a favorecerlos e intensificarlos. Y hay también otros resultados: aprender, emocionarme... Pero son resultados secundarios, sobrevenidos, no buscados. Ocurren, o no, pero procurar que ocurran no es la causa por la que leo. Este caracter secundario no los hace a mis ojos menos valiosos, sino más: soy un forofo de los subproductos, de los encuentros no buscados. Lo que me emociona es siempre lo que ni yo ni nadie preveía que iba a hacerlo, donde más aprendo es siempre donde ni yo fui para aprender ni nadie fue para enseñarme...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Sesudo conocer? No, conocer es un vicio increible y sin fondo, lo que es quizás sesudo y desde luego salvo excepciones aburrido es que te enseñen (a posta) como a todos esos niños que les obligaban a leer el Equijote y ahora, creo, a Delibes.

      No me gusta el concepto de entretenerse ni de entretenimiento, el tiempo es breve y eso em suena a perderlo. Para mi 'estar entretenido' -única acepción que acepto- es como estar cómodo: algo sobrevenido al placer que siento haciendo algo que me interesa. eso es: leo por interés. Ydejo de hacerlo cuando lo pierdo

      Eliminar
  5. Ejemplo palmario de que hay tantos intereses distintos como lectores distintos: huir, saber, sorprenderse, entretenerse....

    De lo que compruebo que únicamente a un egocéntrico frustrado, como Julian Bluff, le gusta leer para dar con alguien capaz de dotar de un cierto crédito a sus opiniones. Aunque se trate del Capitán Garfio. Con eso se conforma, el pobre.

    ResponderEliminar
  6. Proust ha dicho todo lo que se tiene que decir sobre los seres humanos que leen y gozan.

    ResponderEliminar