viernes, 18 de enero de 2013

DISCO DANCING



Vacilantes iniciamos el rito eterno de las caricias y los besos para espantar a los fantasmas de la desolación. Bailamos frenéticamente. Luego, metimos ese trozo común de nuestras vidas en la memoria de un móvil. Incluso durante esos breves instantes de pujanza no pasamos de ser dos hileras de números.

6 comentarios:

  1. Esos fantasmas no se espantan con besos y caricias. Vamos, ni a tiros. Es preciso suicidarse.

    LOP

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    1. El que tiende a la depresión, si no cambia, va a continuar deprimido en el más allá, la ultratumba, el purgatorio... o como lo queramos llamar... un tiro no arregla el asunto, sólamente lo alivia (de momento).

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  2. Del blog de Lansky: "discoteca: sitio cerrado, vigilado en la puerta por forzudos malévolos y donde no se puede oir la música a base de hacerla sonar muy alta".
    Unas horas después, de vuelta a casa, queda un número guardado en la memoria de un móvil, los fragmentos de una conversación absurda, el ruido de las copas rotas y el recuerdo de la pelea que interrumpió el baile frenético, mientras rondan de nuevo los fantasmas de la desolación.

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    1. Los 3 mosqueteros ¡ja,ja...! Todo eso son las discotecas. Y más cosas aún. Para las y los adolescentes son la tentación y el pecado, las puertas mismas del paraíso y algo tan bonito no debería desaparecer. ;-)

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  3. para ingresar en el paraíso se bajan unas escaleras después de soslayar a unos terribles cancerberos, adentro hay diosas disponibles y contoneantes, pero también diablos...

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