sábado, 8 de diciembre de 2012

NOSTALGIA


La nostalgia... rodeada de lagos azules y colmada de manzanas de oro. La mirada que se detiene -de repente- en una silla, en una copa... Algo que olemos y nos produce frío, o calor, o pena. Un sentir que nos conduce de nuevo hasta los brazos de un amor perdido, hasta las lágrimas por un juguete roto, hasta una tarde de verano en la que los difuntos eran hombres y mujeres sanos que bailaban y bailaban y no paraban de reír.

Placer de juventud que no le teme al tiempo. Refugio de solitarios. Modosa y seductora. Intima. La nostalgia que nos hace sentirnos mejores por tratarnos como a personajes de fantasía, actores de una farsa que pudo ocurrir, y ocurrió. Que nos llena las tardes de playa, adolescencia y olas más allá de google, de planos, de informes, de windows xp.

Apoyado contra el cabecero de la cama veo desplazarse la luz alrededor mío. Es muy blanca, ciega al mirarla, no sabe que camino tomar, pero jamás le pregunta a nadie donde se halla porque a ella le gusta vagar sin un rumbo definido y acudir, rauda, a socorrer a los que la buscan. Esta tarde, el resplandor pasa de largo a mi lado, estoy arropado entre colchas y mantas y no ha llegado a identificarme con ese iluso que otras veces sí que tuvo el placer de disfrutar de su compañía. Al instante me incorporo de la cama y me tizno las mejillas, los pómulos, la frente, los párpados con las cenizas del polvo de su estela.

Plantado ante el espejo del cuarto de baño, intento averiguar quien soy. Me entran ganas de reír y de llorar. ¡Cómo cuesta no sentir próximas a la felicidad y la tristeza!. Me enjuago la cara y veo docenas y docenas de motas de carbonilla colándose apresuradas por el sumidero. Procedo a secármela y vuelvo a encarar el espejo. Es ahora el turno de la realidad, el cristal comienza a hablarme...

Unas pocas arrugas, unas cuantas canas, me aconsejan que me ponga a escuchar un buen disco, que escoja un libro aún mejor, me siente en un sillón con una taza de café con leche bien a mano y procuré no recordar nada de nada de lo que pasó.

Hay cosas de las que es mejor olvidarse en ciertos periodos de la vida. La nostalgia.

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