miércoles, 12 de diciembre de 2012

FEED THE TROLL. YES, YOU CAN



¿Cobardía detestable o, muy al contrario, la gallardía bizarra de ser capaz de asumir en público, a la vista de todos, tus propias limitaciones intelectuales?

Desentendiéndose los trolls, como acostumbran, de las entradas de los blogs en cuanto tales, las invectivas y las descalificaciones que constituyen su misma razón de existir vienen a centrarse en las opiniones de los otros comentaristas con el absurdo objetivo de pretender dejarles públicamente en evidencia.

Una distracción propia de merluzos. Y es que los trolls no son buenos ni malos; lo que son... es... tontos de remate.

Sí, bobos. Porque cualquier actitud que el agraviado adopte ante sus provocaciones habrá de suponer en último término un socavamiento de su propia autoestima.

La primera reacción de su presa, extrañada de que un tío con el que no ha tenido trato en toda su vida aparezca de la nada para tocarle los cojones, suele ser la de ponerle al pobre troll a caer de un burro incluso con la correspondiente mención a su “puta madre” (¿veén? esto debe resultar ser algo casi instintivo); lo que de ninguna manera, parafilias intelectuales al margen, va a poderse calificar como una cosa grata para nadie. Ni siquiera para un troll.

Luego, el siguiente comportamiento que se suele adoptar por el aludido -el más cómodo, sin duda- es el del silencio, hacer como si el comentario denigratorio no existiera (algo que cuando el troll ha sido detectado e identificado responde a la realidad más estricta: la gente suele pasar en moto de leer simplezas). Y aunque en semejante tesitura, estos pollabobas puedan contentarse en una primera instancia con imaginar lo cabroncetes que han sido, el permanente silencio de su víctima ante sus reiteradas provocaciones terminará, tarde o temprano, por socavar su ego.

Y por último va a caber que los afectados tengan otra tercera actitud, la más natural y espontánea, entre personas cordiales, y, también, justo es reconocerlo, la más dolorosa para el troll. La consistente en contestarle a este último con normalidad, ofreciéndole cuando la ocasión lo requiera, como a cualquier otro interlocutor en el debate, las pertinentes explicaciones sobre el objeto de su invectiva. En estos casos, al pobre troll, cuando, pasado un tiempo, entra al blog a comprobar los estragos emocionales que ha conseguido inocular con su mala baba no va a quedarle más remedio que constatar, por culpa de la respuesta recibida a sus comentarios, su irreparable mediocridad... su penosa estulticia... lo que habrá de ocasionarle -salvo que de verdad sea tan sumamente tonto del culo como no le importa aparentarlo- una dolorosa pérdida de autoestima al adquirir conciencia, precisamente a resultas de dicha réplica, de su limitada capacidad mental.

No tiene entonces otra alternativa el troll, si lo que quiere es no amargar aún más su ya bastante amargada sangre, que hacer como esos niños que tocan al timbre de una vivienda en el portero automático del portal y salen huyendo a la carrera antes de que les conteste el vecino, esto es, no va quedarle al confundido papanatas otra salida, si no quiere padecer en vano, que la de dejar su comentario en el blog y desentenderse para siempre de la reacción que este haya podido llegar a desencadenar luego. Un entretenimiento propio de chavales más bien cortos de entendederas, justo como lo del timbre.

En resumen, que los trolls son como niñas y niños, ya se lo he explicado. Infantes patosos y bobalicones. Y a los niños hay que quererlos. Y alimentarlos. A los trolls, también. Algunos es posible que en el mañana, gracias, entre otras cosas, a la paciencia y el buen hacer de sus munificentes “trolleados”, lleguen a poder convertirse en alguien de una cierta valía.

11 comentarios:

  1. Impunidad
    Anonimato
    Frustración
    Pereza
    Envidia
    Estulticia
    Impotencia
    y
    Aburrimiento=

    TROLL

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    1. T imidez
      R esentimiento
      O bcecación
      L erdismo
      L OL

      Otra posibilidad, jugando a los acrósticos.

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  2. Yo me quedo con la última frase. Paciencia y temple.

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    1. Te tienes que quedar con todo o me dislocaré como la Sontag ;-)

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  3. ¿Pero qué sería de internet sin nuestros queridos trolls, amigo? A mí personalmente me resultan extremadamente divertidos. Te voy a confesar que casi comento para leer sus reacciones. Me retrotrae a mi infancia, cuando íbamos mis hermanos y yo al zoo con los papis. Haz acopio de cacahuetes, Julian. Una diversión baratita.

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    1. ¿Entre tú y Sol existe algo medio en serio o la cosa no va más allá del simple tonteo?.

      ¿Por cierto?. ¿"Sol" es él o ella?. Simple morbosidad.

      Besines.

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    2. Ni idea. Estoy por pedirle una 'blind date' y así salimos de dudas.

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  4. Con tu nuevo look, bluff, eres elegancia pura y dura.

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    1. Chicken

      Siempre al servicio del bondage y del hard-rock. Como un pachá (de Ibiza).

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  5. Das por supuesto que les provocará emociones que afectarán su autoestima?? yo dudo que haya alguien que base su autoestima en comentarios de blogs, excepto el mismo blogger ;).

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  6. Estimado anónimo,

    Los caminos del señor son inescrutables. Y los corazones de la banda, igual. Hoy en día ya hay gente que va al psicólogo por el asunto rechazo/aceptación de facebook. Y el fenómeno irá a más. En la idiosincrasia de los seres humanos se halla implícita la percepción de frustración (y disculpas por tantos "ones") por el rechazo social, el desdén de "los otros". Y lo que en la mitad del siglo XX podía originarse a partir de la negativa a ser admitido en el casino del pueblo, en los inicios del XXI, en España, puede manifestarse en que a Mario Vaquerizo no le apetezca aceptarte como amigo en FACE. La gente somos así de gilipollas. Palabra.

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