lunes, 26 de noviembre de 2012

UN HOMBRE BUENO


Cuando se desatan las emociones los recuerdos pueden llegar a devastar el entendimiento. Queda sólo entonces un lienzo gris, como una inmensa estepa rusa, en la mente del alienado y su memoria no va a poder distinguir en el inédito la identidad del hombre que solloza.

lunes, 19 de noviembre de 2012

EN EL MAS ALLA



No atina a acertar con la llave. Tiene la puerta enfrente suyo. Cerrada. Pero no sabe que llave, entre millones, será capaz de abrirla. La última vez lo intentó con una alargada que, según le pareció escuchar decir a una voz en el vacío, en algún momento del pasado le perteneció a Uriel.

El tiempo en suspenso. Reducido a reflejos. Inocuo. ¿Cómo lo habrían computado los hombres en su ausencia?.

Ahora, él no puede reconocerse. No tiene rostro ni voz. Ni siquiera tiene historia. Su destino depende de una llave sin dueño. Y aunque sabe que esa es su única esperanza para escapar del ahogo del infinito, sospecha no tener la paciencia necesaria para poderla hallar. No tener fe.

A veces siente frío, el mismo es el frío. Otras, es la combustión de la luz. Las más, una idea que acaba de pensar, por ahí, cualquier ser cognitivo. Nadie le habla, nadie lo quiere; tampoco lo conocen. Ni siquiera los átomos consiguen relajarlo cuando entonan sus salmos.

Estudia sus perfiles, compara sus volúmenes.... pero las llaves cambian de forma a cada instante; le ponen a prueba. ¿Por qué?.

A las puertas del paraíso su problema es el viejo problema de siempre. Le pasó muchas veces cuando aún era materia: tener que comparar, elegir.... acertar. Llevaría así ¿cuánto  tiempo?. El tiempo le sigue preocupando todavía. Y eso que ahora es luz, deseos, olores, ruidos -todo ese conjunto de sensaciones intangibles a las que los hombres denominan alma- y no tiene ya necesidad de él.

Recorre el espacio como un corsario, como un hipster amoral sin brújula: en el más allá, el septentrión no existe ni, tampoco, el pecado. Vaga en pos de una llave que, a lo peor, es también inexistente. Y, aunque al pasar por la atmósfera trona, refulge... refanfarronea, se vuelve oscuridad en la vía láctea.

Su presencia es puro nomadismo. Su suerte, la de un peregrino entre los astros. Porque los dioses -que ahora denosta- tuvieron el capricho de darle una certeza por lo menos: la de saber que aunque dé con la llave redentora, no va a decidirse a utilizarla.

Los compromisos suponen una carga insoportable para un solitario.


viernes, 16 de noviembre de 2012

ESCRIBIR ES REPETIR (la lógica del nacimiento de Borges)


Las palabras no cambian, siempre son -han sido- las mismas, cambian, sí, las personas que se acercan cada vez a descifrarlas. Cambian los escribientes.

Todo está explicado ya, todo es repetición de lo que dejaron dicho otros -siglos ha- a sus contemporáneos; podremos, si acaso, rectificar el diseño de las ropas, alterar el tiempo y el lugar de la batalla decisiva o resolver que la heroína se corrompa unas páginas antes.

Pretendiendo sentirnos creadores de matices, de seres, y hasta de intimidades, vamos cambiando el nombre de las cosas, según en que momentos, con la vana ilusión de poseerlas hasta la eternidad sólo para nosotros, de hacerlas nuestras, cuando lo cierto es que todas ellas existían desde que nació el primer hombre de la tierra y existirán hasta que muera el último hombre de la tierra.

Ulises continua surcando los mares un día y otro día sin detenerse nunca, los celos del veneciano son los celos de los hombres y las pasiones de Emma las de todas las que fueron y serán. Toda intriga es hija de otra intriga más antigua; todo dios, fruto de otros dioses fulminados por el tiempo como si fuesen libélulas.

Los recuerdos, los sentires y los razonamientos forman parte rutinaria de una historia cotidiana. Las gestas de los héroes son copia de otras gestas aún mayores por ser el hombre antaño mero instrumento de los dioses, menos independientes. Los ajes del amor un calco de los sufrimientos de Perseo. Y esa melancolía de algunos viejos perdedores de Manhattan que nosotros compartimos aquí, al otro lado del Atlántico, no dista demasiado de la que en ocasiones, contadas, vino a insuflar ternura en las ideas de aquel loco visionario de La Mancha por todos conocido. Decir de un episodio -hasta el más anormal- que es nuevo, o al menos novedoso, sólo es voluntarismo, ganas de vernos sorprendidos por la vida. Hasta los sentimientos más recónditos son viejos. En serio.

¿O acaso Edipo nació el año pasado en Ponferrada?.

martes, 13 de noviembre de 2012

"CUCURUCHO" HOMENAJE A W.H. AUDEN



Es una flamante bola de helado de fresa puesta encima de un cono de barquillo, que sostiene, con cierta desgana, una niña con trenzas. La niña tiene seis años y es la primera vez que está en el circo; se portó estupendamente cuando le dieron los puntos.

El corte en la muñeca se lo hizo al caerse de una silla jugando con sus primos a reyes y princesas. Sus primos son mayores que ella, y un poco brutos, y querían que rugiera y los mordiera cada vez que decían: ¡¡simla!! (ellos, los pobres, suponían estar jugando a otra cosa).

Exclamando esa voz extravagante procura espolear la furia aletargada de sus tigres el aguerrido domador que es el dueño del circo. Los chicos lo habían visto en Navidades y no paraban de imitarlo, y ahora el hombre -casi terminado el montaje de la jaula- se preparaba para salir a escena, otro día más, y gritar: ¡¡simla!!.

Existe en Cachemira una ciudad con ese nombre en la que los ingleses del imperio buscaban, anhelantes, la hierba y el sabor de sus orígenes, huyendo, en los veranos, del sofoco y las moscas del manglar. Esos bichitos tan molestos, que, a causa de las distintas bestias que allí viven y de ese algodón dulce que les entusiasma a los golosos, abundan en los circos. Como puede apreciarse, si, con calma, se observa el aire que hay encima del cornete.

La otra tarde, el algodón que le pasaron a la niña por la herida, antes de suturársela, era de color blanco, y el otro, el de comer, es casi siempre rosa. La enfermera que la curó también se llamaba así. Y rosa, asimismo, es esa esfera húmeda que ahora ella lame sin mirar, expectante... sobrecogida por la majestuosa presencia de los felinos.

Desciende un hilillo líquido, por su brazo derecho, que es parecido al de la sangre que brotó del corte; pero esta vez es dulce y fresco; proviene del helado, que se derrite. Es el reguero pringoso de felicidad y misterio de una bola mediana de helado de fresa. Redonda. Como el mundo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

UN DIA PERRO DE OTOÑO



Me parece todo tan gris, tan plano, que ni siquiera tengo ánimos para decepcionarme. Cuando se han extinguido las esperanzas, lo siguiente en aparecer es la simpleza, la nada. Un pobre diablo, que -derrochado entre quimeras el lujo de la melancolía- trabaja, escucha, habla y escribe breves notas sobre su vida. Un tipo que duerme mal, que no se toma ya -apenas- ninguna coca cola y come cosas que no le gustan. Alguien a quien no se le ocurre a donde mirar para que las lágrimas fluyan de sus ojos y tampoco atina a encontrar la canción adecuada para poder recuperar la tristeza. Un tipo al que los recuerdos aburren soberanamente.

Las cosas son como son y cada día que pasa me voy pareciendo más y más a un liquen... y el placer lo obtengo ahora al descansar la cabeza sobre una roca humedecida, al sentir el relente del amanecer refrescándome las sienes y cuando la lluvia empapa mi rostro.

Pretendo sólo estar tranquilo. Lo sé, no es fácil. ¿Alguno de ustedes tiene idea de donde está la puerta de emergencia?.

Una alternativa ante el fracaso podría ser la del vendaje: enrollarme el cuerpo con una tela de gasa blanca que diese vueltas y más vueltas. Como las momias. Como hacen desde siempre los más acomplejados. Otra, la del verdugo, e ir cercenando un día tras otro mis ambiciones hasta llegar casi a la autoinmolación, esto es, afrontar el futuro con la concupiscencia de haberme convertido en un maula. Otra más, la de entregarme impunemente al alcohol y dejarlo a él -mucho más imaginativo- que tome las riendas del asunto. ¡A ver por donde sale la cosa!.

Pero no, todas esas opciones se me antojan la mar de antiestéticas. Dudosamente elegantes. Prefiero de momento un baño de simpleza. Aunque me cueste creer que eso me va a conducir a ver a Dios. Aunque me duela tener que acostumbrarme a no estar triste.


sábado, 3 de noviembre de 2012

SATAN, LA MIRADA DE MESSI Y EL HEAVY METAL



La hostia. Me llaman esta tarde mis sobrinos Pedro y Damián para que vaya a su casa porque quieren enseñarme una cosa muy importante. Soy el tío soltero y les molo. Y a su madre, mi hermana, de vez en cuando la llamo Chuwaka y eso ya no lo pueden resistir los cabrones, se mueren de gusto.

Marga sale a abrirme la puerta y yo le doy un estirón del pelo mientras los dos andamos saludándonos. Me dice que los críos están en su cuarto y que no sabe lo que están haciendo pero que ni se me ocurra ir a revolucionarlos.

Tienen cerrada la puerta del dormitorio. Espero cogerlos desprevenidos. Entro. Puuuúm. Una bola de gomaespuma -un bolón- acaba de atizarme enmedio de la cara. Se descojonan los dos. Les miro. Voy a empezar a hablar.

"Tito, calla... ¡estamos acojonaos!. ¡Mira!".

Pedrito, el mayor, me enseña un vinilo de música.

"De dónde habéis sacado eso" les pregunto. Si mi hermana llega a enterarse de que la han cogido el elepé de los Bee Gees, les corre a hostias por todo Gavá.

"Ahora los vuelven a vender de estos negros, como en vuestra época", interviene su hermano.

"Un jiñe. Nos lo habían dicho, pero no nos lo creíamos, pero te juro que es verdad, tito... te lo juro". Pedrito se refiere de nuevo, sin aflojar en el énfasis, al asunto ese por el que me habían pedido que fuera a verles y tanto les parece preocupar.

Reparo en lo mucho que me jode que los críos anden todo el rato llamándome tito.

 "Verás, concentrate...". El chaval pega un brinco desde encima de su cama y coloca el disco en el plato de un tocadiscos phillips: viejo, blancuzco, de plástico, que me parece recordar haber visto por casa cuando mi hermana era una adolescente.

"Como Chuwaka se cosque de que la habéis cogido el tocadiscos os la monta. Membrillos, que sois unos membrillos...".

"Lo sabe. Le hemos contado que es para seguir unos cursos de inglés. Ha sido ella misma la que nos ha dicho donde estaba guardado"

Margarita tiene que estar liada con alguien, recapacito.

El show da comienzo. Unos ruidos estridentes contribuyen a encauchar aún más el ambiente cerrado del dormitorio. Miro el poster de Messi y no distingo si Messi me está mirando a mi o a la pelota.

Interviene esta vez Damián para reclamar mi atención: "es el último de Slayer.  Pedro lo va a poner ahora a 45 revoluciones y lo va a hacer girar al revés con la mano. Lo vas a flipar. Se le escucha hablar al diablo".

"Yo creo que también puede oírsele cuando las vueltas son en sentido habitual ¿no os parece?", intento hacerme el gracioso con los chavales.

Entre un cúmulo de estridencias sumamente desagradables, Pedro nos chista: "... schsss... silencio, silencio, que ahora viene...".

Escucho:

"... que vre den por eml puto culo, femazo de faplón...".

"No he oido nada" les digo a los críos, aunque lo he oido todo.