martes, 16 de octubre de 2012

HARUKI MURAKAMI (revisited)


Julian se encuentra con Haruki

Sin saber con exactitud a quien dirigirme o que hacer. ¿Cabría asimilar dicha situación a la que se percibe cuando nos quedamos mirando desde el andén a un tren que se aleja?. La mala suerte viste toda de negro y disfruta de un buen humor envidiable, le importa un comino la enorme muchedumbre de insatisfechos que anda siempre quejándose de ella; pasa del tema. Y... no; no tiene ninguna conciencia de resultar antipática, de sembrar la frustración, de no ser ecuánime. Al revés, se ve monísima cuando se planta frente a los espejos, y al recapacitar sobre sus comportamientos -algo que suele hacer de vez en cuando- rara es la vez que encuentra algo de lo que arrepentirse. Considera que no acostumbra a errar.

La mala suerte elude, por una cuestión de estética, el amarillo, el rojo, el azul o el resto de los colores que necesitan de la luz para evidenciar su apariencia. Le gusta el negro. Ir siempre de negro y pasar desapercibida en la noche. Ser ejemplo de sobriedad durante el día: el empaque, la elegancia.

Recién acabo de prender un cigarro cuando una mujer acude hasta mi a pedirme fuego. Es joven y va toda vestida de negro, pero no es gótica ni siniestra ni nada que se le parezca. Lleva un traje de chaqueta de corte recto, medias lisas sin dibujo, con una única costura que recorre longitudinalmente el dorso de sus piernas, y zapatos de tacón de aguja rematados en punta. Al acercar el cigarrillo a la llama del bic, alcanzo a verla, gracias al escote de su camisa, las blondas del sujetador. También es negro. Y los cristales de sus gafas de sol, igual.

-"¿Qué es lo que estás leyendo?", me pregunta ella en referencia al libro de Murakami que he tenido que cerrar apresuradamente para poder darle lumbre.

-"A Murakami". Le contesto. "Al sur de la frontera, al oeste del sol", le confirmo a renglón seguido posando en la portada de la novela las yemas de los dedos de mi mano derecha.

-"¿Y está bien?" me plantea ella acerca de lo de adentro.

-"Sí, está bastante bien, es ameno. Pero Murakami resulta un poco frustrante. Te va atrapando página a página con una serie de enigmas, bastante bien traidos, cuya solución no llega a desvelar luego".

-"O sea ¿que el libro se acaba sin que tú llegues a enterarte de un montón de cosas interesantes?".

-"Justo. Eso es lo que hace Murakami. Te habla de un montón de cosas interesantes que no llega a aclarar después".

-"Sí, eso es algo que en el cine pasa a menudo. Películas buenas con un final que decepciona".

-"La verdad, los finales siempre son difíciles de resolver".

-"¿Lo estás diciendo por lo que les pasa a las parejas...?".

-"No, no. Me estoy refiriendo única y exclusivamente a como rematar bien una historia, me da igual que sea una película o una novela, pero tiene que ser una historia de ficción. A mi juicio es sumamente difícil dar con un final redondo que resuelva del todo la trama. Ya puedes verlo, casi todos los escritores terminan haciendo uso de los desenlaces abiertos" le aseguro a la mujer, firmemente convencido de mis palabras.

-"Y eso.. no está bien.. según tú..." deduce ella.

-".. es algo -dijéramos- parecido a hacer trampas". Vuelvo a mostrarme crítico con ocasión de juzgar a los novelistas que resultan incapaces ponerles fin a sus fábulas sin haberse dejado antes, abandonados por el camino, una ristra de cabos sueltos.

-"No sé ..." añade la mujer "... creo que en la realidad no hay nada que concluya siempre del todo. Gracias, adiós... ".

-"Las novelas no tienen por que reflejar la realidad" intentó justificarme antes de que se vaya.

Ella le da una calada al pitillo antes de volverse. Yo reabro el libro otra vez. Unos débiles rayos de sol pugnan por colarse en el local abriéndose paso entre las botellas de ron y los letreros animando a su consumo que hay presentes en el escaparate de la fachada. La "happy hour" da comienzo a las siete y media y termina a las ocho y media. Vale el doble ese tiempo.

Me termino la cerveza y el capítulo.

Al marcharme, veo a la mujer de negro sentada al lado de la puerta. Permance con las gafas de sol puestas. La miro a la cara y esbozo una sonrisa amistosa a modo de despedida. Ella permanece impertérrita, como si no me hubiese visto. Continua aguardando. Esperando...

¿Y si en realidad no fuese ciega? me pregunto. Y mi confusión es total.

14 comentarios:

  1. Tras la chupadita de polla a Olmos, criticamos veladamente a Murakami.

    LOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOP

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    1. Pollopera

      Lo de Olmos. Para que no se diga que jamás consumo producto nacional. Olmos, en la liga en que juega, la del aquí y el ahora, destaca. Lo trasladamos a otros ámbitos y otras épocas y chupa banquillo ¡como está manda'o!. Al margen de lo anterior, y para tu tranquilidad, paso a informarte que después de la crítique hice uso del Listerine, por si acaso ¡Ni de Olmos me fio!

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    2. Si con metáforas de fútbol andamos, mejor saber que la única entrenadora ha sido la Balcells, y mi amigo Tino Bertolo, pero en equipo pequeño y con ideas del ataque y la defensa demasiado concretas. Lara, por ejemplo, no es entrenador, sólo vende y compra jugadores; por último me temo que Murakami y Olmos son igual de buenos o malos, de ligas distintas nada, el que está en una liga distinta es Proust o más cercanamente en el tiempo Banville, no jodamos, pero lo esencial es comercial: el que Olmos -supongo- no esté traducido al japonés ( aunque conoce el país)

      Sobre metaforas de felación 'ni entro' (lástima) ni salgo'(ni ganas)

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  2. Lo bueno son siempre las preguntas, las respuestas a menudo son lo de menos. Claro que a veces hay preguntas bien gilipollas, como si existe Dios

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  3. Si atendemos al cúmulo de personajes que se han planteado esa pregunta crucial a lo largo de la historia de los dos últimos siglos, y la valía de esos personajes, observaremos como esta, a lo mejor, resulta que la misma no es tan absurda como tú la conceptúas. Un saludo.

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    1. ¡Ay, Julián! Que sea absurda desde un punto de vista lógico, porque son absurdas todas las preguntas que no puedes conseguir respuesta, no quiere decir que no sean 'lógicas' desde las necesidades que imponen las emociones, como, sin ir más lejos (que no se puede) el miedo a la muerte

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    2. Sí se puede ir más lejos... el miedo ¡al infierno!.

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  4. Muy de acuerdo contigo en eso de que Murakami no sabe acabar sus historias. Y eso que el tipo es hábil. Logra atraparte con historias aparentemente sencillas pero que tienen un punto sugerente y luego te deja con las ganas. Una pena.

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  5. Ire:

    Has hecho un comentario muy, muy, Murakami ¡ja, ja! ¿no serás, en realidad, una de esas chicas lúcidas y misteriosas que acostumbran a aparecer en sus novelas.

    El gran secreto de Murakami ¿o será de su trasductor? es poder transmitir sensaciones íntimas y complejas con un vocabulario sumamente simple. Algo que está muy bien, la verdad.

    Abrazos!

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    1. Jaja, no. Pero como piropo no está nada mal.

      Un abrazo

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  6. Ja, ja, ja... Jo, jo, jo... Abrazos, b esos y



    looooooooooooooooooooooooooooooops

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  7. MURAKAMI:

    " ¿Tienes 27 o 28 años? Es muy duro vivir a esas edades cuando todavía nada es seguro. Tienes mi comprensión."

    "La mayoría de la gente joven que consigue trabajo en grandes empresas se convierten en hombres de empresa. Yo quiero ser independiente."

    "Todo pasa. Nadie tiene algo para siempre. Así es como tenemos que vivir".

    "Me ha llevado tres años escribir un libro. No sé cuantos libros podré escribir hasta que muera. Es como una cuenta atrás. Así que cuando comienzo un libro rezo y digo: por favor, déjame vivir hasta que lo termine."

    Frases todas se supone que textuales y obviamente traducidas de una entrevista, pero, con todas las reservas para la transcripción, si el tío ha dicho siquiera aproximadamente esto es que es un absoluto gilipollas, aunque sea japonés.

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  8. Más, por si pareciesen tendeciosamente elegidas las perlas de más arriba:

    "Jamás pensé ser escritor y ahora me lee mucha gente de todo el mundo. Creo que es un milagro. Tengo que ser humilde respecto a este don."

    "Cuando escribo sobre un personaje de quince años, regreso a la época en la que yo tenía esa edad. Es como una máquina del tiempo. Puedo recordarlo todo. Sentir el viento, olfatear el aire. Muy real. Muy vívidamente. "

    Sinceramente, voy a releer a Flaubert. Nuevamente. Luego igual me meto con Platón

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  9. ¿Has leído 'Crónica del pájaro que da cuerda al mundo', Lansky? Como lectura de entremés entre Flaubert y Platón puede no estar mal. Se ve bastante claro lo que quiere decir Julián aquí.

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