martes, 9 de octubre de 2012

EJERCITO ENEMIGO. La Crítica



A la gente parece no importarle que le mientan. El libro de Olmos va de un tipo -un tal Santiago, publicista, soltero, pajero, treintañero medrado, hijo de su barrio...- que es auténtico, integro... ¡no dice mentiras! ¡Fíjense si será veraz, el tío, que no les miente ni a los lectores de un libro!.

El propio Olmos (porque en esta novela suya a Alberto le ha apetecido salir a darse un bureo por sus páginas, por las calles llenas de mierda y socavones de su antiguo barrio u otro parecido... los hay a espuertas en Madrid) no miente tampoco. Y la banda, y más... la banda juvenil, modernista, universitaria... que es la que fundamentalmente va a leerse “Ejercito Enemigo” está acostumbrada a que les metan bolas continuamente. Y a terminar metiéndolas ellos cuando se hacen más mayores. Y, claro, a fuerza de esa insana, y rentable, costumbre, toda esta gente tiende a valorar, a veces sólo porque les conviene, lo que es verdadero como falso. Y viceversa. En este libro, señoras.. señores.. chicas.. chicos, por mucha imaginación que le echen al asunto, por mucho empeño que le dediquen a la faena, no van a poder pillarle mintiendo a Olmos ni una sola vez y Santiago, su personaje, también dice siempre la verdad. Así que... átense los machos y prepárense para adentrarse, con la mente bien abierta, en el desasosegante mundo de lo inusual. ¿A lo mejor no había necesidad de expresar tanta franqueza...?. ¡Y unas narices!. Claro que había, que hay, necesidad. Pero nadie se atreve a hacerlo. Bien por Olmos.

La trama está bien urdida -al margen de algún detalle inverosimil como el de pretender que las personas solamos mandarles e-mail’s a los amigos cuando se nos mueren- y el desarrollo de la narración goza de indudable ritmo. En ningún momento va a decaer el interés de la acción ni tampoco, el autor, llega a liarse trastocando temporal o espacialmente el correlato de hechos. Me parece que hay consistencia en la forma de la exposición y un buen ensamblaje de escenas como corresponde de ley al género de intriga al que la novela podría perfectamente adscribirse. Y los pensamientos del protagonista lejos de sobrar o empachar o incomodar -Santiago se revela en todo momento como un tío coherente y perfectamente creíble, cosa distinta es que como el hombre vaya a poder caerle a cada lector en particular- son justo los que vertebran y le dan un cuerpo emocional a los sucesos que van sucediéndose página a página, atinentes -en su práctica totalidad- a su propia vida. Hay una correspondencia muy lograda entre lo que al publicista va ocurriéndole, lo que piensa (o había pensado) justo sobre eso y la forma en la que luego afronta cada evidencia. En eso, precisamente, toda la vida de Dios ha consistido escribir novelas. Y hacerlo bien, es escribir bien. Malh... ¡coño iba a decir Mal-Herido!... Olmos lo hace.

Los otros personajes con los que Santiago va tropezándose en sus peripecias vitales tienen un protagonismo infinitamente menor en el argumento de la historia y sus tipologías no están ni mucho menos tan perfiladas como la de aquél. Chicos y chicas que estudian en la universidad, o acaban de dejarla, y salen y entran y aparecen y desparacen de la trama, movidos en sus actos y en sus dichos por standards, por ideas patrón. Esto ya no sé si de verdad es así o, bien, es fruto sólo de la mente de Olmos. Confieso que no estoy al tanto de lo que piensan los universitarios de hoy en día. Incluso pueda parecer que Olmos los conoce también un poco por encima, de verlos y oirlos por ahí, en los bares, y en los cursos, y que no ha llegado realmente, más allá de algún rollete de fin de semana con alguna de ellas y algunas cañas entre semana con alguno de ellos, a intimar demasiado.

Luego está el tema de la sintaxis. Algo fundamental. Es lo que hace que otros títulos de autores españoles recientes y bien posicionados por la crítica -no me digan que no soy un capullo- que he intentado leer, los haya terminado por chapar en la página sexta después de que hayan conseguido ponerme de un humor muy chungo. Aquí, y ahora, no se sabe escribir. Y si algo está mal escrito, ya puede versar sobre el nacimiento en Mijas de un nuevo Mesias (con pruebas concluyentes) o sobre el primer polvo que echamos en su día todos y cada uno de nosotros (a la carta), no hay cristiano que se lo lea. Y "Ejercito Enemigo" a salvo de algunos errores al principio, no demasido agresivos, todo hay que decirlo, está perfectamente redactado.

Percibir el pulso de un estilo propio en los textos de un novelista español joven es casi una quimera. Pues... ya ven... Olmos es quimérico ¡quién nos iba a decir a los que le conocemos desde hace un montón de tiempo que iba a terminar por echarle la pata al Malherido!. Efectivamente, Alberto posee una voz y un estilo propio. Ecléctico. Un estilo fusión de lo nuevo y lo tradicional. Mas... un buen decir clásico por encima de todo. Sobre este asunto, y como no todo van a ser parabienes hacia la novela -podría parecer un cobista y yo soy un tipo más bien en la línea de Santiago- señalarles algo que no me ha terminado de convencer. Hace nuestro particular misántropo, a poco de empezar el libro, una especie de declaración de intenciones: "no pretendo ser uno de esos gilipollas que creen que todo lo que les pasa merece una metáfora" y sin embargo Olmos, no compartiendo esta aspiración de su personaje, tampoco tenía porque hacerlo, incurre en un ligero abuso de la metáfora. En el libro sobran metáforas. Algunas se me antojan a mí un poco forzadas, colocadas... digamos... para el lucimiento personal del artista y pelín desacompasadas con el tono vigente en esos momentos en los contornos de la narración; lo que, a mi juicio, no funciona; la metáfora para que resulte bien ha de parecer espontánea. Puede incurrirse con demasiada facilidad en la cursileria por culpa de las metáforas y su uso en ningún caso resulta imprescindible. Si bien esto, que he dado en considerar un fallo, podría haberlo asumido el autor a conciencia como un marchamo más de su estilo y terminar el truco por satisfacernos a sus lectores. Ya veremos.

En cuanto al desarrollo de la excelente trama -en la que todas y cada una de las reflexiones de Santiago se hayan matemáticamente ensambladas con la acción, lo hemos apuntado ya- quizás conviniera atendiendo a esa bondad general, resaltar solo sus flaquezas. Para mi estas dos fundamentalmente: un tanto excesivas las páginas del porno -parecen los deberes de un taller literario- sabedores como somos y Alberto de los primeros, como buen voyeur varonil que es, que los polvos descritos por medio de palabras, de tinta, de bytes... enseguida, en cuanto se alargan un poco, terminan convirtiéndose en un coñazo para quien los lee por mucho que el escribano se lo haya pasado de puta madre pormenorizándolos. Y un tanto repetitiva la fiesta del final, donde todos se desenvuelven como unos auténticos lilas al evocar la figura del tal Dani ¡joder, ni que el finado fuera Chanquete o John Lennon!.

Rematar bien una historia no es nada fácil y está, de la que les vengo hablando, cuenta con un buen final. Creíble, atípico y hasta lógico. Porque, mal que les pese a muchos, el bien siempre termina venciendo.

Aunque pudiera parecer por culpa de estos últimos comentarios que el libro flaquea, no es así. O, tal vez, todos los libros flaqueén siquiera un poco. Y este merece de verdad la pena. No he querido abordar esta crítica hasta terminar de leérmelo por segunda vez y sé perfectamente de que les estoy hablando. “Ejército Enemigo” es, con diferencia, lo mejor que ha caído en mis manos obra de un autor español en lo que llevamos de dos miles. Píllensela. Les dejo, como mínima muestra de la solvencia de la obra, estas líneas del inicio del capítulo cinco (a mi juicio su parte más brillante):

"La rabia era el tráfico confuso, la falta de semáforos, los coches detenidos a mitad del carril que hacían a los demás coches desmandar sus cláxones, acelerar amenzantes sus motores, acabar subidos a una acera o invadiendo el carril contrario para poder seguir su marcha, para poder escapar de allí"

En efecto, se trata de una novela que versa sobre la rabia y de un tipo rabioso que lo único que pretende en su vida es escapar de la rabia. De la de los demás y... de la suya. Sí, de la suya, también.

Apunten, por último, esta otra frase:

"La publicidad es un negocio que consiste en hacer pensar que la publicidad es necesaria".

Y ahora... mírenme a los ojos, directamente, no pestañén ¿no piensan ustedes que una obra que contiene verdades de este calibre cuenta con sobrados motivos para merecer la pena...? ¿o acaso... prefieren ser de esos paniaguados a los que les importa un carajo que no paren un minuto de colocarles embustes?.

23 comentarios:

  1. He venido. Para que luego no digas : )

    Saludos

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  2. Has venido gracias al caramelo "Olmos", mademoiselle (ahora que el uso de este apelativo se cuestiona en la propia Francia, yo lo utilizo mucho, porque es muy bonito y no quiero que desaparezca). Olmos, Alberto. Un cebo irresistible, por lo que parece. Y no Ire, no se puede decir que te hayas extendido demasiado en tus pareceres. Pero... bueno, tampoco voy a quejarme. Nunca es demasiado tarde para abrazar la causa de la genialidad ¡Ja, ja...! ;-)

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    1. Hombre, tanto como 'cebo irressssistible...' tampoco te pases. No puedo extenderme porque sabes que no lo he leído. Pero confío en tu criterio. Lo que yo decía : )

      Saludos

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  3. Ire,

    No he escrito irresistible tantas "eses" Ire. No vayas a ser tú la que exagere. ¡Ni que fuera una travesti!. Por otro lado ¿por qué tendría yo que saber que a día de hoy no te has leído "Ejercito Enemigo"?.

    En cuanto a lo de fiarte de mi criterio; eso, bien ¡eh!, muy bien. Mola. Necesitaba que alguien me dijese algo así. :)

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  4. Alguien que va con la verdad por delante siempre, en una novela o en la vida real, no sólo me parece inverosimil a su vez, sino un peligro público. Las mentiras retóricas sirven para hacernos soportable la vida ("te veo bien, estás más joven") y las otras para beneficiar al que las dice y perjudicar al que las oiga, así son las reglas del jeugo; vamos que prefiero releer Mme Bovary, donde la gente lógicamente miente todo el rato.

    Lo confieso: sólo he leído una novela de Olmos, Trenes hacia Tokio, y me pareció floja y hasta un poco plagio (Bah, diagmos, 'influida')de otra reciente que no voy mentar, no me dejó ganas de leer ninguna otra de él. El Olmos de Malherido a veces me hace gracia a veces me enfurece, pero le reconozco la gracia de barra de bar de los cabrones con los demás, el Olmos de Hikikomori me parece un intento más honesto, pero no llegó a cuajar su ecuanimidad de crítico. Es un tío interesante y probablemente con los olmistas que le siguen, los amiguitos que le rien las gracias no necesite enemigos, auqnue se los busca. Me cae bien, pero quizás se merezca alguna hostia

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  5. Es que tú también eres un poquitirrín polémico, coraçao. O, por lo menos, conmigo, bien que lo procuras a veces. Pero probablemente en ese rasgo de tu personalidad resida parte de tu encanto. Amén de las ganas que le pones siempre a compartir las cosas que sabes con los demás. ¡Un abrazo!

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    1. mal, fatal, estábamos hablando de Olmos, no de mí

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    2. :-) Es fácil llevarte la contraria, a menudo me obliga la mera lógica y como no me disuade tu afable talante, machote :-)(Esto de los emoticones me parece una enorme chorrada, pero ayudan, como ceder el paso en las esquinas)

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    3. Lansky,

      No suelo hablar de mi, si no es para descojonarme un poquillo. Tengo -creo- muchísimos defectos. Pero, para nada, me considero una persona ilógica. Y lo dejamos ya ¿no te parece?.

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    4. Pues yo te conozco de alguna polémica con Lansky y desde luego y sinánimod e afstidiar la lógica no es tu fuerte

      Saludos, vengo del de Lansky

      Emy

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    5. De acuerdo Emy. Así será. Por supuesto que no me fastidias. En este blog todo el mundo es libre de decir lo que de que le de la gana y a nadie pienso reprochárselo. ¿Quién soy yo para juzgar tus opiniones sobre algo tan subjetivo, tan subjetivo, como lo es la apreciación que tú mantienes sobre mis comportamientos?.

      Un saludo y gracias por pasarte.

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  6. Yo también me fío de tu criterio, bluff, tanto que me lo voy a leer. Ay, no, que ya lo he hecho!


    Yo he dicho ya tantas cosas de este libro que me he quedado sin palabras. Lo que está claro es que te ha gustado más que a mi.


    Saludos,








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    1. Me leí tu crítica ambivalente, bifronte y esquizo ¡y hasta en la parte donde pareces ocuparte de reflejar los fallos de la novela, esta termina saliendo bastante bien parada! Recuérdalo.

      Otra cosa. Como en general, desde hace como unos diez años o así, no leo casi nada contemporáneo: lo intento y me mareo. La novela de Olmos me ha resultado de una actualidad palpitante, un reflejo fidedigno de los dos miles. ¡Qué a lo mejor hay tropecientos libros que ya se han ocupado de reflejar esa cotidianeidad milenarista, pero como no me los he leído!. Un abrazo, Carlos.

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    2. A ver si va a ser por eso... Yo cuando hace un par de años retomé la lectura de españolismos varios (modernófilos, of course) también sentí cierta emoción y vibraba con algunos de ellos. Ya no. Se te va haciendo el cuerpo y empiezas a ver tanto de lo mismo por todas partes que acabas con el alma en los pies.

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    3. Pues eso es lo que hay. O ellos o... (no seas derrotista, no voy a poner "nada") o ellos o nosotros ;-)

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  7. El ejército enemigo no es literatura; es una crónica del JotDown estirada. Pero para leer "actualidad palpitante" y reflejo de los tiempos tenemos la prensa (mundial, a internet gracias).

    Con la Literatura quiero Arte, evasión, sublimación, huída de este valle de lágrimas.

    (Todos juntos ahora: "Te rogamos, óyenos")

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    1. Ya, ya... si a mi me pasa justo eso mismo. También ando buscando el Nirvanah. Es a eso a lo que me refiero, a que como acostumbro a estar en babia respecto de lo que pasa en la calle, el argumento de la novela me ha parecido bastante ilustrativo para aliviarme un poco de esa carencia. De lo del Jot Down me parece que se habla de vez en cuando justo donde la Sargento Margaret. Bienvenido a tu casa, Guillermo.

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  8. De Olmos me gusta su hueso cartuliano inferior, cuando se agacha. En el fondo tiene un efecto tan potente que la vez siguiente me voy a pensar si la cena ya es otra vez lo mismo o merezco dormir siempre.

    lo lo lo loooooooooooooop

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    1. Mi más sincera enhorabuena, por haberte hecho seguidor de este blog estratosférico. Tú sí que sabes, pollopera ;-)

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  9. No es por hacer un chiste malo, pero Alberto Olmos es un bluff.

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  10. Porque, como dicen arriba, sus novelas son flojas, cuando no malas ("El talento de los demás" es pésima), y si se habla tanto de él, aunque cada vez menos, es por las gracias supuestamente transgresoras que solía escribir en uno de sus blogs, no por la calidad de su obra.

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