sábado, 29 de septiembre de 2012

LAS MERIENDAS DE LA PUBERTAD (a Chico Buarque de Holanda)



Una vida comprimiendo en música y palabras la vaga historia de la melancolía. Una guitarra acurrucada que endulza la tristeza. Una sonrisa eterna en la boca que no olvida el dolor. Nombres de mujer, tardes de lluvia, libros, Bahía... y unos cuantos amigotes con los que poder uno reunirse de vez en cuando a beber, a charlar, a reírse, a ponerse pesado.

Enamorados, siempre enamorados: de la prima Isabel y de sus quince años, de la vecina del tercero, que, con cuarenta, le desarma al tiempo si se tercia, de esa actriz joven, tan bonita, a la que siempre se le malogran los romances y hasta de Mato, el peluquero, que cuando te atiende te cuenta entusiasmado la monta de Jorge Ricardo en el último derby, los goles legendarios de Gerson y de Zico. ¡Servido!.

Y esos faranduleros tan tristes y tan felices tratando de enamorar al tiempo -¡jactanciosos!- a base de rasgueos de guitarra; a punto de echarse a llorar entre tanta carcajada y tanta broma; capaces, en el velatorio, de contarle un chiste a la viuda del muerto. Ese tan repeinado que sabe decir como nadie a cada mujer su buenaventura, pero no acaba de adivinar sus sueños sinceros, ni tampoco termina de creerse que el logro de esos sueños asegure su dicha. Ese tan repeinado -os decía- de la camisa blanca, medio abierta, al que le gusta ponerle a sus canciones nombres propios -como los curas a los recién nacidos- me trajo a la memoria el otro día: una mesa camilla, un hule amarillento, dos bandejas de bollos de manteca... me recordó muchachos que hoy son hombres maduros, la pelusa del bozo, la tarde interminable de un otoño de pueblo sin amigos, sin ciencia, con pena, sin amor todavía.

Unas horas cansinas, macilentas, que pasaban a trancas y barrancas entre visillos y moscones. Entre naipes y toses. El alféizar oscuro, los coches ahí al lado -previsibles- sus ruedas rechinando sobre los adoquines. El sol poniéndose. El cuerpo desnudo de una tía. Crispín y Goliat. Las ecuaciones. El tiempo que no avanza. Aburrimiento.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

PRISIONEROS DEL TIEMPO



El rutinario pasar de las agujas por la esfera, dando vueltas y vueltas y más vueltas. Cercenando la probabilidad de una dimensión desconocida. Decretando, impertérritas, el instante de los gestos decisivos.

lunes, 24 de septiembre de 2012

VER LAS ESTRELLAS



Ver las estrellas. No las de dentro, no. Mirar hacia afuera. Al cielo. Y ver las estrellas. Arriba, en lo más alto, reluciendo fuerte, entremezclando sus fulgores en un turbillón de plata como si fuesen la capa remendada de un mago viejo que recorre el espacio. Todas las estrellas del cosmos.

Dejar atrás la ciudad, estas impersonales ciudades nuestras, modernas, ayunas de gracia, llenas de luces y de bloques de pisos -mortecinas y desangelados- y salir afuera de sus calles, de su delatora mediocridad. Escabullirse de todas esas ominosas toneladas de basura y frustración, y alejarse paso a paso de sus barrios, por la noche, en silencio, a la búsqueda del perfecto fulgor de las estrellas.

En el monte, bien arropado por la oscuridad, los olores del tomillo y la jara se cuelan hasta los últimos resquicios del espíritu y resucitan las palabras cabales de tus abuelos muertos, y también las de sus viejos abuelos muertos a los que tú no llegaste a conocer jamás, y arriba, muy arriba, en los confines del firmamento, mientras las cigarras taladran el silencio con su voz perpetúa y los saltos del viento recorren la piel de tu rostro, refulgen las preciosas estrellas iluminándolo todo, dándole sentido a la vida y a nuestra efímera presencia en su decurso.

Brillan las estrellas y las palabras de los antiguos filósofos, la sarmentosa voz de Cicerón, el pragmatismo razonado de Descartes, la larga marcha de Napoleón hacia la gloria eterna desde los perdidos neveros de Los Alpes irrumpen, soberbias, inmortales, en el corazón mismo de la noche. Una noche más iluminándole al mundo que habitamos. Las estrellas.

jueves, 20 de septiembre de 2012

TIEMPO DE PASO



(de El Hombre Asediado)

“... habíase dado cuenta de que los malos momentos encerraban consigo la esperanza. Y, así, cuando le preguntaban por el futuro, por su futuro, guardaba silencio, no decía nada; pese a que sabía que su tranquilidad podría depender tan solo de que alguien desapareciese definitivamente de su vida y las cosas volviesen a correr como antes, cuando había veces en las que se reconocía a si mismo como una persona razonablemente feliz. Y el pasar del tiempo, y el ver que este se abstenía de actuar y todo continuaba siendo una lástima, le hacía comprender que pudiese haber asesinos que pretendieran manipular su avance e incluso, algunos entre estos, los más desesperados los más esperanzados, no dudasen en apretar el gatillo...”.

martes, 18 de septiembre de 2012

MADELEINE Y EL SOL DEL OTOÑO


De Memorias de un libertino desencantado

"La encontré sentada en un banco junto al estanque y me pareció privada de su habitual entusiasmo. Se hallaba sola, en esos momentos no revoloteaba a su lado todo ese enjambre de amigas -inquietas mariposas y pollillas- que, embobadas por su rutilante cabellera rubia y el azul claro de sus ojos, acostumbraban a acompañarla en sus correrías por el jardín secundando sus pasos y alentando sus opiniones.

No quiso responderme cuando le pregunté que era lo que le pasaba, torció el gesto con un hosco mohín de desagrado y se entregó, de improviso, a las lágrimas.

Como me tengo -cuestión de los años y el empeño, que no de la sensibilidad- por un moderado conocedor de los sinsabores de la espiritualidad femenina, me dio por imaginarme que su pesar podría tener algo que ver con una broma que yo le había hecho antes en clase, aquella misma tarde, haciéndola notar que los errores, algunas veces, muchas veces, volvían más grande al que los cometía y que con el suyo, atribuyéndole a Holst la nacionalidad alemana, acababa de proveerse de una singular envergadura. Las otras chicas asintieron, ella no; ella se puso roja como un tomate y me aseguró que no tenía la culpa si el músico británico poseía una apellido que en tan poco ambicionaba serlo. En resumidas cuentas que en lugar de reconocerlo, ella prefirió culpabilizar al compositor recientemente fallecido de su desliz. Y claro yo no pude por menos que carcajearme y pedir su venia para continuar apellidándome Doucet y sin embargo mostrarme a veces tan poco considerado con las aplicadas jovencitas de cuya instrucción se me había hecho en parte responsable.

"¿Estás enfadada conmigo?" le pregunté. "¿Muy enfadada..."?.

"Aunque sea usted mi profesor, no le asiste el derecho a burlarse de mi".
 
"¡Qué enternecedora la solemnidad de los jóvenes!" proclamé, calculando que mi pecunio me obligaba a incurrir a veces en esa clase de pedanterías. 

"¡Si se hubiese usted tomado la molestia de saber algo más sobre mi, de enterarse de lo que sucede durante las noches en la oscuridad de nuestros dormitorios... entonces... entonces, estoy segura de que yo ya no le daría lástima!".

Ignoraba lo que Madeleine había pretendido decirme. Quise zanjar la cuestión definitivamente y proclamé, sonriente, este medido consejo apto para espíritus jóvenes. Aunque ahora frise la cuarentena yo también he sido muchacho. Un buen muchacho testarudo.

"Tus problemas no son más graves que los de la mayoría. Son tuyos y por eso los magnificas. Réstate importancia y los restarás importancia".

Madeleine elevó con parsimonia su mirada sobre mis hombros y la posó, casi sin llegar a parpadear, sobre la crueldad y la dulzura del sol de la tarde. En ese mismo instante supe que ya no estaba enamorada de mi".



sábado, 15 de septiembre de 2012

CAGLIOSTRO IN SILICON VALLEY



Lo que veo, lo que siento, cuando soy feliz sé que son.... espejismos. Artificios de conmiseración que abandono a merced de la rutina, a los que el bullicio disgrega sin que a nadie le preocupe en absoluto su suerte.

Un espía, un esclavo, un prisionero esperando la caída de una estrella de silicio que viene a rescatarlo y que, sólo para iluminar a unos cuantos bobos como él, lleva siglos y siglos atravesando el infinito, épocas enteras renovando su luz con los fuegos de San Telmo de los huesos de los santos y atemperando sus ímpetus con la tibieza de los corazones rotos que los brujos les van extirpando a las aves.

Sé que lo que veo, lo que siento cuando soy feliz es sólo un truco; sé que es como una de esas cajas brillantes, con una chica dentro, que traspasan los sables. Como una de esas otras cajas que se sierran, con una chica dentro. Nunca brota la sangre, el pánico no cunde tampoco, y la chica siempre sonríe cuando el número termina. Pero dentro de la caja ella ha pensado -lo hace a menudo- que todo aquello no estaba bien, que carecía de sentido, que era estúpido mostrarles a los niños como la torturaban, que tener por costumbre vivir, morir y resucitar dentro de una caja de colores era una completa vergüenza.

En cada función, todos esos pensamientos suyos, volatilizados, se abren paso entre los espectadores, penetran en los vestidos que llevan puestos y hasta en alguna que otra boca abierta... y, sin embargo, la gente no llora, jamás se indigna; no percibe nada de eso -tan humano- que mortifica a la muchacha. Aplauden, eso sí, impresionados, cada vez que ella sale sonriente, indemne, arcangélica, del sarcófago púrpura. Y es habitual que alguno comente con entusiasmo que tiene un tipo muy bonito. Eso sí.

Trucos. Sólo trucos. Valen sólo los trucos. Componendas inmemoriales provistas del supremo don de atribuir a los dioses la razón y la magnanimidad. Cachivaches que poseen la gracia de salvarnos.

viernes, 14 de septiembre de 2012

BIOY



Quijote y Sancho. Batman y Robin. Sherlock Holmes y Dr. Watson. Borges y Bioy Casares.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

APUESTAS


"Envido a la mayor" le dijo el ángel a la gaviota. Y la gaviota miró sus cartas y salió volando.

El ángel no pudo seguirla. La partida quedó sin concluir.


martes, 11 de septiembre de 2012

DESPUES DE LA MEDIANOCHE



"Los besos se parecen, los gestos apenas son distintos, es el tiempo el que se ocupa de dotarlos de un sentido propio, de una singularidad... de convertirlos en una verdadera historia cuyo recuerdo, sin embargo, va a terminar volviéndose muchas veces irrecuperable".

Además de a mi mismo, como vengo obligado, cito aquí también al padre de mi admirado J.L. Borges, J.G. Borges, quién en su día nos dijo que: "nuestros recuerdos son siempre los de la última vez que los contamos". 

viernes, 7 de septiembre de 2012

SIN TIEMPO



El tiempo es ajeno a las costumbres, es ajeno a la edad, ajeno al tiempo. Lo imaginaron los dioses al nacer para poder nacer los mismos dioses, y no morirá nunca. Sólo el tiempo de entre todas las cosas, el instante, va a vivir infinita, perpetua, eternamente.