viernes, 6 de julio de 2012


Sobrevivir

“La esfera de cristales gira como el mundo. No, mejor como la vida, y a veces va rápido y a veces avanza más lentamente. O eso parece.

Yo, ahora, tengo diecinueve años y la vida prospera con lentitud: todavía tengo tiempo para aburrirme, como cuando era un crío, y tiempo para el pecado, porque aún vivo con mis padres y a veces les contesto de malas formas y porque continuamente estoy pensando en mujeres sin ropa. Mientras... la esfera rota en lo alto, al son de la música disco.

Tengo la camisa empapada de sudor y la garganta empapada de alcohol. La ginebra la pido siempre de una marca llamada Giró -no demasiado conocida- para que no me la pongan de garrafa. Bebo apoyado en la barra, mirándoles a las chicas que bailan. Mirando, sobre todo, a una chica rubia, nórdica, que está sentada en una mesa frente a mí, a la que constantemente un mechón de pelo rubio le cae sobre los ojos. La chica se besa de vez en cuando con un tío de unos veintitantos años que de vez en cuando aparece por su mesa para besarla. Lo conozco: es un electricista que el verano pasado estuvo en el apartamento intentando ajustar no sé que cables de la antena. No lo consiguió, la tele se ve este año igual de mal. Parece que al tipo se le de mejor ligar con las chicas; o besarse con ellas, por lo menos.

Con mis trazas lastimosas de inofensivo universitario al que apenas le crece la barba, no puedo dejar de mirar a la chica rubia. Se me acerca el electricista y me propone: “se llama Inge ¿quieres qué te la presente?”. Le pego un buen trago al cubata y le contesto que bueno.

Inge y yo nos damos la mano y ella se levanta y sale a bailar a la pista.

No sé que hacer: ella se ha marchado, el antenista está ahora en la barra bromeando con uno de los camareros y la amiga gorda de Inge desvía su mirada hacia la bola de cristalitos cada vez que le miro a las tetas. Me levanto yo, también, y acudo a la pista. Inge da vueltas y vueltas, sin parar, rodeada de maromos.

Comienza a sonar “I will survive” y a mi me parece que no voy a poder aguantar mucho más tiempo allí dentro con el calor que hace. Miro hacia arriba, hacia la esfera que gira al compas de las horas, o de la vida, y resuelvo que ha llegado el momento de tirarle los tejos a la gorda. No me queda otra. Sobrevivir”.

4 comentarios:

  1. ¡Qué grande el Blue Brother de la derecha en la foto!

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    1. Ya te gustaría a tí haber salido algún día de copas con esos tres ¡eh, capullín!

      ¡Vaya tres patas pa' un banco, que diría un catizo!.

      Y ahí tienes al Richards, toda la vida metiéndose de todo, y sigue en candelero, el tío, más bonico que un San Keith.

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    2. Los pajaritos suelen ser amarillos. Y los nidos, extraterrestres. Han venido unos pajaritos de Marte y han pintado una serpiente de mar.

      Salir de copas es un bluff.

      LOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOP

      Saluditos.

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  2. Salir de copas con Gracq es un loooooooooooooop

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