domingo, 15 de julio de 2012


LIBIDO De Memorias de un libertino desencantado


"Otro profesor les dijo en clase la otra tarde que no debían confundir al diablo concupiscente de la líbido con la santidad angelical del verdadero amor y aunque a mí no me resulte grato enmendarle la plana a los colegas -ni aún al propio Michelet con el que tan comúnmente discrepo en algunas de las cuestiones más trascendentes de la vida y tanto disfruto hablando de setas y toda clase frutos salvajes que abundan por estos contornos- me vi obligado a hacerlo ante una inocente pregunta que me formuló la señorita Viguier, una de nuestras alumnas. Esta:

"Entonces... permitirle a un muchacho que te bese en los labios ¿es pecado?".

Miré a los ojos a la señorita Viguier, sin excederme, los tenía muy bellos, y articulé esta sencilla respuesta:

"No lo creo, señorita Viguier; el amor necesita inexcusablemente de la líbido para prosperar... para dignificarse y adquirir, de esa forma, carta de naturaleza, de manera tal que esos besos robados y luego gozosamente consentidos, a los que usted parece estar aludiendo, van a constituir la misma esencia del amor, su verdadera razón de existir. Y también ¡fíjense bien! -y ahora me dirigí ya a todas las presentes- la razón de existir de todos nosostros, los hombres y las mujeres que habitamos este mundo".

Cecile Blanc no tuvo reparo en objetarme:

"Yo creo, profesor, que hay otras razones para vivir mucho más importantes que el amor".

Cecile era una muchacha seria y bonita cuya familia residía en Grenoble.

Me brindó, con su pregunta, la oportunidad de aclararles a ella y a las demás, cabiéndome de este modo disipar cualquier clase de equívocos, mis anteriores palabras:

"Claro, señorita Blanc, claro... no me estaba refiriendo propiamente a eso que dice sino a esto otro: como todas ustedes pueden suponer, si ahora nosotros, todos nosotros, nos encontramos aquí, en este aula, vivos, y hablando distendidamente del amor, es porque nuestro padre y nuestra madre le hicieron el uno al otro, en un determinado momento de sus vidas, completa entrega de su cuerpo".

Cuando concluí mi acotación, algunas de las jovencitas, azoradas, estallaron en una carcajada nerviosa. Ingenua y breve".


1 comentario:

  1. Buenaaas. Estoy trabajando con mi efectivo en una superficie que mantiene una misma zona marcada y un ciudadano como yo empleado de segunda. El viento y las altas temperaturas amainan y vuelve a apretar. No me queda otro remedio que decir que no me agradan los curas.

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