viernes, 1 de junio de 2012



Por el camino de la vida

Todo eso que nos va sucediendo tras llegar a la edad madura: los achaques, la pérdida de líbido, las digestiones pesadas, la indignación ante lo disparatado de las opiniones ajenas… constituyen pequeñas coartadas que la vida nos va brindando poco a poco para que cuando nos veamos obligados a abandonarla seamos capaces de hacerlo sin excesivos dramatismos.

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Yo, sin embargo, estando como estoy más cerca de la situación que describes, disiento totalmente, y desde siempre, porque he comprobado cómo los viejos se aferran a la vida por decrépitos que estén y salvo situaciones extremas que exijan ya practicamente la eutanasia. Es decir, tu conclusión es falsa y parte además de una premisa falsa, la real es, en cambio, bastante más sugerente: por jodida que sea esta puta vida, por regla general, por norma estadística si prefieres, el personal se aferra a esta vida; instinto de supervivencia a veces lo llaman, pero es mucho más que eso, es...arraigo, arraigo tozudo y brutal a este mundo. Si no, mirando a mi alrededor, tanta vida gris y mediocre, no entiendo porque no hay suicidios en masa.

      Oye, ¿quién es el jovenzuelo que juega al ajedrez con don Bertrand? (y siguiendo con lo mismo, ¿de verdad crees que uno se aferra más a la vida que el otro simplemente porque funcionan mejor sus funciones vitales?)

      Una brazo, Julián, que no cambies nunca

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  2. Venga

    A Vicente, que esto no es facebook, mariconazo. No me extraña que pretendas ser un pedazo de escritor prodigándote tan poco en blogs ajenos. Por lo menos, en este.

    A Lansky, posiblemente la exégesis del post derive de una coyuntura personal -como por otra parte suele ocurrir con todas las declaraciones de principios, hasta las más eximias- y en realidad las cosas sucedan justo como tu las expones. Pero prefiero creer que no.

    A los dos un fuerte abrazo. ¡Y a disfrutar del fin de semana!.

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