sábado, 2 de junio de 2012


De Los Sueños de Thomas Kuntz

"Thomas confiaba cada noche, al acostarse, que, con el despertar del día siguiente, pudiera rememorar alguno de sus sueños y estos hubieran sido lo bastante magníficos para prestarle hermosas ideas que, debido a su interés, fueren merecedoras de ser reveladas por su pluma. Había habido veces en las que incluso las palabras de los personajes que aparecían en sus ensoñaciones le habían sido susurradas por los posos de recuerdos que permanecían, aún, en la memoria de su subconsciente. Incluso, de manera excepcional, en esporádicas ocasiones había podido entrever, al despertarse, detallados parajes de campos y ciudades que no recordaba haber visitado jamás.

Luego, él, trataba de consignar todo aquello en sus relatos sin confesarle a nadie que con ello estaba rindiéndole frutos a la imaginación de un espíritu. Llevaba a cabo su tarea: entregado, cabal, envanecido por ser un favorito de las musas.

Todo aquello fue proporcionándole a nuestro hombre emoción, placer y desidia, a partes iguales, hasta la noche aciaga en la que de repente irrumpió en uno de estos sueños, la mujer que tiempos ha, en sus años moceriles de mayor pujanza, había tenido por su verdadero amor. A partir de entonces todo resultó ser completamente distinto.

La joven se lo apareció de noche.. en la playa.. a la luz de unas antorchas, su cuerpo completamente desnudo acariciado por una bata de gasa blanca, muy fina, que aleteaba a causa de la brisa. Con las hebras de sus cabellos revueltas, y una triste sonrisa de resignación que la envejecía el rostro, se acercó hasta Thomas y tomándolo de la barbilla, le dijo:

“¡Qué lástima que tuvieras que morir tan joven, querido mío; yo también te amaba…”.

1 comentario:

  1. No es casual que ni Pinocho pueda bailar en la noche aciaga de nuestros barrios enardecidos por el fuste tonto de la nostalgia.

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