viernes, 4 de mayo de 2012



SABER VENDERSE

Comentaba yo el otro día en Chez-Malherido a propósito de la vanidad y la avidez de autobombo que desde algunos de los blogs que frecuento se les achaca a esta nueva hornada de escritores locales a la que en los últimos tiempos los medios de comunicación especializados están tratando de poner en solfa, comentaba yo el otro día, voy, me repito y sigo, algo así como esto:

"Al que va dar el timo del tocomocho no le quedan más güevos que asegurarle a su potencial víctima, que le ha tocado el gordo de la loteria".

En el viejo Far-West para subsistir como vendedor de pócimas contra la viruela y elixires anti envejecimiento había que estar dotado de buena labia e idéntica capacidad de convicción, más de nada los hubieran valido a los “filantropos” una y otra de estas cualidades, sin antes asegurar, prometer y hasta jurar, ante su variopinto auditorio, la absoluta eficacia de sus mejunjes.

En otros ámbitos más provechosos y excitantes que el de la locuacidad documentada o las estrategias del libre comercio, parece cosa certera que el auto elogio (el emocional, sobre unas hipotéticas intenciones, e incluso el físico, sobre unos rasgos que son evidentes y palmarios) rinde asimismo sustanciosos réditos. Y en estos instantes estoy aludiendo, como seguro se habrán imaginado, a las lides de la seducción carnal.

Es así como ha venido funcionando el asunto desde la mismísima Odisea. Ulises, The Boss.

Un funcionamiento cuestionable que, en los últimos tiempos, se ha impuesto de manera taxativa, apabullante, merced al enorme flujo de información que posibilita INTERNET. Toda una serie de escenarios e instrumentos cuya finalidad última no es otra, al fin y a la postre, que la de que cada persona pueda hacer exhibición pública, ante cualquiera otra, de sus atributos (¡hasta los más íntimos!) y sus habilidades (por estafalarias que estas pudieran ser conceptuadas). La vanidad más desbordante al alcance del dedo. Click, click. ¿O qué otra cosa, si no, es este mismo blog?. E, incluso, todos los demás blogs autoreferenciales.

Y los angelitos –todas esas chicas y chicos jóvenes que velan sus primeras armas en el proceloso (rechinan las cadenas del puente levadizo) mundo de la literatura- no hacen sino lo que les corresponde hacer en buena lógica: darse a conocer a los demás y ponerse estupendos. Y es aquí, sólo en esta pretensión última, donde tal vez, si nos mostrásemos muy puntillosos, deberían surgir las reticencias ¿Son de verdad algo chachi todos estos escritores jóvenes?.

Como es a los demás es a los que nos va a corresponder juzgarlo ¿qué mal hay entonces en que entre ellos se jaleén los unos a los otros, alentándose? Esto mismo, con los medios y la repercusión concernientes al caso, ha sucedido ya con todas las generaciones anteriores. Amén, claro, de que toda alharaca entrañe en si misma un serio riesgo; que mayor pie puede dar para los carcajeos del que sopese su mesura -o para la sonrisa, no nos pongamos rudos- que motivos para desbocar los entusiasmos.

Pues ya ven, hasta en esto les encuentro disculpa o coartada o franqueza -o como lo quieran decir- a todos estos literatos de nuevo cuño. Desde su perspectiva, a partir de las fuentes literarias... culturales, en general... de las que han bebido, a partir del nivel de autoexigencia y valoración del esfuerzo imperantes en el tiempo y el lugar en los que se ha desarrollado su adolescencia, y viene cuajando su juventud, a mi me resulta verdaderamente coherente, y he estado a punto de decir entrañable, que, las tías y los tíos, puedan creerse, sin llegar a temblarles una sola neurona del cerebro, que se lo hacen de puta madre.

Son los hijos de “Gran Hermano” y “Operación Triunfo” y, aunque sean escritores, saben que, hoy en día, casi más importante que el tono y la sustancia de las historias que inventen es la repercusión mediatica de la imagen que cultiven. Si desean labrarse una cierta reputación como literatos, no les queda otra que tratar de aprovechar las oportunidades que les brinda esta época en la que les ha tocado vivir. Aquella, de entre todas, en las que nuestra sociedad occidental ha adolecido de una mayor falta de criterio. Sí señores, vivimos, viven ustedes, la época de la falta de criterio.

No nos quedaría sino añadir, para rematar con puntería este breve cuento: ¡chapeau mister McLuhan!.

5 comentarios:

  1. Disculpas al amigo "Sierra", cuyo comentario incluso llegué a contestar antes de se me borrase el post como consecuencia de intentar que el interlineado de todos los párrafos sea el mismo. Misión imposible; por otra parte.

    Un abrazo!.

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  2. Coño, bluff, pero si tienes blog. Ya me parecía raro. No tenía ni puta hasta ahora. Pues nada, fichado.

    "Down to the palsied age", como diría el maestro Wordsworth, podría ser el lema perfecto de esta generación de mierda a la que pertenezco por suerte o por desgracia. Pero confío en que algo saldrá, seguro. Yo soy un poco místico, sabes. Creo en el destino y esas cosas raras. Me niego a pensar que no haya una panda de hijoputas por ahí sueltos escribiendo salvajadas. Tiempo al tiempo.

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  3. Jajaja, no hay problema. Me llegó la respuesta por subscripción.

    Está claro que el autobombo ha existido siempre, pero comentaba el caso de Shaw porque nadie nunca lo ha golpeado con tanta fuerza. Por usar una frase que oí alguna vez: habría hecho un tambor con la piel de su propia madre para hacer retumbar su auto-loa. En el prólogo de su César y Cleopatra —que no es, concedámoslo, una mala obra— llega tan lejos como para declarar que su obrita trapea el suelo con el Marco Antonio y Cleopatra de Shakespeare. Nunca he visto a nadie declarar con tanta seguridad su propia condición de "mejor escritor de todas las épocas", lo que es curioso de leer en un autor que hoy en día no lee ya casi nadie fuera de ol' mother England. En ese sentido, el autobombo de nuestro buen Malherido es de una candidez conmovedora.

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  4. Amigo Sierra

    Mire, entre "usted" y yo, ahora que no nos oye nadie -sí, es una lástima pero no entra demasiada gente al blog- lo que ocurre con Mal-Herido (ya sabes que publica novelas) es que se siente el tuerto en el país de los ciegos y como ve (ya he dicho que, por lo menos, uno ojo, sí que tiene) que nadie se lo reconoce, su frustración le lleva a proclamarse un poco mejor de lo que en realidad es. No se si tiene el talento (la imaginación, mejor) para llegar a escribir una buena novela; pero el estilo, estoy convencido, terminará por pulirlo y llegar escribir bastante bien.

    ¿Qué tal por allá?. A mi Gamboa no me gusta. Me gustó "El idiota de la familia" y "Cuando éramos inmortales", pero ¿ves?, los autores de estas dos ya son dos vejestorios. La pena es que sus regresos de la feria son infinitamente más divertidos y están mil veces mejor escritos que los recorridos de sus nietos de camino a la feria.

    Un abrazo y gracias por comentar. Esto le supone un estímulo, siempre, al autor del blog.

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    1. Ah, el problema es que al amigo no he podido leerlo porque al parecer sus libros no llegan a Chile —cosa curiosa, porque llegan Anagrama, Lengua de Trapo y Alfaguara (que creo que es la de Ejército Enemigo)—. Siempre he querido leer El talento de los demás, o cómosellame, pero tampoco me da como para encargarla por internet.

      De todos modos, concuerdo con esa impresión porque me calza con mi diagnóstico de su carácter. Pero debo decir que no me molesta: de cada cinco chorradas que dice, dos son profundamente verdaderas y demuestran que conoce la esencia del arte mejor que todos los charlatanes que llenan las páginas de los dominicales. Y conocer la literatura no es haber leído todos los libros que comenta (francamente, no sería capaz de nombrar uno de los que ha comentado en el último mes), sino conocer la esencia del asunto. En mi ideología, eso le da permiso para sentirse un poco superior. Comparativamente, lo es.

      Y si este blog no lo lee nadie, también será que no le da lo suficiente al autobombo. En mi experiencia —alguna vez también llevé un blog ignorado—, los blogs con grandes listas de lectores son los que se hacen más publicidad, tienen autores más prolíficos en el arte sicofántico de repartir alabanzas en la blogósfera y tienen, finalmente, listas interminables de amigüis enlazados a la derecha. Lo que nos llevaría, supongo, a pensar en la relación entre la calidad del contenido y los lectores, que suele ser inversamente proporcional. Yo, en cualquier caso, me estoy aficionando a estas páginas.

      De la novelística nacional tengo una pobre opinión. Pero no sé si vale: tengo una pobre opinión casi de todo.

      ¡Buenas noches!

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