domingo, 20 de mayo de 2012


De Peep Show (VI)

(...) el sitio a una de las rusas.

Estaba en la barra y llevaba colocadas aún las dichosas antenitas. Los demás, no. Tenía que ser el novio. Avance hasta él con la bata de seda cruzada y el cinturón atado -y en su sitio- y plantándome delante, bien pegada a su cuerpo, le dije con todo el descaro del que fui capaz -las piernas estaban temblándome un poquito- que si le interesaba yo podía ser justo el regalo que mejor le podría venir en una noche como esa. Me sonrió. Le pregunté si era el novio y volvió a sonreírme. Los amigos empezaron a animarle para que se viniese conmigo. Como todos llevaban puestas unas gafas de sol idénticas resultaban ser bastante parecidos entre si. Mi chico no, el era completamente distinto de los demás: rubio, alto, la barba cerrada, guapísimo. Lo cogí de la mano y comencé a hacerle cosquillas enmedio de la palma con las uñas. La piel nos sudaba a los dos. Se me quedó mirando fijamente, por fin. Me acerqué hasta su oído y le dije que si no quería no haría falta que lo hiciésemos del todo, que me limitaría a masturbarle como él me dijese. Se dio cuenta de que mi mirada rezumaba ternura. Tuvo que hacerlo. Asintió con la cabeza sin decir nada, sonriéndome de nuevo, y dejó el vaso que se estaba tomando posado a medio beber encima de la barra. (...)




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